Land Rover Discovery Sport: prueba de manejo

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Por Gilberto Samperio (@gilsamperio)   Fotos: Carlos Quevedo

 

 

Atrás han quedado las siluetas cuadradas de una SUV todoterreno que en su momento calificara como la más capaz de todas. Cómo olvidar esa imagen diferente, con los últimos cristales laterales sobrepasando las esquinas superiores del techo o un medallón desigual, ligero guiño al original, cuando el tamaño era tan importante como la estampa robusta, sólida de su cara.

 

 

Sí, la nueva Discovery renueva sus formas y pretensiones para figurar como una de las opciones 4x4 modernistas que el automovilista de hoy solicita. Nada de ángulos rectos o evidentes cotas off-road; eso es del pasado.

 

 

Digamos que belleza no falta. Esa línea afilada, continuada por una cintura menos dramática y un carácter no tan audaz en estilo del tercer poste –el cuarto, enmascarado por plásticos negros–, declaran un abierto apego a la tendencia aguzada exhibida por la exitosa Evoque.

 

 

El primer volumen, ensanchado y elevado (¿te suena LR2?), alberga ahora un cuatro cilindros de 2.0 litros turbocargado de 240 HP, que también posee sus branquias antes del poste A. Pese al evocador detalle, en esta renovación se perdió la tradición de motores de gran cilindrada. Mientras, las salpicaderas de mayor diámetro justifican su dimensión vía el uso de ruedas más grandes, no necesariamente tan eficaces.

 

 

Curiosamente, el espacio interior resulta un poco más amplio, virtud de un monocasco que combina acero de alta resistencia y aluminio, y permite una mayor rigidez torsional sin el acuse exagerado de la masa. Bueno, con más de dos toneladas no se le puede llamar ligera.

 

 

El diseño del tablero retoma en parte las cuadraturas de la Discovery clásica. La consola frontal dispone una sencillez en su acomodo que resulta de pronto dominio. Corona una pantalla suficientemente versátil para administrar los inherentes sistemas de comodidad e infotenimiento.

 

Los relojes analógicos dan espacio a una pantalla menor que despliega lo referente a la personalización de ciertas características; normalmente funge como visor de la temperatura del refrigerante y del tanque de combustible. Se respira calidad en todos los armados y materiales. Muy bien.

 

 

Entre las curiosidades destaca la botonería dedicada a los cristales: los pulsadores van colocados sobre el dorso de la puerta. Extraño al inicio, pero de fácil ubicación. Ah, y el enorme techo solar y quemacocos sorprenden.

 

 

Otra de las cualidades conservadas que se agradecen son los asientos. Adelante, suficientes para adultos de talla grande. Atrás, igual con el añadido de ser corredizos y abatibles, para lograr un espacio de carga más provechoso. Por supuesto, permanece la tercera fila de fácil repliegue/despliegue, concebida para usuarios de talla menor o infantil.

 

 

Dicen que la primera impresión cuenta. No es el caso de esta Discovery, pues la aparentemente reducida mecánica presume una respuesta muy encantadora con poco retardo. El empuje del cuatro cilindros aflora en la vecindad de las 2,500 rpm y se conserva ese impulso hasta superadas las 6,000 vueltas, justo cuando la transmisión de nueve relaciones efectúa el cambio. Otra ventaja de la caja es que presume un carácter proactivo muy al gusto del entusiasta. Basta dar piquetes al acelerador para que haga una reducción de relación, incluso en el modo general o normal. Excelente para jugar tanto con nuestra percepción o para una conducción expedita. Si se prefiere, las manetas también agilizan el cambio de velocidades.

 

 

La transmisión contempla tres programas: posición normal o general (D), modo Sport conmutable mediante posición de la perilla –no hay más palanca–, (S) y ahorrativo vía un botón en la consola frontal (Eco). Para éste, en la pantalla central aparecen tres íconos con sendas barritas que nos dicen si actuamos bonito –verde– o somos unos desperdiciados –amarillo o vacío–.

