Porvenir halagüeño para los motores convencionales

Las ponencias matutinas de la segunda jornada del curso han dejado claro que la vida de estos impulsores estará garantizada en los próximos 6 u 8 años y que será la legislación la que defina un futuro más lejano. El afán de los países y organismos internacionales en reducir los niveles de contaminación producidos por un vehículo recién salido de fábrica podría llevar a exigir límites impensables con la tecnología disponible.

Los encargados de las ponencias fueron los catedráticos de Máquinas y Motores Térmicos de las ETS de Ingenieros Industriales de Madrid y Valencia, Jesús Casanova y Francisco Payri, respectivamente. La intervención del primero versó sobre los motores de gasolina, mientras que el segundo desveló todos los secretos sobre los impulsores de gasóleo.

Ambos coincidieron en señalar la dificultad existente para realizar previsiones de futuro a largo plazo (hacia el 2020), debido a la espectacular evolución tecnológica habida en los últimos años, con lo cual sus respectivas ponencias se centrarían en estimaciones a ocho o diez años máximo. No obstante, sí se atrevieron a afirmar que "en 20 años continuará habiendo motores Diesel y de gasolina en automoción".

Revolución tecnológica
Francisco Payri se refirió a este insólito, hace unos años, desarrollo técnico como "revolución tecnológica", explicando que había sido provocada por la cada vez más exigente legislación anticontaminante promovida desde estamentos supranacionales, como la ONU o la Unión Europea.

En términos parecidos se expresó su colega Jesús Casanova, quien reafirmó que el escenario actual en el que se desenvuelve el desarrollo de este tipo de propulsión es un panorama tendente a la reducción de emisiones contaminantes y de rebaja del consumo medio (dióxido de carbono). Eso habría impulsado el estudio concienzudo y, consecuentemente, la aparición de impulsores más evolucionados de lo que hace unos años se podría suponer.

Del mismo modo, Francisco Payri significó que, si bien el endurecimiento de la normativa anticontaminante había sido un acicate para la industria, también podría significar su defunción de continuar los organismos internacionales exigiendo niveles que, con la tecnología actual, sería imposible cumplir.

En el caso de los motores Diesel, explicó Payri a modo de ejemplo, en 1992 no existían de inyección directa, mientras que, a fecha de hoy, se estima que ocupan un 85 por ciento del total.

Por último, los requerimientos del usuario han sido también culpables de este avance en la tecnología de combustión interna. El consumidor medio quiere, cada vez en mayor medida, vehículos de gasolina que consuman menos y automóviles de gasóleo que corran más.

Tendencias de futuro
Los dos expertos dedicaron gran parte de su tiempo a explicar las soluciones tecnológicas de sendos sistemas de propulsión y cuál sería su predecible evolución.

Según Casanova, el futuro de los motores gasolina está en la electrónica de control avanzada, en la admisión variable, en el desarrollo de la inyección directa y en la evolución de los propios combustibles hacia mezclas menos contaminantes, métodos que gran parte de los fabricantes había comenzado ya a aplicar en sus modelos.

Asimismo, ha destacado la importancia de la propulsión híbrida en el horizonte futuro.

En cuanto a los propulsores Diesel, Francisco Pairy ha reconocido la importancia de los sistemas de inyección electrónica, especialmente el "common rail", como alternativas de futuro a la inyección directa mecánica. A su juicio, esta fórmula de combustión tiene todos los pronunciamientos para copar el mercado en unos años.

También destacó la preponderancia adquirida en los laboratorios de ensayo por otras técnicas modernas como la recirculación de los gases de escape (EGR) y la sobrealimentación por turbina de geometría variable.