Fiat 500X: primeras impresiones

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Por Manuel Fernández (@Mfer_89)

 

Apenas días después de la aparición del 500L en México, llega el turno de acercarse a la necesaria carrocería crossover que hace uso del nombre Fiat 500, si bien poco tiene que ver este 500X con sus hermanos de gama.

 

La plataforma está compartida con el Jeep Renegade y la suspensión, de esquema McPherson adelante y multibrazo atrás (otros 500 llevan eje torsional) presenta cambios en su puesta a punto, en el que se percibe una dureza mayor.

 

El tren motor para el caso de la versión que arribará a México es un ya conocido en el grupo FCA, tomándose del Jeep Cherokee. Es el 2.4 denominado TigerShark, con 180 caballos y 237 Nm (175 lb-pie) de torque, que se acopla a una caja automática de nueve velocidades. La tracción será al eje delantero para este mercado, si bien por fuera habrá disponible un 500X con tracción integral permanente.

 

 

En relación a un 500L y a varios –no todos– de sus competidores, hay una primera impresión favorable si de refinamiento se trata. Esto debido a que es el primer Fiat de la línea 500 con plásticos mullidos a bordo, complementándose éstos con las típicas y variadas posibilidades de personalización que abarcan molduras en el mismo color de la pintura externa o tapicerías de variadas tonalidades, destacándose una gruesa piel con un tacto inusual para la gama.

 

En ese sentido, la cabina se asimila más a la impresión premium de un MINI Countryman o Paceman, alejándose de otras alternativas como el Nissan Juke, el Chevrolet Trax o el Honda HR-V. Un punto intermedio, más cercano a las últimas tres comentadas, podría ser el Mazda CX-3.

 

Otro apartado a resaltar en la cabina es una postura al volante mejor resuelta (menos erguida y vertical, moderna) en comparación a un 500 convencional o un L.

 

 

Siguiendo con el mencionado refinamiento, está una calidad de marcha que aún inclinándose a cierta rigidez que contribuye a un mejor control de carrocería en curvas (eso lo comprobamos de primera mano), no peca de ser muy nerviosa y tiende a un aplomo que da a entender una mayor distancia entre ejes.

 

El tacto de la dirección eléctrica resuelve un claro aislamiento con una precisión correcta, mientras la respuesta del 2.4, al menos a nivel del mar, exhibe buen par desde unas 3,000 rpm, para tornarse más suelto poco antes de las 4,000 (ya vendrá un análisis a la altura del DF y gasolina local).

 

Como se ha sentido en ocasiones anteriores, la transmisión de nueve velocidades no brilla por suavidad o velocidad entre cambios si se opera en modalidad manual, quitándole méritos al resto del conjunto porque además las caídas entre cada engrane no aprovechan la cantidad disponible, sino que sobran relaciones de desahogo.

 

 

Por equipamiento, México verá una dotación que abarca siete bolsas de aire, control de estabilidad, anclajes ISOFIX para sillas infantiles, luces halógenas, rines de 16 a 18 pulgadas según el nivel de equipamiento (habrá cuatro), acceso y encendido manos libres, control de presión de llantas o techo panorámico.

 

Los precios se estiman entre los 365,000 y 465,000 pesos cuando el 500X arribe en julio desde Italia (el 500L se hace en Serbia).

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