El gusto extranjero invade Detroit

El mercado automovilístico europeo y oriental está cada vez más cerca de abrumar con sus ventas a los tres gigantes estadounidenses, Ford, General Motors y Chrysler, en su propio campo.

Poco a poco los estadounidenses están empezando a entender los diseños automovilísticos europeos y lo están demostrando a través del incremento en las ventas de vehículos del Viejo Continente en este país.

Las cifras hablan por sí solas. Al acabar este 2001 cerca de un 50 por ciento de las ventas de vehículos en EE.UU. será para constructores no estadounidenses. En estas cifras hay que tener en cuenta que no son sólo vehículos europeos sino también el potente mercado oriental.

La calidad de los acabados de los vehículos no estadounidenses es una de las causas, según los expertos, de esta inclinación de los gustos (y las ventas) hacia otros mercados foráneos. Además, la calidad y fiabilidad de los modelos destaca frente a las continuas llamadas a revisión o defectos encontrados en marcas como Chrysler o Ford, después de los escándalos de los modelos Cherokee y Explorer, por poner algunos ejemplos.

Para hacer frente a estos problemas, los fabricantes estadounidenses han prestado más atención al acabado de los vehículos, pero, según un representante de Ford, se ha comprobado que los usuarios no se quejan de los vehículo autóctonos por problemas de pintura defectuosa o de piezas rotas, sino por algo que va más allá y que es más difícil de solventar. Los consumidores estadounidenses se quejan del ruido que provoca el viento en el automóvil, un problema más grave y que es consecuencia del diseño del vehículo, algo que sí está fuertemente influido por las diferentes marcas y su origen.

Los fabricantes estadounidenses se defienden de los constructores extranjeros haciendo alusión a la lista de llamadas a revisión realizada por la NHTSA (Instituto para la Seguridad del Tráfico en Carretera). Según la relación de dicho instituto, por ejemplo, BMW ha llamado a revisión a su modelo X5 en siete ocasiones desde que llegó al mercado estadounidense. Esto, lejos de ser un problema para el constructor alemán, ha sido una ventaja, ya que, a los ojos del consumidor americano, estas llamadas a revisión son símbolo de mejor atención al cliente, pues han sido realizadas de manera voluntaria por la firma automovilística.

Ford, por ejemplo, ha tomado nota de estos datos y se ha puesto a trabajar bajo una nueva filosofía con el fin de acercarse al mercado europeo y oriental y así contentar a sus clientes estadounidenses. La filosofía se resume en volver a lo básico.