Volvo XC90: prueba de manejo

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Por Gilberto Samperio  Fotos: Carlos Quevedo 

 

De cara a las difíciles circunstancias del mercado global, donde la competitividad ya no reconoce fronteras ni razas, Volvo protagoniza un resurgimiento como marca de intención Premium. Tras la adquisición por el grupo chino Geely, la firma sueca logró recuperarse económicamente, sin sacrificar su identidad ni su tecnología.

 

Tan pronto los esfuerzos de saneamiento financiero culminaron, los directivos enfocaron sus baterías en el desarrollo de un vehículo que figura como un verdadero portaestandarte tanto tecnológico como de imagen. Un movimiento más obligado que necesario… si se busca sobrevivir.

 

 

Apenas presentada de manera oficial en el Salón de París de 2014, la SUV familiar conocida popularmente como XC90 no solo estrena filosofía de diseño, sino que también resulta la materialización de la nueva plataforma modular de la casa denominada SPA (Scalable Product Architecture, "producto de arquitectura escalable"), la misma tendencia apreciada ya en otros fabricantes de gran volumen. Esta plataforma, que incluye más acero al boro en su construcción, irá extendiéndose como la base de los relevos del resto de la familia Volvo.

 

En cuanto a la fisonomía, Volvo deja atrás las curvas exageradas y retoma en buena parte, por lo menos visualmente, las cuadraturas y sencillez de líneas que la hicieron tan famosa en los años 80. El primer volumen no niega esa inspiración y aunque hay detalles interesantes que conectan con la anterior XC90 –basta mirar las calaveras–, la piel metálica guarda atractivos extras y mejores sorpresas.

 

 

Antes de hablar de órganos, conviene el paréntesis para mencionar los acabados de la cabina. Se aprecian mejores plásticos en todos lados y un esmero en los terminados que confirman una verdadera intención de pertenecer a la esfera privilegiada de los Premium. Corrobora un soberbio equipo de sonido firmado por Bowers & Wilkins de 19 altoparlantes, afinado en el auditorio de Gotemburgo. Por cierto, la insonorización resulta de las mejores del segmento: 67.8 decibeles a 160 km/h, muy silenciosa.

 

Si miramos el tablero, destaca la sencillez en la decoración un tanto minimalista. Resalta una gran pantalla táctil vertical –idéntica a una tablet– que nos roba la atención pues aglutina todas las funciones de infotenimiento, confort y de los elementos de seguridad que garantizan una mayor protección durante la conducción. A este conglomerado de funciones la firma lo llama Sensus.

 

 

Debajo de la cúpula tampoco hay relojes tradicionales pues una pantalla horizontal nos ilustra sobre las funciones primordiales, entiéndase tacómetro y velocímetro, y demás operaciones vitales. Estos relojes virtuales cambian conforme los modos disponibles: Eco, Comfort, Off-Road, Dynamic e Individual (personalizado). Todos gestionan de pertinente manera las habilidades del tren motor, caja, dirección, suspensión (altura y amortiguación) y despliegue visual en la horizontal.

 

Si hablamos de versatilidad, la nueva XC90 dispone de tres filas de asientos. La segunda y tercera son plegables, acompañadas de soluciones ya apreciadas en los Volvo anteriores como el asiento elevado para niños o las cabeceras que reducen el latigazo en caso de un impacto posterior. Como en su momento, estos asientos al ser tumbados dan oportunidad a una cama casi plana, ideal para el transporte de objetos voluminosos. Muy familiar.

 

 

Una de las novedades más proclamadas por la casa de Gotemburgo es el cuatro cilindros de dos litros con supercargador y turbocargador (una solución que en su momento diera a conocer VW con su primer 1.4 l TSI) de la versión T6, valorada aquí. Con esta complicada solución, los ingenieros suecos solventan las desventajas de ambos dispositivos. El supercargador ayuda al motor por debajo de las 3,500 rpm; después de este régimen entra en acción la turbina que mantiene el brío inicial hasta superadas las 6,000 vueltas. Muy efectivo.

 

 

En la práctica, el logro es muy deseable. Casi no hay retardo en la respuesta, se percibe progresivo y posee suficiente contundencia para darle agilidad a esta mole cuya masa supera las dos toneladas (2,145 kg en báscula). En verdad, notable.

