El placer de viajar hoy en coche diésel… a pesar de los precios del combustible

Imagino que tus ojos y oídos se habrán acostumbrado ya a oír las andanzas positivas de buena parte de los usuarios de coche eléctrico cuando de realizar recorridos largos se trata, siempre de manera “idílica”. En nuestro caso, nos vamos al extremo opuesto para realizar un viaje recurriendo a un mal visto y satanizado diésel. Casi 900 km en una jornada a bordo de un Peugeot 308 HDI. Te contamos el resultado, pese a los precios de los combustibles...

Juan Carlos Payo.

El placer de viajar hoy en coche diésel… a pesar de los precios del combustible
El placer de viajar hoy en coche diésel… a pesar de los precios del combustible

No hace mucho, un alto directivo de una marca automovilística me justificaba el confort de cargar un eléctrico en casa antes de salir de viaje frente a tener que ir a una gasolinera para salir con el depósito lleno y en igualdad de condiciones. En el peor de los casos, si decides salir con tu motor de combustión cargado hasta arriba de combustible, tendrás donde hacerlo a no más de cinco minutos de donde te encuentres y cuando lo desees y como lo desees. Ya no voy a entrar en que en las grandes rutas, muy malo tienes que ser para quedarte tirado sin combustible porque las gasolineras siguen siendo masivas a pie de ruta o en pueblos adyacentes.

Los tiempos de viajar en un diésel... o en un eléctrico

Dicho esto, mi viaje playero tenía un motivo: una obligatoria reunión de trabajo a mediodía, a las 12. El navegador me habla de que tengo 433 km desde mi punto de salida, Madrid, a la localidad alicantina de Santa Pola. ¿A qué hora salgo, pienso la noche anterior? Hago mis cálculos mentales –es verdad que con el depósito ya lleno- y decido que las siete y media de la mañana es buena hora para no necesitar ir rápido, parando cuando me apetezca a desayunar o estirar las piernas, y llegar a tiempo. Pienso la logística de viaje para esa misma reunión si me hubiese tenido que mover en un eléctrico y cómo la habría planificado. Desde luego no habría salido a la misma hora pensando que al menos una recarga le tendría que haber metido, y siempre y cuando no hubiese ningún incidente de carga. Me tendría que haber regalado una hora u hora y media de margen por si acaso, o sea, salir a las seis de la mañana. Y conociéndome, para amarrar, me habría terminado marchando la tarde anterior.

Viajamos a la playa en un coche diésel
Viajamos a la playa en un coche diésel.

Botón de arranque y, oh cielos, cómo suena el diésel simplemente al ponerse en marcha, sin haber insertado ninguna marcha. Casi se me había olvidado con la actual hibridación de cualquier tipo que te saca de parado en modo eléctrico. Pero en cuanto empiezas a rodar interiorizas ese ronroneo que se termina mimetizando con el sonido de rodadura y el de resistencia aerodinámica.  Climatizador puesto a 22,5 grados para una temperatura exterior en el inicio de 20 grados –luego irá subiendo hasta superar la treintena-, los que nos pide el cuerpo, sin escatimar, y primeros 434 km por delante en nuestro navegador.

Primeros kilómetros en marcha

Algo de congestión para salir de Madrid pero a partir del pk 20 de la A3, tráfico normal de un día de diario con obras por mejora del asfalto que durante unos pocos kilómetros reducen la circulación a un carril por sentido –también nos sucederá a la vuelta-. Primera hora de recorrido con una media de 67 km/h y un consumo de 4,3 l/100 km. Hemos elegido el modo Eco de los tres programas de conducción que nos ofrece el Peugeot 308 HDi para acompañarnos en el recorrido. La verdad es que no vamos de miniconsumo pero no necesitamos mucho más para rodar tranquilos. Ya por autovía abierta, nos fijamos un crucero de 120 km/h, km arriba o km abajo.

En el acumulado de la segunda hora de camino, y ya con velocidad de crucero estabilizada, aunque con una orografía que sube antes de posteriormente caer hasta nivel del mar, marcamos un acumulado de 95 km/h y 4,6 l/100. Parada de 10 minutos para estirar piernas cuando el cuerpo nos lo pide, café rápido para despejarnos y seguimos ruta buscando el Mediterraneo para llegar a destino tras recorrer 434 km con una media de consumo de 4,4 l/100 y a 102 km/h de media con un poco menos de 5/8 de depósito disponibles según el marcador.

