Suzuki Vitara Turbo: primeras impresiones

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Por Manuel Fernández (@Mfer_89)

 

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De cierta forma, el 1.6 litros aspirado era una suerte de limitante en la oferta del Vitara. Su comedido desempeño en carretera, en donde hay que anticiparse mucho para incorporaciones y adelantamientos a consecuencia de su escasa aceleración, limitaban el uso idóneo a la ciudad, cuando al final la gracia de un vehículo de esta tipología es gozar de cierta versatilidad de utilización familiar en ambientes más allá de la urbe. Viéndolo de una forma hasta un poco más complicada, se podría hasta decir que para una estampa que quiere ser tan audaz y juvenil tanto por dentro como por fuera, hacía falta una planta motriz a la altura de esas pretensiones y expectativas de diversión o irreverencia.  

 

Justo este 1.4 de 138 caballos y 219 Nm hace su tarea de aumentar aún más la utilidad del Vitara y de darle un carácter que sin ser contundente o intimidante (muchos se equivocan al esperar eso cuando leen la palabra “turbo”), sencillamente lo hace más seguro en carreteras exigentes y aprovecha más sus posibilidades dinámicas. Por supuesto, lo mejor está desde el mismo arranque y a medio régimen del tacómetro, con una respuesta saludable y homogénea que se torna muy lineal al acercarse al corte de inyección. En la versión manual, dado su peso inferior a las 1.2 toneladas, es evidente un comportamiento aún mejor.

 

 

Si bien no se nos confirmó, nos dio la impresión que hubo algún leve cambio en la suspensión, pues en comparación a los Vitara 1.6 conducidos tanto en su presentación en Costa Rica y otras unidades manejadas en México, sentimos una amortiguación menos seca en irregularidades, si bien sigue siendo algo ruidosa, lo que engaña pues resulta bastante robusta aún abusando en terrenos escarpados. De hecho, ese aguante fuera de asfalto compensa que no sea especialmente ágil en curva, aunque sí muy estable en general.

 

Hemos conducido por varios kilómetros una unidad con el sistema de tracción integral All Grip, que implica que se opte por la caja automática de seis velocidades. Incluso sin bloquear el diferencial central, la fuerza se distribuye con efectividad en especial al aprovechar plenamente el buen torque, algo que se nota más en superficies resbalosas pues solo hay algún leve jaloneo en la dirección y el eje delantero no alcanza a patinar en exceso antes de que entre en acción el trasero. La transmisión responde con suficiente rapidez y suavidad llévese o no en modalidad manual.

 

En otros apartados, no hay mayores comentarios en relación a los Vitara ya conocidos. El interior está muy bien rematado y detallado pese a la sencillez de ciertas texturas y materiales y el espacio interior es el justo.

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