Una puerta hacia el futuro

No es F-1, ni tampoco el Mundial de Rallyes. La carrera Michelín Challenge Bibendum ha mostrado este año en Shanghai los últimos avances de la industria en coches ecológicos. Se han medido consumos, emisiones, ruidos y hasta aceleraciones. De la exhibición, dos conclusiones: sobresaliente para la electricidad y el hidrógeno y notable para los biocarburantes. Por cierto, el ganador ha sido el Toyota Prius, pero eso, aquí, es lo de menos.

Una puerta hacia el futuro
Una puerta hacia el futuro

La Challenge Bibendum se ha consolidado en los últimos dos años como el verdadero “Mundial del automóvil ecológico". Como si de la mejor competición futbolística se tratara, en ella se dan cita los coches más innovadores y sostenibles del planeta. No obstante, como ocurre en el mundo del balón, también hay otros campeonatos donde se lucen las jóvenes promesas. Son citas más que interesantes que pretenden fomentar el uso de vehículos muy poco contaminantes. Aquí, lo importante tampoco es ganar, sino participar y mostrar nuevas ideas.La más antigua de estas iniciativas es, probablemente, la Eco Marathon, un evento que organiza la petrolera anglo-holandesa Shell desde 1977. Se trata de una prueba con unas reglas algo difusas, pero que, al fin y al cabo, premia a los vehículos que recorren con menos combustible el mayor número de kilómetros posible. Los participantes, por tanto, suelen ser graciosos prototipos dotados de motores microscópicos de gasto irrisorio, que, aunque jamás llegarán al mercado, aportan buenas ideas para la industria de la automoción. Tampoco participa cualquiera. Los equipos inscritos deben superar primero varias tandas de clasificación nacionales para competir luego a escala mundial. El objetivo final, una vez iniciada la competición, es recorrer la mayor distancia con sólo un litro de combustible. Y, aunque no lo parezca, da para mucho: el récord actual está establecido en 3.482 kilómetros. Dicha marca la logró, en 1999, la escudería francesa La Joliviere, vencedora también en la última edición (celebrada durante el pasado mes de mayo).El perfil de coche que participa en la iniciativa es diverso, aunque hay ciertas características comunes. Son vehículos generalmente diminutos, con motores artesanos y con una buscada estructura aerodinámica, con la menor resistencia posible al viento. Los equipos de primer nivel cuentan para su creación con expertos en orografía y telemetría para encontrar la táctica más apropiada. Una vez descubierta, a estos prototipos sólo les queda rodar durante 52 minutos por el circuito elegido para cada edición, mientras los principales fabricantes de la industria anotan los hallazgos tecnológicos.

Con un carácter parecido, en cuanto al ahorro de combustible, llega cada año a Australia la Solar Challenge Oddysei, una carrera patrocinada por la Asociación de Productores de Plástico y la Agencia Espacial Europea. En esta cita, en cambio, la organización premia al vehículo que recorra, en el menor tiempo posible, los 3.000 kilómetros que separan las ciudades de Darwin y Adelaida. Eso sí, con dos condiciones indispensables: la primera, el respeto a los límites de velocidad; la segunda y más importante, la utilización de energía solar como forma exclusiva de alimentación. Se acabó el petróleo. Los participantes son también verdaderos prodigios de la aerodinámica y van recubiertos de paneles solares para captar la mayor cantidad posible de sol. La mejor marca hasta la fecha está en posesión de un vehículo denominado Nuna, que tardó únicamente 32 horas y 39 minutos en recorrer en 2001 el desierto australiano, con una velocidad media de 91 km/h. Fue, además, el primer automóvil solar que consiguió recorrer 830 kilómetros de carrera durante ocho horas, alcanzando así velocidades superiores a los 100 km/h. ¿Quién piensa todavía que este tipo de energía seguirá siendo incompatible con el rendimiento prestacional?La iniciativa que ahora nos ocupa no es exactamente una competición, pero sirve fielmente al propósito de concienciación ecológica, que es, en definitiva, de lo que se trata. El Opel Fuel Cell Marathon consiste en un recorrido por 14 países, más de 10.000 kilómetros, a bordo de un vehículo propulsado por pila de combustible. En la última edición, celebrada el pasado mes de mayo, el protagonista fue el Hydrogen 3, un automóvil desarrollado por General Motors y basado en el actual Opel Zafira. Su propulsor eléctrico desarrolla una potencia de 82 CV; además, es capaz de generar energía eléctrica para su alimentación a partir del hidrógeno líquido almacenado en el automóvil.El peregrinaje de este tipo de vehículos quiere demostrarnos que la pila de combustible es una alternativa real al petróleo en los automóviles. Cada parada, además, llega acompañada de conferencias y actos de promoción de este tipo de energía.El Opel Fuel Cell Marathon no es tampoco el único proyecto experimental que trata de promover el uso de la pila de combustible. Este mismo año, unos jóvenes ingenieros alemanes desarrollaron un prototipo que, con sólo dos kilos de hidrógeno, superó los cerca de 3.000 kilómetros que separan Barcelona de Berlín. Atrás dejó los Pirineos, el Macizo Centroeuropeo y ciudades como Marsella, Amsterdam o Hamburgo. El coche se realizó como una especie de bala colocada sobre tres ruedas, en las que se acurruca un conductor y se apiñan un motor eléctrico, una célula de combustible (desarrollada por Ballard, líder en este campo) y dos depósitos para el hidrógeno. En el proyecto, solventado con éxito, se involucraron también grandes compañías como DaimlerChrysler o Continental.
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