Land Rover Range Rover Sport SVR: prueba de manejo

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Por Gilberto Samperio (@gilsamperio)       Fotos: Carlos Quevedo.

 

 

Si ya la estampa todopoderosa, arrogante cuadratura que presume su rancio linaje capaz de superar casi cualquier obstáculo tanto en asfalto como en lugares donde no existe un camino, la adición de un V8 supercargado de gran potencia –550 HP– le da un halo de brutalidad solo apreciado en modificaciones especializadas de altos vuelos, ergo tuning de élite.

 

 

Por fuera, la reconfiguración estética no resulta tan dramática –por su carácter todoterreno, los alerones hubieran estado fuera de lugar–, aunque los enormes rines de 20 pulgadas, la fascia ligeramente más baja y las parrillas negras indican otra cosa. Tal cual ocurre en la zona final, donde las cuatro salidas de escape adornan en pares un símil de extractor de aire de pretensiones deportivas.

 


 

La hermosa pintura azul, como si fuese un vestido de diseñador, domina de la cintura hacia abajo. Le corona una cabina superior en negro, que le da un aire más sobrio a todo el conjunto. El detalle fino lo detentan minúsculos escudos que denotan su especialidad: SVR, o Special Vehicles Racing.

 

 

Al acceder, unos asientos en forma de cubeta de gran tamaño nos reciben con la promesa de alta velocidad. Su tapizado bicolor repite en todos los paneles de la cabina, que confirma una exclusividad estética y una vuelta de hoja al diseño original. No pierde su forma primigenia -como la plancha inclinada e imperturbable del tablero-, lo cual evoca todavía más ese espíritu de modificación tan patente como la implementación del corazón de 5.0 litros.

 

Pese a los cambios estéticos, el habitáculo acomoda sin problemas a cinco adultos con carga completa. La cajuela observa una gran practicidad, virtud de su concepción cuadrada.

 

 

Como buen ejemplar de costosa etiqueta, esta Range Rover dispone de todo el equipamiento tanto de comodidad como de infotenimiento y seguridad. Todo se gestiona mediante las dos pantallas. La principal, ubicada bajo la cúpula, simula los relojes del tacómetro y velocímetro, con el oportuno agregado de otros indicadores o alertas. La segunda, táctil, deja seleccionar los sistemas de infotenimiento y amenidades, así como la gestión del navegador GPS y el teléfono inteligente.

 

 

A pesar del impacto visual, lo verdaderamente emocionante aflora cuando pulsamos el botón de encendido: el V8 emite un gutural bramido que evoca el despertar de una bestia salvaje de gran tamaño. Encantador.

 

La selección del modo puede ir desde el Normal, pasando por el Sport, sin dejar de lado las posibilidades equilibristas y aventureras que ofrece el sistema All-Terrain Response 2 en seis modos disponibles –Autopista, Normal, Nieve, Montaña, Desierto, Rocas–, vía la perilla concebida ex profeso junto a la palanca de velocidades.

 

 

Pero, siendo honestos, esta bestia tiene una mejor actitud si la rodamos en la pista o dondequiera que el asfalto sea continuo –no importa si es liso, rugoso o ligeramente maltratado– para que demuestre las cualidades velocistas que le concede el voluntarioso V8. Su empuje inicia desde las 2,500 vueltas –ventaja del supercargador–, mientras su aullido gutural y sobrecogedor aflora sobre los 4,000 giros que alcanza el cigüeñal.

 

La eficiente transmisión automática de ocho escalones nos facilita la dosificación acertada de tanta energía. De hecho, existen sendas manetas tras los rayos principales del volante, que nos dan autoridad para seleccionar la relación que mejor nos parezca. Lo mejor es que se acompaña de un gran gráfico en la central de la cúpula –número y su marco circular pintados de rojo–, que nos avisan en qué engranaje vamos circulando.

 

 

Dada su pretensión velocista, la suspensión califica de dura, cuya actuación tiende a ser saltona cuando las variaciones del camino son muy evidentes. Ello no afecta una calidad de marcha relativamente cómoda, sin sobresaltos, ocasión del más que pulido refinamiento de sus amortiguadores neumáticos de altura variable.

 

Acompaña una dirección terriblemente precisa para un vehículo de tanta altura –los cabeceos y el balanceo surgen en cambios fuertes de rumbo o bajo severas transferencias de masa– y tamaño –más de dos toneladas en báscula–, que facilita la rápida inserción en curvas de casi cualquier radio. Muy eficaz para la conducción veloz o expedita siempre en el tenor de su carácter todoterreno, algo traslúcido por el toque de las siglas SVR.

 

 

Los frenos son los que sufren cuando el sonoro rugido del endotérmico nos provoca al manejo deportivo. No hay fatiga en los primeros kilómetros y el tacto conserva una buena sensación, pero no conviene abusar en caso de rodar en pista porque entonces habrá una ligera merma en su respuesta.

 

No vale la pena hablar de gasto de combustible: se corresponde a su bravura. Por cierto, el punto dulce de este demonio azul se halla entre los 180 y 200 km/h. Siempre acelera y posee abundante torque para relanzarse a velocidades cercanas al límite electrónico –250 km/h en nuestras pruebas– sin comprometer la estabilidad y comodidad de tan digno carruaje.

 

 

Por una etiqueta elevada -casi de tres y medio millones de pesos– no se puede hablar de una camioneta solo afinada para ganar potencia. Su V8 de tanta energía junto a una puesta a punto muy orientada a las altas prestaciones –sin olvidarse de su experticia en 4x4–, nos hablan de un capricho no únicamente costoso, sino concebido para clientes que buscan todo el paquete o lo más atrevido posible por su dinero. Un juguete que hará las delicias al volante de ese entusiasta que sueña con ser jeque árabe, o un empresario forjado a sí mismo.

 

 

Unidad probada

 188,900 dólares (a fecha de la prueba)

 

 

 

NOS GUSTA

-      Aspecto bravío

-      Energía del motor

-      Dinamismo en asfalto

 

NOS GUSTARÍA

-      Menos peso

-      Frenos más resistentes

-      Suspensión más refinada

 

 

Resumen técnico

MOTOR

Tipo/cilindrada: V8, 5.0 l, supercargador

Potencia máxima: 550 hp a 6,500 rpm

Par máximo: 680 Nm entre 2,500 y 5,500 rpm

TRANSMISIÓN

Caja: Automática, ocho velocidades

Tracción: Integral permanente

DIMENSIONES

Largo x ancho x alto: 487 x 201 x 178 cm

Distancia entre ejes: 292 cm

Cajuela: 750 litros

Peso vacío: 2,460 kg

PRUEBAS AUTOMÓVIL (a 2,240 msnm)

0 a 400 metros: 14.51 s

Rebase 80 a 120 km/h: 4.24 s

Frenado de 100 a 0 km/h: 46.1 m

Consumo medio: 9.9 km/l

 

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