El superviaducto, la autovía más cara de España

Las comunicaciones de Cantabria con la Meseta han han entrado en el siglo XXI con la apertura de un tramo de 11,6 kilómetros de autovía que incluye proezas de la ingeniería como un puente de 145 metros de altura, el más alto de España, y lo han hecho por donde comenzó su historia: por las calzadas de Roma.

El tramo de la A-67 que ayer se inauguró entre Molledo y Pesquera completa la vieja aspiración de Cantabria de estar conectada por autovía con la Meseta y evita a los conductores circular por uno de los tramos más problemáticos de las carreteras del Estado, las Hoces de Bárcena (N-611), salvo para aquellos que quieran contemplar el paisaje de la garganta por la que baja, encajonado, el río Besaya. Realizar esa aspiración ha costado dos años más de lo anunciado cuando en 1999 el Gobierno central se comprometió con la obra y ha obligado al Ministerio de Fomento a enfrentarse al tramos de autovía más caro jamás construidos en el país.El coste de los 11,6 kilómetros de autovía se debe a las enormes infraestructuras que ha sido preciso construir para salvar la compleja orografía que separa Pesquera de Molledo, respetando, además, todas las cautelas que la evaluación de impacto impuso a la obra, debido al alto valor ambiental de la zona. Esos dos factores han llevado, por ejemplo, a levantar cerca del pueblo de Montabliz un viaducto de 145 metros de altura, bajo el cual casi cabría la torre Picasso de Madrid, que sólo mide 12 metros más, y con dos pilastras centrales separadas por 175 metros, un vano que también marca un récord en la construcción de puentes en España.Por el eje del Besaya han pasado históricamente las principales vías de comunicación de Cantabria con la meseta castellana, unas veces al Oeste del río y otras, al Este: la calzada romana de los Blendios (s.I AC), el Camino Real (s.XVIII), el ferrocarril Palencia-Santander (s.XIX), la nacional 611 (s.XX) y ahora la A-67.

Pero la autovía abandona las Hoces de Bárcena, donde convergen tres de esos caminos (el Real, el ferrocarril y la N-611), y vuelve al corredor que aprovecharon los ingenieros del emperador Augusto para construir, en plenas Guerras Cántabras, la primera vía de comunicación de Cantabria con la Meseta: la calzada que unía Pisoraca (Herrera de Pisuerga) con Portus Blendium (Suances).

Esa calzada tiene entre Somaconcha y Pie de Concha uno de los tramos mejor conservados de los caminos romanos en Cantabria. La vía está protegida con la categoría de Bien de Interés Cultural y fue utilizada hasta el año 1.753, cuando se abrió el Camino Real, una nueva ruta por el valle del Besaya que más tarde siguió la carretera N-611. Desde la vieja calzada se divisan ahora, en los claros del bosque, algunas de las infraestructuras más importantes de la autovía en la que Cantabria ha puesto su confianza para acabar con la sensación de aislamiento respecto a la Meseta, hasta que la montaña se traga sus cinco carriles bajo el túnel de Somaconcha.La ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, asistió a la puesta en servicio de este tramo de autovía. En su discurso inaugural dijo que "la fuerte demanda y presión social" que había para que se construyera esta obra estaba justificada por los beneficios económicos que va a generar la autovía, por la vertebración social y territorial que supone y porque "tendrá un efecto directo en la vida de los ciudadanos", y añadió que esta apertura marca "un hito" y es "un paso fundamental" en las comunicaciones de la región. La empresa Ferrovial, responsable de la construcción del tramo de la A-67 que se inauguró ayer, calcula unos 11.500 vehículos utilizarán cada día el viaducto y los túneles entre Molledo y Pesquera.