Mercedes-Benz E200: prueba de manejo

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Por Gilberto Samperio                Fotos: Carlos Quevedo

 

Arriba la décima generación de un mediano que ha marcado generaciones. No solo porque aporta tecnología en términos de despliegue visual informativo –adiós a los indicadores analógicos–, sino que renueva varios elementos clave en su construcción, como el mayor uso de aluminio y aceros ultrarresistentes que conforman un esqueleto más ligero y duradero al mismo tiempo. Este nuevo bastidor también gana tamaño: su largo, 43 mm extras (4,923 contra 4,880) y la distancia entre ejes crece 65 mm (2,939 contra 2,874). También las vías incrementan sus medidas en 20 mm adelante y unos 7 mm en el segundo eje. Todo suma para crear una base más ágil, con mayor espacio interior reflejado en amplias cotas de confort.

 

 

Su estampa sigue las tendencias apreciadas por el Clase S, con un primer volumen no tan largo, pero bien equilibrado respecto a una cajuela algo más alta y corta. En el ínter, una cabina generosa en sus medidas. La aerodinámica fue un rubro muy cuidado en este nuevo Clase E, pues la firma alemana alega que posee un Cx de 0.23, muy bajo dada su intención representativa.

 

Como una primicia, tuvimos la oportunidad de valorar los dos primeros escalones de la gama, que conforme transcurra el tiempo crecerá. Así, ambos ejemplares apelan a la terminación E200 que asocia el cuatro cilindros de 2.0 litros turbocargado de 184 HP, acoplado a una nueva caja automática de nueve relaciones. Puede parecer un tren motor exiguo, pero la transmisión realmente colabora mucho para extraer el mejor potencial del endotérmico. La diferencia entre los dos ejemplares radica en las parrillas, los rines, los neumáticos y un par de detalles más.

 

 

Sin embargo, la verdadera revolución ocurre al interior, como un renacimiento espiritual. Los asientos dominantes resultan muy cómodos y amplios. Gracias a la variedad de sus reglajes, es inmediato hallar la mejor posición para nuestro cuerpo. La segunda fila también acomoda a usuarios de casi cualquier talla sin problemas.

 

Los materiales y acabados confirman su talante de primer nivel, con remates y exquisiteces que confirman el esmero de la casa de la estrella. Pero lo que realmente roba nuestra atención es la colocación de dos pantallas de alta resolución en horizontal. De 12.3 pulgadas en su referencia diagonal, nos dejan saber todos los detalles, tanto del coche como de los sistemas de seguridad y confort. La principal, ubicada bajo la cúpula, nos da la oportunidad de escoger tres esferas extra donde normalmente despliega el tacómetro: ventana de navegador, ventana de consumo y ventana de monitoreo ecologista.

 

 

La segunda pantalla, al centro del tablero, también nos deja saber de manera gráfica convencional la entrega de par y potencia, así como una representación del centro de gravedad y los ángulos en que giran las ruedas directrices. También pueden seleccionarse otras funciones del resto de los sistemas de confort e infotenimiento. Mucha información para automovilistas comunes pero bienvenida por los entusiastas de la conducción. Por cierto, la posibilidad capacitiva corre por cuenta de dos pequeños botones ubicados en el volante, los primeros táctiles del mercado según sus promotores. También existe el Touch Pad central desde el cual se pueden concretar los gestos necesarios para nuestros deseos y peticiones. Acompaña la infaltable perilla que auxilia a los menos habituados al mecanismo que discurre a los finos movimientos de nuestros dedos para la concreción de tareas.

 

 

Otros detalles que hablan de pragmatismo son los asientos traseros abatibles y la simplificación de mandos, algo que se agradece y contrasta seriamente con sus anteriores tendencias barrocas si hablamos de mandos, controles y perillas.

 

Si bien el motor puede parecer pequeño (2.0 l) para la masa final de este E200 (1,730 kg en báscula), su puesta a punto califica de exitosa, casi ejemplar para otras racionalizaciones de oferta motriz. El empuje surge poco antes de las 3,000 rpm, pero lo mejor es que la transmisión de nueve relaciones presume un escalonamiento casi perfecto, pues el motor se mantiene en los regímenes óptimos según el modo seleccionado (Sport+, Sport, Comfort y Eco), siempre con una suavidad de inserción en los engranajes que hace olvidarnos de los típicos brincos de las tradicionales automáticas.