Viajamos a la playa en un coche diésel
Los consumos, rondando los 4,4 l/100 km.

Camino de vuelta

Reunión finiquitada y a las cuatro y media de la tarde, vuelta a Madrid. Marcador a cero para ver comportamiento a la vuelta aunque manteniendo el acumulado vivo –te lo permite el ordenador de a bordo del 308 HDi-. Seguimos con nuestros 22,5 grados para el climatizador. Fuera hace calor, no asfixiante pero sí calor. Nueve de la noche y ya en destino. Hemos dejado el nivel del mar y estamos a 670 metros de altitud. Antes, nuevamente una parada donde mi fatiga o necesidades fisiológicas me han aconsejado, no el coche que todavía lleva combustible suficiente para este segundo trayecto.

Punto y final con 868 km acumulados a una velocidad media de 100 km/h y con un consumo de 4,4 litros a los 100. Si solo te ofrezco datos del viaje de vuelta, 99 km/h de media manteniendo los 4,4 l/100 y en este caso habiendo recorrido otros 434 km. El ordenador de a bordo, con 1/8 de capacidad, me anuncia todavía 155 km de autonomía. Hago cuentas y he consumido 38,2 litros que a precio de diésel de hoy en día supondría 76,4 euros pero con confort y seguridad plenas en todo momento y siendo dueño de mi tiempo.

Viajamos a la playa en un coche diésel
Viajamos a la playa en un coche diésel.

Así habría sido el viaje en un coche eléctrico

Mentalmente, y utilizando los diferentes datos de mediciones que me proporcionan mis compañeros de Centro Técnico sobre consumos, autonomías y cargas de coches eléctricos, imagino ese recorrido con un coche de esta misma marca, el Peugeot e-2008. Por muy cargado que hubiese salido de casa, la batería de un de 50 kWh de este coche me habría permitido como mucho aproximarme a los 200 km de autonomía inicial buscando una velocidad de crucero de 120 km/h –172 km de autonomía según nuestras mediciones reales a esa velocidad constante-.

En un supercargador Ionity habría necesitado entre 35 y 40 minutos para buscar el 90 por ciento de capacidad de carga y decidir o parar otra vez antes de destino o bajar velocidad media a como mucho 100 km/h para llegar a la reunión programada, aunque con la ansiedad de llegar muy justo de autonomía –a 100 km hora constantes tenemos medida una autonomía de 225 km- pero jugando con la orografía a favor.

Analizamos si compensa o no comprar un coche eléctrico en la acualidad. Foto: iStock.
Las recargas eléctricas habrían condicionado mucho el viaje de ida y vuelta a la playa si fuesemos en un vehículo de cero emisiones.

Luego ya en destino habría tenido que buscar otro supercargador que me permitiese durante el tiempo de la reunión salir cargado a tope para repetir el trayecto en sentido contrario y con la misma primera parada obligatoria en el entorno de los 200 km yendo a 120 de crucero –nunca de media- y nuevamente ralentizar el ritmo para intentar llegar a destino muy justo de autonomía y renunciando a un confort directamente proporcional al de la ansiedad generada. En total, tres recargas mínimas en un supercargador que te habrían llevado a unos 50-60  euros de coste de esa energía necesaria para realizar esos 868 km totales pero sumando a tu reloj más de una hora extra de recarga en ruta, mientras que en tu diésel has ido y vuelto con un depósito parando simplemente si tú quieres, no si por obligación te lo demanda el coche eléctrico. 

Y todo ello sin necesidad de generar un colchón ante posibles incidencias de recarga, puntos ocupados… Sé que los puntos de recarga en ruta se irán incrementando, que las autonomías comenzarán a ser más reales sobre todo en carretera abierta, pero de momento esta es mi realidad y veremos qué sucede con los eléctricos en las operaciones salida que ya están aquí. Y hablo con un buen compañero colega de profesión, y me comenta que él tiene comprobado que en más o menos un 15 por ciento de sus operaciones de recarga se encuentra con algún tipo de incidente que impide una carga limpia y tranquila. Realidades…

 

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