Volvo-Scania, la fusión lejana

La política europea se suele decantar por los grupos transnacionales más que por los gigantes nacionales, lo que significa que probablemente la fusión finalmente sea denegada por la Comisión de la Competencia.

La fusión de la empresa de camiones Volvo con su compatriota sueca Scania está cada vez más lejos. Volvo ya había aceptado la limitación impuesta por la UE de reducir sus ventas de camiones y autobuses en la región nórdica, además de deshacerse de tres fábricas de ensamblaje en la misma zona. Parece que estos pasos no son suficientes para que la Unión Europea dé luz verde a esta fusión, valorada en 6.800 millones de dólares (1.156.000 millones de pesetas). El presidente de Volvo, Leif Johansson, ha amenazado con trasladar la producción de su empresa fuera de Suecia, si finalmente no se le permite la fusión con Scania. Según Johansson, las reglas de la institución comunitaria no son iguales en materia de fusiones para todas las compañías automovilísticas. El "miedo" de la UE es que Volvo pueda suponer el 90 por ciento del mercado en determinados países, como Suecia, por ejemplo. El próximo martes, día 14 de marzo, se hará pública la decisión de la Comisión Europea.