Ford Edge: prueba de manejo

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Por Manuel Fernández / Fotos: Carlos Quevedo 

 

Una estructura más rígida, suspensión mejorada y calidad percibida optimizada son algunas de las cartas que se proponen para lanzar esta crossover hacia una competencia más global, premisa con la que Ford ha venido desarrollando nuevos productos en el último lustro, desde la sensata EcoSport, pasando por el icónico Mustang o el Fusion/Mondeo que le cede su plataforma a la Edge.

 

 

Parte del equipamiento se revitaliza con elementos ya presentes en otros Ford contemporáneos y, para el caso de la oferta mexicana a la fecha de publicación, la opción mecánica está casi inalterada.

 

Quien escribe estas líneas recuerda con claridad la primera vez que condujo la Edge de primera generación. Era 2011 y tan profundo facelift a la camioneta de Ford impactaba de primera por su audaz propuesta de un tablero casi sin botones, asombro que poco a poco se diluía debido a ciertas complicaciones prescindibles. Esa fue una impresión general entre el público y Ford la supo escuchar.

 

 

De esta forma, se mantiene una pantalla táctil –con su ocasional retraso– que puede operar prácticamente todas las funciones disponibles, pero dando la opción alternativa de mandos físicos para lo básico en la gestión de la radio y la climatización, o en algo tan simple como la activación de las luces intermitentes. Y eso no ocurría antes.

 

La navegación entre menús trae de antes esa separación de colores temáticos (radio, teléfono, elección de temperatura... etc.), mientras con las flechas en cada brazo del volante se aprende a mirar entre las informaciones a lado y lado del velocímetro, separadas entre datos de funcionamiento –izquierda– o de conveniencia –derecha-. Suena complejo, pero cualquiera familiarizado con un celular moderno lo entenderá sin mayores tropiezos.

 

Otra evolución está en el nivel de acabados, con uniones más estrechas, molduras con textura, mullidos en ciertas zonas de la consola central, una guantera que se abre por botón, una gaveta central alfombrada en la parte superior y con un hule removible en la inferior, o una suave piel de los asientos. Eso sí, en nuestra unidad de pruebas era evidente una condición preserie en algún empalme no tan parejo.

 

 

La orientación de la Edge se hace patente incluso en la postura al volante, dominante dadas las dimensiones a controlar, con unos cojines de excelente mullido y, queriendo evitar unas piernas muy dobladas, un volante que sale apenas para que los brazos no se estiren mucho. Dos enormes bultos en el cofre ayudan a tener el dominio de la trompa y los retrovisores proveen la visibilidad requerida.

 

Atrás el respaldo se reclina, el lugar es propio para tres debido a la sobrada anchura y, poniéndonos quisquillosos, no estaría de más una banca deslizable. Pese a que se conserva un V6 aspirado y la línea EcoBoost aún sigue bajo consideración, hubo ganancias en otros aspectos que marcan la diferencia en relación a la pasada Edge.

 

 

En todo caso, el seis cilindros cumple en algo que al final se pensó para el transporte familiar sin mayores exigencias, con su acostumbrada elasticidad y suavidad a medio régimen en el tránsito urbano y la necesidad de subir de 4,000 vueltas en carretera si se desea mantener el ritmo en una vía con pendiente, yéndose hasta un alto corte de 6,600 rpm.

 

De antes se hereda ese agradable sonido, diríamos que melodioso, que empieza a aparecer en unas 3,500 rpm. El refinamiento de esta planta motriz se pierde parcialmente con una caja automática de seis, buena por reacción dada la inmediatez en modo manual o un kick-down en el que es fácil graduar la reducción de uno o dos cambios, pero con una clara tosquedad  al bajar de velocidad que a los más paranoicos les hará pensar que hay un daño: algunas "patadas" son demasiado notorias. Se pierde el botón en el pomo para aumentar o disminuir, reemplazándose con sendas paletas tras el volante.

 

 

Lo mejor de la Edge queda entonces en manos de la suspensión, por un lado por esa marcha suave, silenciosa y relajada, que se come los baches que encontraremos en la deteriorada carpeta asfáltica citadina y apenas nos transmite sacudidas. Adicionalmente, la puesta a punto y la valiosa pérdida de kilos en el registro final en báscula, hacen que esa orientación tan americana no vaya de la mano con una sensación de torpeza al exigirla más de lo recomendable en un tramo curveado. El inevitable balanceo no se antoja excesivo, el apoyo es muy competente y la motricidad es sorpresiva, ayudada por el sistema Torque Vectoring de repartición de par entre las ruedas delanteras y una dirección bien calculada por asistencia y rapidez.

 

 

Resalta también el buen control en autopista y solo habríamos pedido más aplomo de la trasera durante frenadas de pánico, pues mostró ciertos movimientos de lado a lado en nuestras detenciones de emergencia simuladas. Las distancias exhibieron un clarísimo avance, si bien la fatiga de los discos volvió a manifestarse; fenómeno que tiende a común en este tipo de vehículos. El pedal, modulable y no tan esponjoso en condiciones normales.

 

Ford supo atacar los defectos de la pasada Edge, logrando una alternativa válida para muchas SUVs de corte Premium a un precio interesante si se piensa  en la abundancia de espacio y equipamiento de comodidad y seguridad, tal vez con un conjunto no tan pulido para atacar a las marcas de lujo ni con la sofisticación extra de éstas, pero de ahí esa valiosa brecha en costo que resultará atractiva para muchos. Su rival más cercana, una Grand Cherokee también con tracción simple.

 

Unidad probada

590,000 pesos (a fecha de la prueba)

 

 

 

NOS GUSTA

-      Equipamiento de seguridad

-      Calidad de marcha

-      Ergonomía mejorada

 

NOS GUSTARÍA

-      Menos fatiga de frenos

-      Caja más refinada

-      Motor EcoBoost opcional

 

Resumen técnico

MOTOR

Tipo/cilindrada: V6, 3.5 l

Potencia máxima: 280 hp a 6,200 rpm

Par máximo: 338 Nm a 4,000 rpm

TRANSMISIÓN

Caja: Automática, seis velocidades

Tracción: Delantera

DIMENSIONES

Largo x ancho x alto: 477 x 193 x 174 cm

Distancia entre ejes: 284 cm

Cajuela: N.D.

Tanque de combustible: 69 litros

Peso vacío: 1,774 kg

PRUEBAS AUTOMÓVIL (a 2,240 msnm)

0 a 400 metros: 17.71 s

Rebase 80 a 120 km/h: 7.46 s

Frenado de 100 a 0 km/h: 42.37 m

Consumo medio: 8.1 km/l

 

 

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