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Comparativa: Lexus GS 250 y Jaguar XF 2.0 i4, acceso al lujo

De exclusivas berlinas va la cosa, pero no con típicas motorizaciones Diesel, sino versiones de gasolina de acceso. 4 cilindros turbo o V6 atmosférico, ¿tú con cuál te quedas?
Pablo Mallo.

Twitter: @p__mallo

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Comparativa: Lexus GS 250 y Jaguar XF 2.0 i4, acceso al lujo
Comparativa: Lexus GS 250 y Jaguar XF 2.0 i4, acceso al lujo

En un segmento copado prácticamente en su totalidad por modelos alemanes se agradece que haya alternativas, y más si son tan convincentes como los dos automóviles de esta comparativa. El Jaguar XF lleva demostrando su validez desde que salió al mercado y siempre ha sido un coche apetecible. Ahora recibe una nueva mecánica de gasolina con la que no va nada mal, de 4 cilindros sobrealimentada por turbocompresor, con 2 litros y 240 CV (237,5, según nuestro banco), asociada al ya conocido cambio automático de 8 relaciones. Con ella se pretende ofrecer algo más que un escalón de acceso a la gama, ya que cuenta con 40 CV adicionales respecto a la motorización inmediatamente inferior, el 2.2 Diesel de 200 CV. En el caso del Lexus, estamos ante el escalón básico de la gama GS, un modelo cuya potente variante híbrida 450h (345 CV) nos causó muy grata impresión. En este caso, sin embargo, se trata de un coche bastante más convencional, animado por un suave y refinado V6 de 2,5 litros que va asociado a un cambio automático de 6 velocidades. Con 209 CV, no obstante, es mucho menos contundente que el Jaguar, aunque mueve el conjunto con suficiente soltura.

 Lexus GS 250 y Jaguar XF 2.0 i4

Tanto en el Jaguar como en el Lexus el amplio equipamiento de serie es responsable de un precio de partida considerablemente superior al de sus rivales germanos, en los que es casi obligatorio recurrir a una interminable lista de elementos opcionales para completar la austera dotación de base. Esto, sumado a que estamos ante dos marcas que no verás tanto por la calle, da un toque de exclusividad al GS y al XF.

 

El acabado F Sport del Lexus le aporta una agresiva estética que nos hace pensar en el próximo GS F —rival natural del BMW M5, del Mercedes Clase E AMG o del Jaguar XFR—, y que además implica una completísima dotación en la que no faltan detalles deportivos: pedales de aluminio, llantas de 19 pulgadas con neumáticos traseros más anchos que los delanteros, suspensión pilotada y asientos específicos con todo tipo de reglajes. Cuenta incluso con un modulador del sonido del motor que amplifica ciertas frecuencias del sistema de admisión para hacerlo más estimulante a medio y alto régimen. El resultado es un sonido muy atractivo que varía según el ángulo del pedal del acelerador y el régimen de giro del V6, pero que no se corresponde con su relativamente discreto empuje, ni con el carácter lujoso del coche. Pero ahí está, diseñado por el mismo equipo de "músicos" que ha afinado el V10 del superdepotivo LFA.

 Lexus GS 250 y Jaguar XF 2.0 i4

Su punto débil es sin duda el cambio automático de 6 relaciones, más que correcto pero ya superado. Es rápido en las transiciones, que son siempre suaves salvo en reducciones manuales a 3ª cuando no estás acelerando ni frenando. No es posible cambiar dos marchas de golpe, pero sí permite que la aguja del cuentavueltas llegue hasta la zona roja al solicitar velocidades inferiores. En cuanto a la gestión automática, al ser bastante acusado el salto entre relaciones, algunas veces el propulsor cae demasiado de vueltas al pasar a una marcha superior, lo que obliga en no pocas ocasiones a reducir de nuevo para aprovechar la brillante zona alta, sobre todo si está activado el modo Sport.

 

Nada que ver con el Jaguar, cuyo probado cambio de 8 marchas se adapta a todo tipo de uso sin problemas, al igual que su motor turbo. Su ralentí no es tan regular como el del Lexus que, pasado un arranque en frío algo forzado para calentar el catalizador, da la impresión de estar apagado —se podría confundir con el silencioso climatizador—, pero tampoco anda corto de refinamiento. No llega al nivel de los XF de seis cilindros ni del GS 250, pero su fuerza y nivel de prestaciones pueden compensar. La única pega es que al levantar el pie derecho la deceleración no es completamente inmediata, algo que nos hace sentirlo menos directo.

 Lexus GS 250 y Jaguar XF 2.0 i4

También las suaves suspensiones y la ausencia de información por parte de la dirección dan una personalidad más aburguesada al bastidor del Jaguar, menos preciso y sujeto que el del Lexus aunque muy equilibrado. En cualquier caso, son más satisfatorios como automóviles para viajar sosegadamente que como berlinas deportivas.

 

En materia de confort los dos tienen mucho que ofrecer, y más que por el filtrado de baches e irregularidades, que es excelente en ambos, podemos encontrar diferencias en pequeños matices de vida a bordo. El Lexus cuida cada detalle de forma obsesiva, desde el silencioso mecanismo eléctrico que pliega los retrovisores, hasta el tacto de todos los botones, pasando por el funcionamiento de las ventanillas, que antes de llegar al final del recorrido deceleran para hacerlo con total suavidad. De igual modo, se activa el freno de mano eléctrico al insertar la posición P del cambio y, por la noche, se ilumina el habitáculo cuando detecta que nos aproximamos al coche con la llave en el bolsillo. Pueden parecer nimiedades, pero en eso consiste muchas veces el lujo. Resulta, además, algo más amplio y con mejor acceso a las plazas posteriores, ya que la línea del techo en la parte trasera es menos descendente que la del Jaguar y deja mayor altura libre. Y no es que el XF descuide a sus pasajeros, pero se nota su mayor veteranía en aspectos como la pantalla táctil, más pequeña y apenas visible cuando hay mucha luz ambiente o le da el sol, o en los limpiaparabrisas, que en lugar de ir totalmente enrasados y ocultos por el capó, quedan a la vista. Salvo que las prestaciones sean prioritarias, la elección entre uno u otro es una tarea nada fácil.