Lamborghini Huracán LP610-4: prueba de manejo

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Por Manuel Fernández Fotos: Carlos Quevedo Edición para online: MF

 

https://www.youtube.com/watch?v=g2qe80Gb93Y

 

488 GTB, AMG GT-S, 570S, 911 Turbo S, GT-R... ¿Qué tienen en común? Todos son turbocargados, algunos desde que nacieron –o casi– y otros por evolución, pues sin ser nueva esta tecnología, se está expandiendo a un ritmo vertiginoso en tiempos recientes.

 

La excepción es un ya veterano (y deseable) V12 Vantage o tanto el saliente como el entrante Audi R8. Y solo el Audi, pariente de este Lamborghini, comparte en su nicho esa virtud de un propulsor aspirado.

 

Porque sí

 

Adentro es muy interesante. Si creíamos que Mercedes-Benz ya había sido muy audaz con la cabina casi aeronáutica del AMG GT-S, con este Lamborghini nos volvimos a quedar un rato descifrando como hacer algunas tareas básicas. ¿Por qué no
eliminar esas comunes palancas de los intermitentes y los limpiaparabrisas? Pónganlo todo en el volante, ya Ferrari lo hizo. Detrás únicamente quedan las enormes paletas de cambio metálicas.

 

¿Y para encender el 5.2? Psicología inversa: el botón está “enjaulado” detrás de una perilla roja que hace falta levantar, como si nos estuvieran advirtiendo –o prohibiendo– que darle vida al V10 no es cualquier jueguito. Es más una tentación que emociona y, en realidad, todo un ritual extraído del mismísimo Aventador.

 

En lo demás, más palanquitas al estilo avión cumplen más mundanas labores.

 

 

Rabia

 

De experiencias previas habíamos oído cantar a esos 10 cilindros y jamás estará de sobra volver a encontrárnoslos. En esta ocasión el 5.2 tiene inyección mixta (directa o indirecta, según la carga), 610 caballos y 560 Nm de par (413 lb-pie). Eso es mucho para una criatura que en vacío apenas supera la tonelada y media.

 

¿Y qué pasa en la práctica? Una vez cumplido ese lapso de entendimiento, de tanteo con el nuevo animal que estamos conduciendo, el Huracán se convierte en esos pocos coches que, al acelerar sin compasión, nos sacan una sonrisa idiota y nos hacen gritar una que otra vulgaridad de pura alegría.

 

Abruma no solo esa aguda y eufórica tonada detrás nuestro sino esa forma de empujar que no discrimina régimen de giro: prácticamente desde 1,000 rpm hay torque para subir con mucha fuerza hasta un margen entre 6,000 y el brutal corte en 8,500, en el que todo se vuelve aún más intenso.

 

En el pasado quedan esos brincos de la caja robotizada de embrague simple.

 

La transmisión de doble clutch (Doppia Frizione) sucede cada cambio sin alteración alguna... a menos que elijamos la modalidad de manejo “Corsa” que nos obliga a seleccionar cada marcha por nosotros mismos y, al hacerlo, el pequeño Lambo se sacude con brusquedad. El cambio de carácter es brutal y terminamos optando por el punto intermedio, el modo “Sport”, en el que ya el V10 empieza a ronronear más duro y la rapidísima dirección merma su asistencia, esa que hace tan fácil el tráfico urbano al circular en “Strada”.

 

Y es que justo esa dirección, de no tanta retroalimentación pero marcada inmediatez, es el lógico complemento al más ligero chasis de fibra de carbono y aluminio, pues los cambios de rumbo carecen de dramas. Al salir de una curva el sistema de tracción total muestra el natural subviraje que incita a liberar algo de presión sobre el acelerador, convirtiéndose inmediata, pero sutilmente, en una cola que se desliza sin asustar, una reacción corregible de forma natural, sin forzarse y apoyada por un evidente reparto del diferencial central que favorece al eje trasero.

 

Seguimos jugando y la suspensión de dureza variable por supuesto que transmite todo lo que pisamos, pero al menos en nuestra experiencia, ni en el tope de su rigidez posible convierte al pequeño Lambo en uno de esos coupés saltarines a consecuencia de un mecanismo que no da abasto con lo que pisa.  El control es total hasta en situaciones complicadas.

 

Los cuatro discos carbono-cerámicos aguantaron sin mayores problemas y el tacto al pie siempre fue el idóneo a pesar de una resistencia irregular que le endilgamos a un asistente de emergencias muy sensible: al ir a ritmos moderados el recorrido del pedal no es el más inmediato, aunque si se llega a soltar el acelerador con rapidez, ese mismo pedal cambia su respuesta con claridad y es más reactivo.

 

 

Potencial

 

El LP 610-4 que tuvimos entre manos es apenas la primera expresión de un automóvil al que Lamborghini le sacará muchísimo provecho. Es una base que podrá ser trabajada para distintas aplicaciones y si empezaron así de bien con el coupé que inaugura la camada, ya nos queda la impaciencia de ver lo que tiene en mente la casa de Italia para la próxima década.

 

 

Unidad probada

396,000 dólares

 

NOS GUSTA

Todo del V10

Su nueva caja

Sensación de ligereza

 

NOS GUSTARÍA

Tacto de freno más natural

Tenerlo por más kilómetros

Probarlo con llantas más blandas

 

 

Resumen técnico

 

MOTOR

Tipo/cilindrada: V10, 5.2 l

Potencia máxima: 610 hp a 8,250 rpm

Par máximo: 560 Nm a 6,500 rpm  

TRANSMISIÓN

Caja: Manual robotizada, siete velocidades

Tracción: Integral permanente

DIMENSIONES

Largo x ancho x alto: 445 x 192 x 116 cm

Distancia entre ejes: 262 cm

Cajuela: 110 litros

Tanque de combustible: 80 litros

Peso vacío: 1,551 kg

PRUEBAS AUTOMÓVIL (a 2,240 msnm)

0 a 400 metros: 12.77 s

0 a 100 km/h: 4.67 s

Rebase 80 a 120 km/h: 2.27 s

Frenado de 100 a 0 km/h: 34.05 m    

Consumo medio: 7.3 km/l

 

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