 

 

Justo aquí surge la otra cara de esta Discovery. Un tanto soslayado su temperamento todoterreno (sin reductora), la botonería inferior permite escoger tres modos (englobados como Terrain Response), además del general, que alteran otros sistemas como el motor, la dirección, la suspensión y las asistencias electrónicas, no solo a la caja. El segundo modo se describe como Hierbas, Gravilla y Nieve, concebido para rodar sobre superficies de material pequeño y resbaloso; en éste se activa de manera automática el control de descenso, también pulsable a voluntad. El tercero se llama Lodo y Roderas, pensado para caminos de compuestos pastosos o grumosos. Finalmente, el cuarto recibe el único apelativo de Arena, listo para esas zonas de muy baja adherencia, elusivas al agarre de los neumáticos.

 

 

Claro que hicimos nuestra vuelta en la montaña, pero con todo y la clasificación M+S (Mud plus Snow, o lodo más nieve) de las llantas, el dibujo y la escasez de bloques agresivos en su banda de rodadura nos confirman que las escapadas solo pueden ser ocasionales, sin riesgo. Nada de creerse que por repetir el nombre ya se tiene el éxito aventurero garantizado.

 

 

A pesar del olvido de su propósito primario, la nueva Discovery observa a cambio una actitud en el asfalto muy al tono del amante de la conducción. En nuestra zona de curvas preferida, esta SUV inglesa permite enlazar los cambios de rumbo con una agilidad y presteza que ya quisiéramos en sedanes más vanidosos. Acompaña acertadamente una marcha firme, de buen filtrado.

 

 

En lo general, casi no presenta subviraje, a menos que realmente hagamos una maniobra absurda o grosera con el volante. Su balanceo permanece en el mínimo y la proactividad de la casilla Sport, junto a la practicidad de las manetas tras el volante, facilitan mucho las cosas para divertirse en la carretera. Conducción velocista sin importar el peso.

 

 

A ello se acompaña un sistema de frenos muy competente y una dirección que ajusta casi perfectamente nuestras órdenes a las ruedas directrices. Punto curioso porque al conectar los modos fuera de carretera, el volante se vuelve más liviano, hasta insensible en ciertas condiciones. Maravillas de la electrónica.

 

 

Con una etiqueta de prácticamente un millón de pesos, no puede hablarse de una SUV económica. Olvídate de la fama de todoterreno, porque el apelativo Sport de esta Discovery viene más que sustentado por sus cualidades asfálticas antes que camperas.

 

No obstante, figura como un vehículo atractivo para aquellos interesados en una opción familiar amplia, bien equipada y cómoda para los traslados largos. O para que papá disfrute la conducción veloz en las curvas que encuentre, ya sea en su viaje diario o en el paseo dominical.

 

Unidad probada

2.0 HSE AUTO 4WD (57,900 dólares, a fecha de la prueba)

 

NOS GUSTA

-      Energía del motor

-      Caja proactiva

-      Comodidad interior

 

NOS GUSTARÍA

-      Capacidad todoterreno

-      Neumáticos off-road

-      Mejor gasto de combustible

 

Resumen técnico

MOTOR

Tipo/cilindrada: L4, 2.0 l, turbo

Potencia máxima: 240 hp a 5,800 rpm

Par máximo: 340 Nm a 1,750 rpm

TRANSMISIÓN

Caja: Automática, nueve velocidades

Tracción: Integral permanente

DIMENSIONES

Largo x ancho x alto: 459 x 189 x 172 cm

Distancia entre ejes: 274 cm

Cajuela: 340 litros

Peso vacío: 2,045 kg

PRUEBAS AUTOMÓVIL (a 2,240 msnm)

0 a 400 metros: 17.84 s

Rebase 80 a 120 km/h: 7.60 s

Frenado de 100 a 0 km/h: 42.7 m

Consumo medio: 10.4 km/l

 

 

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