Volkswagen Tiguan 2018: primeras impresiones

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Por Manuel Fernández

 

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Una vez más, fue una unidad con el motor dos litros la manejada, más exactamente la tope de gama asociada al grado de equipamiento Highline, la nueva caja DSG de siete velocidades con los embragues bañados en aceite y la tracción integral 4Motion, ésta última única de este propulsor, debido a que las 1.4 TSI más accesibles serán de tracción delantera (y con una DSG de seis relaciones).

 

Algunos pormenores a bordo se encargaron de contrarrestar una percepción un tanto negativa que nos había dejado la preserie en cuanto a la atención al detalle: la piel de los asientos no se siente tan sintética y hay ciertos elementos menos básicos, pues aquí ya hallamos un recubrimiento alfombrado en las bolsas de las puertas y los instrumentos, así no sean del todo digitales como en otros mercados, al menos ya tienen una pantalla a color en medio y no la monocromática que tan antigua lucía en la Tiguan preliminar que se nos prestó semanas atrás.  

 

 

De todas maneras, nos mantenemos en la afirmación que apuntaba hacia una anterior Tiguan mejor acabada, eso porque la Highline conducida tenía ciertas terminaciones que antes sí se habrían cuidado más, véase algún borde afilado tras la agarradera interna de las puertas o el aspecto del plástico mullido del tablero, que de todas maneras sigue siendo de una calidad mejor al promedio, aunque al mismo nivel de, por ejemplo, una Ateca o una CR-V y abajo contra el mismo material en una CX-5.

 

Su conducción muestra un gran balance entre confort y agilidad: permite ritmos elevados en autopista sin que la afectación por vientos laterales sea elevada y con abundante precisión en curvas abiertas, mérito que no solo le corresponde a la excelente dirección sino a la distancia entre ejes extendida en relación a hermanas de plataforma como una SEAT Ateca, factor que de paso ayuda a la comodidad de su andar aunque, eso sí, de la preserie sobrevive esa tosquedad del eje delantero en cierto tipo de irregularidades o topes, en los que el amortiguador tarda en extenderse y la caída es muy seca.

 

 

Como ocurre en otros autos del grupo Volkswagen, la precisión del pedal de freno es mejor en carretera que graduando la velocidad en el tráfico lento, mismo comentario que aplica para la transmisión DSG, cuya operación se siente más a gusto en un entorno de vías abiertas si bien se conserva la usual programación de querer ir en la marcha más alta posible, algo que puede quitarle inmediatez a la respuesta de querer adelantar o incorporarnos. La solución es fácil: procurar circular con más frecuencia en la modalidad deportiva (tiende a retener más) o utilizar más seguido el modo manual, ya sea a través de las levas o de la palanca.

 

Llama la atención que se declaren 180 caballos para el impulsor de dos litros, menos que en la pasada Tiguan, pero no se puede ignorar el hecho de que se ganó mucho torque y eso, al final y en la práctica, hace que su aceleración y recuperación sea igual o mejor que antes, aunque de ese apartado ya podrán ver números y mediciones más detalladas en nuestra siguiente edición impresa (271).

 

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