40 años del Mazda RX-7: Icono rotatorio

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Hace 40 años Mazda presentó el RX-7, un auto que puso a la firma de Hiroshima en el centro del panorama automotriz mundial y que, con el tiempo, se convertiría en el embajador incuestionable del motor rotatorio en todo el mundo. Por Edmundo Cano     Mazda debutó su versión del motor rotatorio en 1967 bajo el cofre del Cosmo Sport, un pequeño deportivo que puso los ojos del mundo en la pequeña firma de Hiroshima, pues el auto no solamente tenía un estilo bello y futurista, su poco convencional motor lo convertía en algo verdaderamente único en el panorama automotriz. Pero en los años subsecuentes, Mazda aplicó el motor rotatorio en todo tipo de automóviles, desde sedanes familiares y guayines hasta pick-ups e incluso autobuses. Tuvo que pasar más de una década para que la planta de poder insignia de Mazda volviera a propulsar un auto puramente deportivo, que a la postre se convertiría en un auténtico ícono. Lanzado a finales de 1978 como año-modelo ‘79, el RX-7 fue uno de los autos que cimentó la reputación de los deportivos japoneses en una época crucial para la industria automotriz nipona, que ya había logrado llegar a los mercados europeo y americano con productos económicos y confiables, y ahora necesitaba coches ‘halo’ para establecerse plenamente. El proyecto fue apadrinado por Kenichi Yamamoto, el ingeniero en jefe del departamento de desarrollo de Mazda, quien había hecho que el motor rotatorio fuera adoptado por la compañía, desarrollando el Cosmo Sport en los 60. Su equipo de ingenieros, conocidos como ‘los 47 samuráis’ convenció a la directiva de Mazda de que desarrollar un nuevo coche deportivo era una prioridad para llegar a la década de los 80 con un producto fresco y emocionante. Y tenían razón.   El diseño de la primera generación del RX-7, denominada SA22C, corrió a cargo de Matasaburo Maeda, padre del actual jefe de diseño de Mazda, Ikuo Maeda. El carro estaba inspirado en los deportivos de la época, con líneas cuneiformes, faros abatibles y una cabina tipo hatchback. Su cofre de bajísimo perfil escondía su más grande atributo: el motor 12A de doble rotor, con un desplazamiento nominal de 1,146 cc, capaz de producir 100 HP que viajaban a las ruedas traseras vía una caja manual de cinco velocidades, aunque más adelante se implementarían transmisiones automáticas como opción. A pesar de su relativamente baja potencia, el contenido peso del RX-7 le permitía moverse con una soltura sorprendente; además, el auto nunca tuvo como enfoque la fuerza bruta, sino un balance ideal de manejo. Las compactas dimensiones del motor rotatorio permitían montarlo por detrás del eje delantero, dándole una configuración de motor central-delantero y la ideal y elusiva distribución de pesos 50-50, así como un centro de gravedad extraordinariamente bajo. Sus suspensiones –eje rígido 4-link y anclaje Watts atrás y esquema MacPherson adelante-– estaban cuidadosamente afinadas para ofrecer un manejo ágil, preciso y muy responsivo. En las pruebas de la prensa automotriz de aquel entonces el RX-7 rutinariamente superaba a autos con más del doble de potencia. Sus capacidades dinámicas eran sorprendentes, pero su verdadero atractivo era el precio, pues el RX-7 era, por mucho, el mejor deportivo que el dinero podía comprar en los países donde estuvo disponible, costando mucho menos que sus rivales directos como el Nissan 280Z y, en algunos casos, hasta la mitad de su precio, como con el Porsche 924. Los entusiastas del manejo deportivo no pudieron resistirse al RX-7, en especial después de 1983, cuando ofreció por primera vez un motor turbocargado que entregaba 165 HP. Más de 471 mil ejemplares de la primera generación se fabricaron de 1979 a 1985, cuando llegó al relevo el FC3S.  