 

 

El modo más divertido (Sport +) nos deja jugar tanto con las manetas tras el volante como a los piquetes de acelerador. El comportamiento del E200 en curva resulta muy neutral, lo que sumado a la excelente retroalimentación de la precisa dirección concede una conducción expedita, ágil y predecible. Solo en giros de radio corto asoman sutilmente las inercias esperadas a un coche de esta masa. Nada grave, pero confirma su pretensión ­viajera con tintes divertidos antes que deportiva o velocista.

 

Ayuda a esa sensación inmediata las reacciones del turbocargado, que eroga su energía con la prontitud deseada de un automovilista con prisa, sin alcanzar esa contundencia  inherente a los turbocargados, tan anhelada por cualquier entusiasta. Y es que pese a la notable sincronía del motor con la caja, lo que reduce considerablemente la odiosa demora de la turbina, vulgo turbolag, no hay tanta energía que nos orille a medir con cautela nuestros modales en zonas sinuosas.

 

 

Vamos, es divertido, gusta, pero no seduce ni incita a correr. Porque su verdadero papel dinámico aflora cuando rodamos en autopistas laxas. En ese escenario no resulta difícil rodar por arriba de los 180 km/h, y aunque mantiene su aplomo en la vecindad de los 200 km/h, sufre para mantenerse en este rango de velocidades.

 

Vale la pena aclarar que la suspensión posee un calibrado no tan pulido como sus antecesores. Si bien filtra correctamente, no se percibe esa sedosidad de antes. La capacidad de absorción tan elogiada en el pasado parece relegada a los ejemplares con suspensión neumática, mientras que a estos considerados de entrada a la gama E, la puesta a punto luce menos pulida. No es mala, de hecho, es de las mejores en el segmento de los sedanes medianos comunes, aunque se extraña esa filtración casi mágica de sus antecesores. La Clase E siempre fue una referencia en la calidad de marcha y esta nueva generación cumple lo suficiente con su herencia.

 

 

En cuanto a los frenos, resultan muy efectivos con distancias dignas de imitar. En la misma tesitura figura el gasto de combustible, con una media de casi 16 km/l a ritmos de autopista (107 km/h promedio). Este ahorro confirma que su orientación enfila hacia un coche lo mejor balanceado posible en todos los rubros.

 

Con unos precios realmente interesantes –en la vecindad de los 800 mil pesos–, el nuevo Clase E200 refrenda el señorío y la avanzada tecnológica inherente al modelo mediano del autoconstructor elitista, aunque no incluye toda la parafernalia asociada a la conducción autónoma apreciada en su mercado principal (Europa). Su desempeño dinámico complace al piloto habituado a la conducción ágil, mejor acompañada de un entorno de elevada calidad con elementos vanguardistas que lo colocan al frente de la vitrina premium.

 

 

Sin embargo, para los fieles –¿puede decirse escasos?– seguidores de la Clase E, el punto de la marcha ligeramente menos eficaz puede desalentar un tantito, pese a las incorporaciones extraordinarias como el excelente equipo de sonido (aportación de Burmester), la doble pantalla digital o los acabados de primer nivel.

 

Habrá que esperar la respuesta de los rivales, así como la recepción del consumidor mexicano de estos coches, que también se preocupan por el gasto de combustible pero no quieren padecer un desempeño mediocre. Bajo esta premisa, el E200 satisface suficientemente, pese a la menor carga en función de los auxiliares de la conducción autónoma.

 

Unidad probada

769,000 pesos (a fecha de la prueba)

 

NOS GUSTA

-      Imagen clásica

-      Desempeño del tren motor

-      Potencia de frenos

 

NOS GUSTARÍA

-      Una marcha más sedosa

-      Acceso por botón, sin tocar el mando

-      Un portavasos por lo menos

 

Resumen técnico

MOTOR

Tipo/cilindrada: L4, 2.0 l, turbo

Potencia máxima: 184 HP a 5,500 rpm

Par máximo: 300 Nm a 1,200 rpm

TRANSMISIÓN

Caja: Automática, nueve velocidades

Tracción: Trasera

DIMENSIONES

Largo x ancho x alto: 492 x 185 x 146 cm

Distancia entre ejes: 294 cm

Cajuela: 540 litros

Tanque de combustible: 66 litros

Peso vacío: 1,730 kg

PRUEBAS AUTOMÓVIL (a 2,240 msnm)

0 a 400 metros: 16.15 s

Rebase 80 a 120 km/h: 6.74 s

Frenado de 100 a 0 km/h: 39.5 m

Consumo medio: 12.5 km/l

 

 

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