Crean en el MIT nuevo material para supercondensadores

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Por José Virgilio Ordaz (@Neckriagen).

 

Si las cosas salen como deben, en algo más de una década los autos eléctricos coparán la quinta parte del mercado mundial. Pese a los mayores avances, precio y autonomía siguen siendo las principales inquietudes del grueso del público, por lo que la investigación no se detiene para tratar de hacer más eficientes y accesibles este tipo de vehículos.

 

Así, tras las baterías de iones de litio que se han vuelto la norma (contra las de ácido plomo de toda la vida), el reciente anuncio de Faraday de usar batería de alta densidad energética o la declaración de Karma Inc de tener en desarrollo baterías de litio y grafeno en colaboración con la UCLA, es ahora es el Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) el que presenta un nuevo material para supercondensadores.

 

A diferencia de una batería, que parte de un principio químico, un condensador almacena energía mecánica latente. El supercondensador del equipo encabezado por el profesor Yang Shao-Horn no utiliza carbono entre sus componentes, sino lo que llaman “armazones organometálicos”, que usualmente combinan carbono con metales, pero aquí la ausencia del citado elemento significa que no tiene que trabajar a elevadas temperaturas (el grafeno se obtiene a 800 grados centígrados) ni se requiere del uso de otros compuestos de producción compleja.

 

 

Como el grafeno (este, a base de carbono, segunda imagen), el armazón organometálico tiene una densidad muy baja y una alta porosidad, lo que significa que cuenta con una amplia superficie expuesta en comparación a su tamaño (hablamos en términos microscópicos), lo que aumenta la producción de energía en proporción, además de conservarse mejor tras repetidos ciclos de carga y descarga. Tras un ensayo de 10,000 ciclos, apenas había perdido un 10% de capacidad generadora, intenten hacer eso con la batería de su celular.

 

El gran problema es que de momento el material no es un conductor muy eficiente (algo de lo que sí puede jactarse el grafeno), aunque es algo en lo que están trabajando. El equipo afirma que este es “sólo el principio”, pues los armazones organometálicos son estructuras cuyas propiedades pueden variar ampliamente a medida que se modifica su estructura química: “Tenemos un nuevo material para trabajar totalmente ajustable, y no lo hemos optimizado en absoluto, eso es lo emocionante”.

 

Esto, trasladado al mundo automotriz, significa que se podrá almacenar una mayor cantidad de energía en un menor volumen, lo que reduce el peso del vehículo y aumenta la autonomía, además de reducir el tiempo de recarga ¿Cuánto? De momento no se atreven a dar estimaciones, ni una fecha concreta. Pasaron casi quince años entre el General Motors EV1 (el del documental Who Killed The Electric Car?) y el Chevrolet Volt de calle, dado el interés que ha generado este tipo de tecnología, no debería pasar tanto tiempo para que los autos con supercondensadores a base de armazones organometálicos sean una realidad.

 

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