MINI Convertible 2016: primeras impresiones

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Por Manuel Fernández (@Mfer_89; desde Los Ángeles, California)

 

El Convertible adopta todos los cambios que ya aplicaron en el MINI de tres puertas de techo duro.

 

Mantienen la configuración de techo de lona, que ahora se puede personalizar con el patrón de la bandera del Reino Unido. Este toldo se pliega o despliega en 18 segundos a velocidades de máximo 30 km/h.

 

En cuanto a funcionalidad, hay nuevas soluciones para facilitar la carga de objetos, siendo posible levantar la tapa de la cajuela parcialmente (adicional a la apertura convencional) para agrandar la boca de acceso, esto siempre y cuando el techo esté afuera. La capacidad de equipaje es de 215 litros, 160 si se circula en modo descapotable. Sobreviven las opciones de operar el techo con el control remoto o deslizarlo más o menos en un cuarto de su recorrido hacia atrás para simular un quemacocos.

 

 

En lo mecánico, motores y cajas son idénticos a un MINI Hardtop y en nuestro caso pudimos conducir dos unidades del Cooper S, siempre con caja manual de seis velocidades.

 

Yendo descapotados durante la gran mayoría del trayecto, nos percatamos de la excelente climatización, que en modo automático siempre se adaptó para no enviar aire frío o caliente en exceso y mantener fielmente la temperatura elegida, algo que se torna más complejo cuando el sistema tiene que adaptarse también a las variables del ambiente externo.

 

Con el deflector opcional desplegado (inhabilita las plazas traseras), las corrientes apenas son perceptibles en la parte superior de la cabeza circulando a velocidades razonables (máximo unos 130 km/h). En todo caso, si no se utiliza dicho deflector el cambio tampoco va a ser dramático ni hace incómoda la utilización de este MINI.

 

Ya en temas de conducción, sale a relucir que comparado al anterior S Convertible la suspensión es menos rígida. Seguramente influye que llevamos coches con amortiguadores de dureza variable, que en la modalidad de manejo “Mid” se muestran sensiblemente menos nerviosos ante las irregularidades que al ir en “Sport”. La marcha no deja de tener la usual dureza MINI.

 

También es muy familiar la respuesta precisa y bien conseguida de la dirección, con la salvedad de que el coche no se siente tan inmediato a nuestras órdenes como su predecesor. Ocurre igual en otros MINI y es una evidente concesión a querer lograr un auto no solo divertido, ágil y directo en su comportamiento, sino también más refinado.

 

 

La condición de descapotable solo se hace evidente en curvas muy exigentes y asfaltos rotos, en los que las ruedas dan la sensación de no pisar con el mismo aplomo de un MINI Cooper S Hardtop (tampoco es igual de ligero y su uso objetivo es más de ocio que de exigencia) y se transmiten ruidos y leves vibraciones inherentes a la ausencia de una estructura cerrada.

 

De un Cooper S convencional, de todas maneras, está intacta la excelente aceleración del 2.0 de 192 caballos y 280 Nm de par (300 con sobrepresión), con un margen de respuesta que empieza a aparecer muy poco antes de las 2,000 rpm y va sin perder apenas fuerza hasta el corte a 6,500, todo a través de una caja manual con un embrague de gran acople y una palanca de cortos y claros recorridos muy agradable de usar (para algunos requerirá costumbre el paso de cuarta a quinta).

 

El toque más emocional viene del ronco sonido del cuatro cilindros al superar la mitad de la carrera del acelerador y que se acompaña de bonitos petardeos del escape al liberar presión en la modalidad “Sport”. Este tipo de ruidos, junto a los ocasionales silbidos del turbo, son especialmente agradecidos en un convertible.

 

Aún no se anuncian precios para México.

 

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