Los acreedores sacuden la cabeza de Fiat

Los bancos acreedores de Fiat y sus principales accionistas no están saciados. La salida de Paolo Cantarella de la Dirección de Fiat ha sido acogida con agrado por los mercados: la acción del Grupo subió ayer un seis por ciento. Sin embargo, los inversores quieren más cabezas cortadas para volver a confiar en el castigado imperio italiano.

Los acreedores sacuden la cabeza de Fiat
Los acreedores sacuden la cabeza de Fiat

La difícil situación del Grupo Fiat, agobiado por deudas que superan los 6.000 millones de euros, se alivió ayer un poco cuando las bolsas de valores reaccionaron con alegría ante la dimisión de Paolo Cantarella, el hombre que ha regido los destinos del emporio en los últimos años. Las acciones de la compañía remontaron un seis por ciento después de meses de caída libre y, por primera vez en las últimas semanas, pareció que la crisis podría superarse.

Sin embargo, los acreedores, principalmente los bancos, siguen sacudiendo el cogollo directivo de Fiat para que caigan las frutas que consideran podridas. Según explica en su edición de hoy el diario económico Financial Times, Damien Clermont, responsable de las finanzas del Grupo, también ha sido marcado como "objetivo" para el despido.
Clermont ha sido criticado por permitir que Fiat se endeude de la forma que lo ha hecho en los últimos años. De momento, los bancos podrían confirmarse con su caída y renuncian a poner un representante propio en el Consejo de Administración.

La sombra de General Motors
Tras la caída en desgracia de Cantarella, hombre fuerte del grupo en las últimas décadas, todos los dedos apuntan al agujero negro de su gestión, la división automovilística. Incapaz de abandonar las deudas, Fiat Auto es un sumidero por el que se van las ganancias de otras divisiones del grupo.

Los inversores y acreedores culparon a Cantarella de obstaculizar las reformas de Giancarlo Boschetti, hombre de confianza del nuevo director general y presidente, Paolo Fresco. Esos roces le costaron el puesto a uno de los más fieles peones de Fiat en los últimos 25 años.

Y, seguramente, la rémora que deja tras de sí acabe costándole a Fiat, y por extensión a Italia, su más granada industria automovilística. Desde que vendió el 20 por ciento de su capital a General Motors, la empresa de Turín guarda con mimo una "put option", una opción para vender al gigante de Detroit el resto de la división antes de finales de 2004. Tal y como están las cosas, en los mercados lo tienen claro: Fiat venderá Fiat Auto en un plazo relativamente breve.

De momento, en la sede de la compañía luchan para evitar esta salida y reflotar la división automotriz. Reducción de plantilla, recorte de un 20 por ciento de la producción, venta de activos, nuevos modelos, menos plataformas, más apoyo de GM... Todo vale. La jugada maestra, la última apuesta, es sacar a bolsa Ferrari, el diamante que más brilla en esa corona de marcas que son, por sí solas, testimonio de la historia del automóvil en Europa.

Además de la venta de acciones del Cavallino, Fiat se deshará, según la prensa italiana, de su participación en Italenergía. Además, su sección de maquinaria agrícola e industrial, Case – New Holland, acaba de comunicar que ampliará su capital para tratar de reducir sus deudas.

Fresco, el "americano"
Al frente de esta amplia maniobra está, con poderes casi absolutos, Paolo Fresco, apodado "el americano" por su conocimiento de aquel mercado, donde fue alto cargo en General Electric.

Fresco, que ya presidía el Consejo de Administración de Fiat, asume también el puesto de consejero delegado. Tiene por delante una misión difícil, pero, sin el obstáculo de Cantarella, sus posibilidades de éxito aumentan. Su entendimiento con Boschetti es alto y juntos han logrado introducir cambios importantes en la "filosofía" de Fiat. Esos logros han sido largamente alabados por los mercados que, de momento, le dan su confianza.

Sin embargo, sobre Fresco, y sobre cualquiera que lleve las riendas en Fiat, siempre pesará la sombra de Giovanni Agnelli, el patrón, el heredero del fundador de la empresa y casi un noble en un país sin casa real. Pase lo que pase, su decisión será la última, para eso su familia controla el 30 por ciento del capital de Fiat. Giovanni se opone claramente a la venta a General Motors, aunque su hermano Umberto sí la acepta. De lo que decidan estos veteranos del motor depende el futuro de una empresa que es santo y seña de toda Italia.

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