El Renault 4 o 'cuatrolatas', embrión del todoterreno ligero o 'crossover'

El Renault 4, que cumple cincuenta años, ha sumado a sus atractivos el de ser embrión de un segmento de éxito en los tiempos actuales, el de los crossover, esos coches con forma de berlina o de todoterreno ligero capaces de combinar la circulación de calle con las de campo o montaña.

Muy popular y conocido en España como 'cuatrolatas', ha alcanzado una edad que en la cronología del automóvil confiere la vitola de clásico, pero ese carácter de pionero de un segmento moderno de éxito le mantiene en forma, sobre todo en el recuerdo.

El Renault 4, que se fabricó entre otros lugares en Valladolid, es uno de los pocos que parecen haber pactado con el diablo la utopía de la eterna juventud, atributo que, por lo ya dicho, no resulta exclusivo de modelos de elite.

En sus años locos de la década de los sesenta del pasado siglo, el 4L se unió en España con tractores o con el Land Rover Santana o con las motos de motocross para surcar caminos de tierra y hasta coquetear con cierta insolencia con senderos montañosos, en los que reafirmaba su sugerente filosofía de buen trialero.

La figura acompañaba: algo elevado sobre el suelo y equipado con ruedas muy estrechas, fibroso en definitiva y apto para la aventura, aún con el inconveniente de una tracción limitada a las ruedas delanteras.

En aquellos años, la creencia general era que circular por escenarios rurales era exclusivo de los todoterreno clásicos, pero el 4L rompió moldes y muchos de aquellos jóvenes de los sesenta, de incipiente concienciación ecológica, se familiarizaron con escenarios naturales muy hermosos conduciendo o a bordo del 'cuatrolatas'.

Muchas veces había que vivirlo para creer por dónde era capaz de meterse este pequeño coche.

Pero a sus aventuras rurales o camperas el 4L unió una vocación urbanita que lo convirtió en el icono de una generación en la que compartió galones con otro hito del automóvil en España, el Citroen 2 CV, luego Dyane 6, adscrito al eslogan 'para gente encantadora'.

Es un coche que se identificó con la protesta universitaria permanente de aquellos años. Movilizó a una clase estudiantil que se empezaba a motorizar y contribuyó, seguro, a la necesaria agilidad de movimientos de mucha de la clandestinidad de entonces para desaparecer y aparecer cuando más convenía.

Su polivalencia le llevó al lado opuesto y el 4L fue también miembro activo de las flotas de coches de las fuerzas del orden. La Guardia Civil lo adoptó para acciones de vigilancia, muchas en el medio rural. Además, la Gendarmería francesa lo utilizó como una especie de vehículo de cabecera.

Referente cultural, ha sido protagonista de multitud de películas. En muchas retinas está la huida de Michael Douglas y Kathleen Turner por la selva colombiana en 'Tras el Corazón Verde'.

Pero en el cine de hoy tampoco ha faltado y se puede ver en la recién estrenada 'Nada que declarar', todo un éxito de taquilla en las salas de Europa.

El 4L tuvo pasaporte español, pues la planta de Renault en Valladolid empezó a fabricarlo en 1963 y terminó de hacerlo en 1991, con un resultado de 800.000 unidades en tan dilatada trayectoria.

Otro factor de coche pionero que incide en este modelo es la globalidad, pues llegó a fabricarse o ensamblarse en 27 países, algunos tan lejanos como Australia, Sudáfrica o Filipinas. Al final, en toda su vida contabilizó 8 millones de unidades.

Dio su último respiro en Eslovenia en 1993, pero entre los nostálgicos sigue muy vivo y entre los modernos siempre será un referente.