La guerra de los coches clones

Imitación de diseños, robo de logotipos, similitud de nombres... China se abre a la automoción de una forma completamente desconocida hasta ahora en la industria: la piratería.

La guerra de los coches clones
La guerra de los coches clones

China abrió sus puertas al mercado en el año 2001. Era un paraíso virgen para los fabricantes de coches y éstos no dudaron en explotarlo: en sólo tres años, pasó de la autarquía a fabricar más coches que –por ejemplo- Francia. Hay 1.300 millones de chinos que, en estos momentos, piensan comprarse un automóvil. Es el nuevo El Dorado de la automoción. La propia Volkswagen casi vende más coches allí que en su Alemania natal. Sin embargo, no todo son buenas noticias: la piratería amenaza seriamente sus ventas. Marcas como Geely, Chery o Shanghuan, con apenas tradición industrial, están plantando cara a los grandes fabricantes; todo a base de plagio. Apenas invierten en investigación, recortan dinero en materiales, cuentan con mano de obra muy barata y, por si fuera poco, copian descaradamente los diseños. El resultado es una auténtica guerra de clones: vehículos muy parecidos en todo salvo en el precio. La última marca que se ha visto sacudida por el robo de diseños es Honda. Su modelo CR-V cuenta con “hermanastros" por toda China. Hebei ShuangHuang Auto Company fabrica un todo terreno muy similar bajo el nombre de Laobao S-RV que cuesta, como informa el diario El Mundo, 10.000 euros menos. La marca Xin Kai también comercializa un todo terreno de parecido más que razonable al de Honda. El caso Honda ya ha llegado a los tribunales chinos, pero este tipo de demandas no suele prosperar. Así lo ha comprobado Toyota, que ya ha perdido dos juicios por piratería contra Geely. Toyota acusa a Geely de copiar su logotipo. En China, se considera que no hay lugar a la confusión entre ambos (júzgalo tu mismo con las imágenes que puedes ver a la izquierda de estas líneas). Estos juicios han animado a otros fabricantes chinos: por ejemplo, el antes citado Hebei tiene un logo formado por aros muy similar al de Audi.

Marcas como Geely, Hebei o Chery forman parte de lo que los economistas denominan “Jóvenes Tigres", marcas que –de momento- no se han atrevido a saltar más allá de sus fronteras.
Frente a ellas, y con técnicas menos cuestionables, se encuentra las denominadas “Tres Cascadas", algo así como los “Tres de Detroit" (GM, Ford y Chrysler), pero adaptadas al mercado nipón. Son Donfeng Motor Corporation, Firts Automobile Corporation y Shanghai Automotive Industry Corporation.
Entre estas firmas y sus rivales occidentales hay multitud de lazos cruzados. China lleva relativamente poco tiempo (menos de tres años) en la Organización Mundial de Comercio (OMC) o, lo que es lo mismo, sin poner trabas a la exportación y a la importación. Sin embargo, los fabricantes de coches llevan presentes durante años en este mercado: eludían el proteccionismo estatal a base de uniones con compañías locales, pero estaban obligados a comprar accesorios a las empresas chinas y a trabajar según sus ritmos y precios.En el pasado Salón de Beijing, los visitantes no sabían en qué stand se encontraban. Por ejemplo, si iban al de Chevrolet y contemplaban el Spark (como se ha bautizado en China al Daewoo Matiz), luego veían asombrados como Chery exhibía un modelo más que similar bautizado como QQ (en la foto). La diferencia de precios entre ambos se sitúa en 2.000 euros. Así, no es de extrañar que el QQ haya ganado la batalla comercial al Matiz en China: le triplica en ventas.

Ingenieros obligados a guardar silencio, fábricas cerradas a los visitantes, robo de cerebros, paparazzi a la caza de una foto...Acechado por la sombra del espionaje industrial, el mundo de la automoción vive su particular guerra fría.
Espionaje sobre ruedas.