Alfa 147 2.0 Selespeed

Ya con los 156 y 166, Alfa Romeo había mostrado una tremenda potencialidad a la hora de crear nuevos productos. Pero con la llegada del 147 se puede asegurar que la marca italiana ha culminado su proceso de regeneración, al ofrecer un producto que puede compararse sin complejos con los mejores del mercado. Cuando la versión de 150 CV se equipa con el cambio Selespeed se nos ofrecen, además, algunas peculiaridades de conducción extraídas de la Fórmula 1.

Alfa 147 2.0 Selespeed
Alfa 147 2.0 Selespeed

Algunas veces, la simple observación de la estética de un coche puede llevar a deducir su comportamiento, su conducta, incluso, su oferta. De hecho, los grandes diseñadores buscan ese etéreo hilo informativo en cada curva de la carrocería, en cada rasgo, incluso, en el propio color. El Alfa 147 consigue, en su estampa, ese objetivo con rara claridad. Su cara demuestra una personalidad indudable, como un dedo indicativo de su procedencia.Nadie que se enfrente a este 147 podrá dudar de su procedencia, con esa gran parrilla que anuncia su árbol genealógico. El volumen del habitáculo queda empequeñecido ante un morro que ensalza el apartado mecánico. Incluso las prominentes aletas proporcionan un efecto de fuerza y robustez que no puede pasar inadvertido. Con este somero análisis de las formas, casi sin querer, hemos trazado las líneas maestras del nuevo modelo. Nadie que espere una excepcional habitabilidad o practicidad podrá sentirse plenamente satisfecho con el 147. Tampoco la economía parece emanar de un complejo y riguroso diseño, a poco que nos detengamos en su observación. Sin embargo, aquellos que aprecien la personalidad, la mecánica y la buena factura en la realización tendrán una adecuada satisfacción. Con respecto a la primera, y ya entrando en detalles prácticos, esa abundancia de metal en detrimento del cristal, junto a una visual tendencia decreciente en la altura de la zaga no se traduce en un habitáculo restringido. Tampoco es que sea el más grande del segmento, pero cuatro adultos de buena talla caben sin apreturas. Los asientos son generosos en cuanto a tamaño y acertados en lo referente al diseño. Con la tapicería de piel que montaba la unidad de pruebas, la sujeción del cuerpo en las curvas no era su virtud más destacada, pero sí la comodidad tras una larga estancia en ellos. El salpicadero es otra obra de buen gusto y aprecio por los materiales de calidad y la correcta distribución de mandos. El tacto de todos ellos denota un esfuerzo significativo en ese apartado, algunas veces poco estudiado, para agregar ese punto cualitativo que puede separarlo de la mayoría de modelos del segmento. La posición de conducción es, por vez primera en muchos años en esta marca, ideal. Nada, ni el más mínimo detalle puede reprocharse y, aún es más, se puede jugar con diferentes posturas, según gustos, pero en las que nunca se sentirá la más mínima incomodidad. Sólo un detalle, la configuración del tablero de instrumentos genera multitud de reflejos en días soleados que recortan su lectura, haciéndolos con demasiada frecuencia invisibles.