Por una vez en su vida la
En esta ocasión, con los misiles sobrevolando Afganistán para castigar al régimen talibán por su apoyo al terrorismo islámico, la Opep se mantiene firme y controla los precios a un nivel muy bajo, unos 22 dólares para su precio medio, calculado según la cotización de los siete tipos de petróleo más importantes que produce. Este nivel tan bajo permite que las bolsas de Londres y Nueva York se muevan también en esa zona "fría" de los 22 dólares por barril, algo que no pasaba desde hace mucho tiempo.
Lo más llamativo es que la Opep lleva ya más de 10 días hábiles por debajo de los 22 dólares. Esto, en condiciones normales, habría disparado de forma automática el
Sin embargo, en esta ocasión, los miembros del cártel se muestran reacios a tocar los pozos petrolíferos. La precaria situación internacional desaconseja tomar una medida que afectaría directamente a las ya maltrechas economías occidentales. Además, en Estados Unidos, donde la situación social es muy compleja, un recorte de producción y el consiguiente aumento de precios se entendería como una afrenta. Por si fuera poco, todos los países de la Opep, excepto Irak, se han manifestado a favor de Estados Unidos en su lucha contra el terrorismo. En especial Arabia Saudí y las monarquías del Golfo Pérsico, principales productores de la zona junto con Irán.
Pero hay algo más. Tras las solemnes declaraciones de Alí Rodríguez, secretario general de la Opep, en las que muestra su solidaridad con los acontecimientos mundiales, se esconde una certera observación de los mercados.
Apartada la tensión de la zona productora y desplazada hacia el norte, se garantiza el flujo normal de crudo y, con él, el abastecimiento mundial. Así se superó la primera crisis, inmediata a los atentados. Después, ante lo que es ya una guerra "larga y sucia", en palabras de los políticos norteamericanos, el mundo se ha ido preparando para una crisis de gran duración.
Esto supone que la demanda mundial de petróleo caerá o, al menos, no se incrementará notablemente. Por si fuera poco, atentados, guerra y crisis traen aparejado un notable descenso en los viajes aéreos. La aviación civil consume el ocho por ciento del combustible mundial, una cantidad que caerá en picado.
Ante este panorama tan oscuro, la Opep prefiere esperar a que escampe y no se mueve. De paso, lava su imagen internacional "ayudando" a las economías de Occidente a capear la tormenta.