Nuevos tiempos

La nueva generación del RX-7 tenía un estilo mucho más contemporáneo, obra de Akio Uchiyama, quien tomó como inspiración a autos como el Porsche 944 para los trazos del nuevo RX-7, el cual aplicaba mucha de la alta tecnología que para los años 80 se había convertido en sinónimo de la industria automotriz japonesa, como un sistema de dirección trasera pasiva, y amortiguadores electrónicos autorregulables. Pero su novedad más grande estaba bajo su cofre: una nueva evolución del motor rotatorio. Denominado 13B, por su desplazamiento nominal de 1.3 litros, era una versión más grande –literalmente, cada rotor era 10 mm más largo que los del 12A– y tenía un mejor sellado de las cámaras de combustión. En su versión de aspiración natural producía casi 150 HP, y con un turbocargador interenfriado llegó a los 215 HP en los modelos especiales Infini del mercado japonés. A pesar de todo esto, era un auto más blando que el SA22C, más enfocado al lujo y la calidad de marcha, un auténtico gran turismo que, sin embargo, seguía ofreciendo una de las experiencias de manejo más envolventes del mercado. Y siendo la única generación del RX-7 en ser ofrecida con carrocería convertible, atrajo a nuevos clientes que años antes no hubieran contemplado adquirir uno. Por todo esto, el FC3S resultó un éxito comercial, pues aunque no se acercó siquiera a las cifras de su antecesor, se vendieron más de 272 mil ejemplares hasta que dio paso al RX-7 definitivo, el FD3S, en 1992.  

High-tech

Esta nueva generación combinaba los mejores atributos de sus predecesores, pues era un auto extremadamente enfocado al manejo deportivo y ágil, tal como el SA22C, pero incorporaba tecnología de punta justo como el FC3S. Por primera vez ofreció dos turbocargadores secuenciales interenfriados acoplados al motor 13B, que llegó a desarrollar 276 HP… aunque hay que recordar que en los días del ‘acuerdo de caballeros’ de las armadoras japonesas, el cual teóricamente limitaba la potencia de los autos producidos en Japón a 276 HP, muchas veces estas cifras se declaraban muy por debajo de lo que los motores realmente desarrollaban. En el caso del FD3S, se ha estipulado que estaba muy cercano a los 320 HP. En los años 90, la era cúspide de los deportivos japoneses, Mazda tuvo en el RX-7 a un representante digno, que le plantó cara a nombres como el Toyota Supra, el Nissan Skyline GTR y el 300ZX, el Mitsubishi 300GTVR4 y el Lancer Evolution, y el Subaru Impreza WRX STI, manteniendo el espíritu de la marca intacto gracias a su planta de poder rotatoria. A pesar de ser el RX-7 más refinado de todos, y el más reconocible para los entusiastas, es también el más raro, pues poco menos de 69 mil unidades fueron fabricadas a nivel mundial. De hecho, a partir de 1995 dejó de venderse en los mercados internacionales, mientras que en Japón duró en producción hasta 2002, cuando el motor 13B no pudo cumplir con las nuevas normas ambientales; Mazda, en una muestra de profundo respeto por la esencia de su deportivo insignia, prefirió descontinuarlo antes que dotarlo de un mundano motor de pistones.  

En las pistas

El RX-7 tuvo un enorme éxito en el deporte motor. En 1980 y 1981, los RX-7 preparados por Tom Walkinshaw Racing se adjudicaron el Campeonato de Turismos Inglés, con una victoria absoluta en las 24 Horas de Spa de 1981, el primer auto japonés en lograr semejante hazaña. En Australia la historia fue similar. La superestrella Allan Moffat ganó por cuatro años consecutivos el Campeonato Australiano de Turismos al volante de un RX-7, de 1981 a 1984. Moffat también ganó el Campeonato Australiano de Resistencia en un RX-7 en 1982 y 1984, y en 1983 también lo ganó un RX-7, pero en manos de Peter McLeod. Mazda incluso preparó un RX-7 para el Grupo B del WRC, que debutó en 1981; sin embargo, nunca fue competitivo frente a la oleada de autos de tracción integral que dominaron dicha categoría hasta su desaparición en 1986. Pero donde el RX-7dominó más fue en suelo norteamericano, en el serial IMSA, donde debutó en 1979 en la categoría GTU, ganando las 24 Horas de Daytona y llevándose el campeonato. Fue el primero de siete campeonatos consecutivos de IMSA GTU. También se adjudicaría 10 campeonatos seguidos de la categoría GTO, a partir de 1982. Durante esta época de dominación absoluta, el RX-7 consiguió más de cien victorias corriendo bajo el amparo de IMSA, manteniéndose hasta nuestros días como el auto que más triunfos ha obtenido en la historia de esta organización.