El gran gigante de la automoción chino

Para la industria china del automóvil, el año 2007 será recordado seguramente por el acuerdo alcanzado entre dos de los grandes constructores nacionales, SAIC y NAC, para fusionarse y firmar un gigante con aspiraciones de crear una marca mundial, capaz de producir 1,6 millones de vehículos anuales.

El mundo del motor permanece en una impaciente espera por saber cómo y cuándo esta alianza se hará posible, después del principio de acuerdo, sellado en julio pasado, entre la Corporación Industrial del Automóvil de Shanghai (SAIC, en inglés) y la Corporación Automotriz de Nankín (NAC). Aquella carta de entendimiento preveía una "unión completa" de ambas firmas, pero quedaba por negociar cómo hacer esta alianza posible. El desafío está ahora en encontrar una manera convincente que permita a las dos asimilar sus capacidades la una en la otra (probablemente por la fusión de NAC dentro del entramado de SAIC, mediante la compra de parte de su capital), en fabricación de automóviles y recambios, distribución e integración de sus marcas. Tras meses de negociaciones, todavía no se han anunciado progresos en el acuerdo entre los dos competidores chinos que, dos años atrás, se enfrentaron por adquirir los derechos de la extinta marca británica MG Rover y de varios de sus vehículos. Mientras SAIC ya resucitó en 2006 un primer modelo británico -el Rover 75, cuyos derechos compró- con su puesta en el mercado del Roewe 750C (o "Rongwei", nombre de la marca en mandarín), es NAC, un fabricante de menor tamaño, con sede en Nankín, a 300 kilómetros de Shanghai, el que se llevó los derechos de marca de MG Rover en 2005. La antigua planta de MG Rover en Longbridge (Birmingham, Reino Unido) está en manos de NAC, y allí fuentes próximas a las negociaciones aseguraron esta semana que la adquisición de la firma nanquinesa por parte de SAIC se consolidará el próximo 26 de diciembre, aunque ninguna de las dos compañías lo ha confirmado. En un principio SAIC no quería ceder más de un 10 por ciento de su capital, pero según esas fuentes, NAC podría llegar a completar la fusión adquiriendo hasta un 15 por ciento de las acciones del conglomerado de Shanghai. En cualquier caso, aseguran que esto no afectaría a los planes de Nankín de relanzar en Longbridge la producción de su versión del antiguo modelo de Rover MG TF en 2008. Queda por ver también si SAIC podrá tomar todo el control de la alianza, como pretendía, o si NAC conseguirá forzarla a compartirlo al 50 por ciento como era su postura este verano. Con todo, oficialmente siguen sin anunciarse avances en las discusiones, que desde un principio se esperaban lentas, ya que cualquier transferencia de activos o acciones necesitará la aprobación del gobierno, de los directivos de ambas empresas y de los accionistas. La futura fusión, impulsada por el gobierno central y las autoridades locales de Shanghai y la provincia de Jiangsu, aspira a consolidar un fabricante chino capaz de competir con sus rivales europeos, japoneses y estadounidenses, tanto en China como en todo el mundo, aunque para ello ambas firmas tendrán que reestructurarse. Este proceso de fusión puede interpretarse como una señal de que Pekín está empezando a forzar, tras años de declaraciones políticas sin muchos progresos, la consolidación de la fragmentada industria del automóvil nacional, con más de un centenar de fabricantes, en su línea de fortalecimiento de sectores estratégicos, como el acero. Las autoridades chinas no ocultan su deseo de que el país cuente con tres o cuatro grupos automovilísticos con suficientes recursos y tecnología como para triunfar en todo el planeta, de manera parecida a como en su día se erigieron las grandes marcas japonesas y surcoreanas. Las dos empresas mixtas que SAIC mantiene con las multinacionales Volkswagen y General Motors encabezaron las listas de ventas nacionales en la primera mitad del año, con 441.584 vehículos vendidos y un 14 por ciento del mercado nacional. Por su parte, Nanjing Auto adolece de la importante carga financiera que supuso la operación para reflotar la marca Rover, con una inversión total de cerca de 2.000 millones de dólares (1.500 millones de euros), y su alianza con un grupo mucho mayor, como SAIC, podría suponer un alivio considerable para sus cuentas.