Quattro días en Baja California

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Por John Miranda Fotos: Carlos Quevedo Edición para online: Manuel Fernández

 

Entusiasmados por lo que nos deparaba esta ruta y con las expectativas muy altas en nuestro Audi S3 Sedán, emprendimos camino rumbo a Guadalajara. Un trayecto de cuatro horas promedio por autopista, ideal para comenzar a intimar con todas las funciones, modos de manejo y asistencias que el auto y su motor 2.0 TFSI tenían para ofrecernos.

 

Ya en 'La Perla de Occidente', aprovechamos la practicidad de las cuatro puertas para hacer una visita relámpago a los amigos tapatíos y enchilarnos con unas tortas 'ahogadas' antes de seguir rumbo al pequeño Tepic, capital nayarita que nos recibió con mucho tránsito antes de salir a la autopista que nos llevaría hasta Mazatlán. Cabe mencionar que por dentro este coche es un ejemplo de que el diseño sigue a la función, pues los de atrás iban bastante holgados en su postura.

 

Dicho trayecto sorprende con una serie de curvas que, en cuestión de segundos pueden demandar mucho del auto y el conductor, sin embargo, el S3 Sedán pasó sin problemas.

 

A partir de entonces, el verde paisaje del bosque tropical nos acompañó durante largas rectas del estado de Sinaloa, hasta nuestro arribo al puerto mazatleco.
Las primeras 10 horas y 1,000 km de viaje a través de tres orografías distintas transcurrieron cómodamente.

Baja a la vista

 

Mazatlán es el principal proveedor de materia prima para Baja California, por lo que la mejor manera de llegar a la península californiana es por medio del ferry que cruza justamente por la puerta del majestuoso Mar de Cortés, así que una vez embarcados junto con el auto, las siguientes 240 millas náuticas fueron vitales para nuestro descanso antes del desembarque en Baja California Sur, un territorio completamente diferente.

 

Al descender del ferry, nos recibieron impresionantes 35 °C, un cambio radical de altitudes y 350 kilómetros antes de llegar hasta el bello Parque Nacional Bahía de Loreto.

 

Al iniciar dicho recorrido, los contrastes entre la blanca arena y el azul turquesa de las playas El Tesoro y El Tecolote, ubicadas a las afueras de La Paz, daban una pequeña muestra de lo que estaba por venir en nuestro camino a Loreto, sin embargo el trazo de la carretera transpeninsular 1 nos llevó justo hacia un territorio montañoso duro, áspero, dominado por cactáceas a cada costado de la carretera, que insinúan sutilmente el desierto característico de La Baja.

 

Pequeñas rectas, seguidas por desafiantes curvas y complicados peraltes que advierten profundos barrancos exigieron su mejor desempeño al auto, sin embargo, la excelente calidad de marcha y un bastidor bien balanceado lo mantuvieron como si fuera sobre rieles y totalmente adaptado, tanto al terreno como al manejo del conductor. Impresionó la capacidad y fuerza con la que se recuperó, aceleró, corrigió, frenó y así, a cada metro de la carretera.

¡Hola, Loreto!

 

Dos horas y media después, el Mar de Cortés volvió a asomarse entre los acantilados anunciando la llegada al Parque Nacional Bahía de Loreto, una zona protegida  desde 1996, que comprende toda una extensa bahía con el mismo nombre, y sobre la que se tiene acceso a diferentes playas y pueblos pesqueros como Santispac o Buenaventura.

 

Sobre la misma ruta, también se puede llegar a las playas Armenta y Requesón, donde a pocos metros del mar se acampa sin problema. El acceso es tan fácil, que el auto se fusionó perfectamente con el entorno, consiguiendo cuadros espectaculares.

 

Continuando el recorrido por la Bahía de Loreto, se pueden ver sobre las aguas del Mar de Cortés algunas barcazas y veleros que van en busca del pez marlín, una de las especies que habita esta zona y que también es sede de importantes torneos internacionales de pesca e ideal para realizar diversas actividades al aire libre como remo, canotaje, buceo o kayak.

 

Finalmente arribamos al apacible y bohemio Loreto, el poblado más antiguo de la península del que se tiene registro. El Audi S3 Sedán se desplazó orgulloso por las pintorescas calles empedradas que concluyen en el malecón principal, justo al pie del Mar de Cortés.

 

A pocos metros, un club de marina aguarda por aventureros decididos a explorar las inmediaciones de las islas Carmen, Danzante, Montserrat y Santa Catalina, hogar de leones marinos, delfines y mantarrayas, aunque los verdaderos protagonistas de la reserva son las colosales ballenas grises que viajan de noviembre a febrero hasta estas cálidas aguas, convirtiendo a la Bahía de Loreto en un espectacular santuario lleno de vida en cada uno de sus rincones.

Territorio desafiante

 

Los lugareños de Loreto nos platicaron orgullosos todo lo que el territorio de la península de Baja California tiene para ofrecer y de lo que en gran parte ya hemos sido testigos, hasta que el nombre de Guerrero Negro se vuelve tema de conversación. Sin pensarlo, nuevamente nos enrolamos por la transpeninsular 1, que nos llevaría por el puerto de Santa Rosalía y la demandante “Cuesta del Diablo”, un tramo de 20 kilómetros con curvas realmente peligrosas que anuncian el drástico cambio del paisaje semidesértico a uno totalmente desértico; oficialmente, estábamos en el corazón de La Baja. 

 

Esta carretera resulta muy demandante en temperatura y longitud, sin embargo, el S3 Sedán parecía sentirse más cómodo que nunca, aprovechando cada uno de sus 285 hp en medio de temperaturas cercanas a los 37°C, que solo dan tregua a pocas especies vegetales y animales que habitan en un extremoso desierto, donde uno no se imaginaría que existe otra reserva natural de gran importancia: la Reserva de la Biósfera del Vizcaíno, ubicada entre los alrededores de Guerrero Negro, La Baja y el océano Pacífico.

 

A nuestra llegada nos esperaba una visita por las minas de sal y la laguna de San Ignacio, una zona protegida y decretada Patrimonio de la Humanidad donde, al igual que la Bahía de Loreto, hace su arribo cada año la ballena gris. El tipo de orografía da lugar a paisajes tan desolados como contrastantes en los que al recorrer pocos kilómetros con el auto pudimos encontrar gran cantidad de vida. Las islas Arena y Malarrimo son testigos de las impresionantes puestas de sol, el paso de delfines, ballenas y algún desecho errante que las corrientes del Pacífico han arrastrado hasta ahí.

 

Hemos recorrido un total de 2,000 km desde nuestra capital a bordo de un vehículo que, pese a sus dimensiones compactas de 4.4 metros de largo por 1.7 de ancho y 1.3 de alto, ofrece un espacio interior lo bastante amplio para disfrutar de viajes tan largos como éste.

 

Sin duda, cada palmo del territorio cubierto en esta ruta fue un premio a la vista.

 

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