MINI Clubman: prueba de manejo

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Por Gilberto Samperio (@gilsamperio)       Fotos: Carlos Quevedo.

 

Quizá porque el pasado todavía ofrece ideas frescas en estos tiempos tan cambiantes o porque hay que aprovechar el furor nostálgico entre cierto sector de los automovilistas fanáticos, Mini nos presenta su Clubman.

 

 

Inspirado en las carrocerías guayín o familiar, nos ofrece la singularidad de seis puertas. Sí, en lugar de un gran portón al final de la cabina, nos encontramos dos puertas de pivotaje vertical, que aluden a esos viejos camiones de carga, mecanismo vigente solo en vehículos de transporte de tonelaje mediano.

 

 

En cuanto a tamaño, este Clubman también crece a lo largo, con una apreciable ganancia en cajuela, aunque hasta el poste C la fisonomía parece calcada de la versión 5 puertas del simpático Mini. En cifras, la distancia entre ejes crece 103 mm, el voladizo delantero 31 y el trasero unos 114. El incremento total de la longitud logra los 4.25 metros, casi lo que mide un hatchback compacto actual. Muy bien.

 

 

Una ventaja del crecimiento es la mayor amplitud disponible en las dos filas de asientos, sobre todo en la segunda hilera. No tan abundante como en una SUV, pero hay mayor espacio para piernas y cabeza. A esta ganancia se agrega una cajuela ligeramente más grande y cuadrada, que facilita el acomodo de cargas relativamente voluminosas, pues las cotas originales de la plataforma –menor a las de un subcompacto, ahora crecidas hasta este punto del Clubman–, no conceden tanta oportunidad al área de carga.

 

 

Si miramos el tablero, casi no hay cambios respecto al Mini que hemos conocido en los últimos meses. El mismo gran reloj central que aglutina todas las funciones del sistema de infotenimiento, así como algunos elementos de comodidad y distracción. El minúsculo tacómetro –de media luna– y el velocímetro montados sobre la columna de la dirección son acompañados de una discreta pantalla de proyección –el famoso Head-Up Display o HUD–, que nos indica la información mínima del vehículo. Sin cambios. Eso sí, los materiales y ensambles confirman su talante premium, de excelente factura.

 

 

Este Clubman posee un corazón enérgico, potente: es el 2.0 l turbocargado de 192 HP cuyo par motor de 280 Nm (206 libras-pie), viene acertadamente dosificado por una excelente transmisión automática de ocho escalones. Su despertar ocurre superadas las 2,500 rpm, concretamente a las 2,800 vueltas. El ímpetu predomina hasta los 6,000 giros, donde la caja cambia en automático pese a la elección de modo manual y programa deportivo (Sport). Acompaña una suspensión de calibración dura, casi áspera si rodamos sobre vías de irregular superficie; en ocasiones, al encarar zona de baches, la respuesta seca de la amortiguación nos hace dudar si sobrevivimos a tan inesperado e indeseado trance entre la rueda y el inevitable hoyanco.

 

 

La dirección observa un pulimento muy avanzado, al punto de que nos hace olvidar que estamos conduciendo un vehículo más largo de lo habitual, por lo menos si nos referimos mentalmente al original.

 

En las zonas de curvas, este Mini nos deleita con esa precisión al acometer las mismas y gracias a la caja proactiva de escalonamiento cerrado –el mejor programa sigue siendo el Sport–, nos otorga una facilidad para enlazar curvas y salir de ellas con una agilidad digna de un deportivo de menor masa o mayor pretensión.

 

 

Casi no se presenta subviraje, salvo el ocasionado por la geometría afectada por la mayor distancia entre ejes, así como ese incremento de volumen y masa, que nos avisa ocasionalmente que también tiene decisión al correr raudos en nuestra zona preferida de la montaña.

 

Cuando viajamos sobre vías amplias, cómodas, no resulta difícil rodar sobre los 140 a 160 km/h sin apuros o retrasos. El vigor del cuatro cilindros está latente y basta superar media carrera del acelerador para ganar velocidad prontamente. De hecho, todo suma para que nuestra conducción se convierta en una experiencia seductora, incluso al grado de volverse onírica, fantástica. Ideal para entusiastas.

 

 

Los frenos son competentes mientras el gasto de combustible acusa normalidad, un tanto elevado si procuramos ritmos veloces por la tentación del turbocargado.

 

Con una etiqueta de 550 mil pesos, este Clubman de momento disponible únicamente en esta versión, ofrece una carrocería familiar de viejo cuño, concebida para enamorar a los nostálgicos más que a los usuarios que requieren mayor versatilidad de carga. No tiene una competencia directa, pues la única guayín que le rivalizaría en función de su orientación –y tamaño si no somos tan exquisitos–, es el Seat León ST, pero la diferencia de precios es grande.

 

 

Sin embargo, dadas sus cualidades dinámicas, el Clubman tendrá su séquito de adoradores en virtud de ofertar un tamaño más utilitario sin merma de su belleza y simpatía. Una apuesta de Mini por sus fieles fanáticos que han mantenido el prestigio de la marca más allá de lo pronosticado.

 

 

Unidad probada

550,000 pesos (a fecha de la prueba)

 

 

 

NOS GUSTA

-      Respuesta del tren motor

-      Dirección directa

-      Calidad de materiales

 

NOS GUSTARÍA

-      Marcha más cómoda

-      Amortiguación menos seca

-      Pedales más abiertos

 

 

Resumen técnico

MOTOR

Tipo/cilindrada: L4, 2.0 l con turbocargador

Potencia máxima: 192 hp a 6,000 rpm

Par máximo: 280 Nm entre 1,250 y 4,750 rpm

TRANSMISIÓN

Caja: Automática, ocho velocidades

Tracción: Delantera

DIMENSIONES

Largo x ancho x alto: 425 x 180 x 144 cm

Distancia entre ejes: 267 cm

Cajuela: 360 litros

Tanque de combustible: 48 litros

Peso vacío: 1,520 kg

PRUEBAS AUTOMÓVIL (a 2,240 msnm)

0 a 400 metros: 15.67 s

Rebase 80 a 120 km/h: 4.82 s

Frenado de 100 a 0 km/h: 41.6 m

Consumo medio: 12.0 km/l

 

 

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