 

Una buena razón de tanto peso radica en los sistemas extras agregados al ejemplar analizado -Inscription T6-, como la tracción integral, la suspensión neumática –culpable de la sedosa marcha en vías rápidas y autopistas, con tendencia a seca en baches urbanos–, así como todos los extras de lujo y confort inherentes a cualquier coche de corte premium que aspire a ser el ícono de su respectiva casa.

 

 

La consistente energía del 2.0 l, unos 320 HP y 400 Nm (295 lb-pie) de par, viene dosificada por una reluciente transmisión automática de ocho relaciones, que presume un buen escalonamiento. En el modo manual, la caja reacciona rápido y las inserciones son casi instantáneas.

 

Si hablamos del comportamiento natural, dada su altura, masa y perfil, la XC90 presenta una ligera actitud subvirante, que en el modo Dynamic resulta mínima gracias a la excelente afinación de todos los elementos y mecanismos electrónicos que intervienen. En verdad sorprende su comportamiento en zona de curvas, donde resulta fácil apuntar y conseguir velocidades muy consistentes en los cambios de rumbo; casi no hay que corregir salvo un exceso de confianza o alegría. Cierto, la dirección califica como cómoda antes que directa pero convence su retroalimentación, sobre todo para el que ama la conducción veloz, incluso en vías estrechas. Casi no hay balanceo y no surgen devaneos o reacciones intrusivas del control de estabilidad, cuya participación es muy discreta en el citado modo Dynamic. Muy bueno.

 

Los que también sorprenden son los frenos. Cuatro enormes discos ventilados logran distancias muy encomiables, en la vecindad de los 38 metros (pruebas AP) para detenerse a cero desde los 100 km/h. Lineal, sin nervios.

 

 

Otro punto muy valorado es el gasto de combustible. El modo Eco no solo busca la relación más ahorrativa, sino que se combina con un mecanismo de arranque y parada (Start/Stop) más asertivo. De hecho, si paramos por completo y soltamos el pedal del freno, el coche no arranca; espera la orden del acelerador; inteligente y eficaz. Por cierto, en el trayecto urbano logramos medias sobre los 9 km/l, muy razonables.

 

 

Con una etiqueta de 1,150,000 pesos, la nueva Volvo XC90 resulta una opción atractiva antes que tentadora, sobre todo de cara a uno de los segmentos dominados por los autoconstructores alemanes Premium. Sin embargo, sus cualidades dinámicas y polifáceticas, sumadas a la experiencia de conectividad y facilidad de uso, la vuelven interesante a ojos de los que siempre buscan lo novedoso no solo en términos de producto, sino de interacción y protección.

 

 

Sus rivales no son pocos -Audi Q7, BMW X5, Porsche Cayenne, etc.-, por lo que sufrirá para posicionarse en el segmento. No obstante posee buenas cartas, mucha tecnología y calidades en el nivel del círculo premium, por lo que puede concretar su propósito tanto comercial como de renacimiento para la compañía nórdica.

 

Unidad probada

 1,150,000 pesos (a fecha de la prueba)

 

NOS GUSTA

-      Aspecto sobrio

-      Terminados notables

-      Sistema Sensus

 

NOS GUSTARÍA

-      Suspensión menos seca

-      Manetas tras el volante

-      Precio razonable

 

 

Resumen técnico

MOTOR

Tipo/cilindrada: L4, 2.0 l, turbocargador y supercargador

Potencia máxima: 320 hp a 5,700 rpm

Par máximo: 400 Nm entre 2,200 y 4,500 rpm

TRANSMISIÓN

Caja: Automática, 8 velocidades

Tracción: Integral permanente

DIMENSIONES

Largo x ancho x alto: 495 x 192 x 177 cm

Distancia entre ejes: 298 cm

Cajuela: 314 litros

Tanque de combustible: 71 litros

Peso vacío: 2,145 kg

PRUEBAS AUTOMÓVIL (a 2,240 msnm)

0 a 400 metros: 15.94 s

Rebase 80 a 120 km/h: 5.69 s

Frenado de 100 a 0 km/h: 38.2 m

Consumo medio: 10.3 km/l

 

 

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