Contacto: Skoda Superb

Buen diseño, buenos motores, buen precio. El Superb no adolece de calificativos positivos, lo único que le falta es que Skoda obtenga mayor imagen de prestigio entre los usuarios. Con productos como el Superb, seguro que no tardará mucho.

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Una vez a los mandos del Superb, las sensaciones son muy buenas. El contacto lo realizamos con la versión Diésel más básica (1.9 TDI de 131 CV) y aunque nos ha dado la impresión de que se quedaba algo corto de motor para una conducción exigente (su casi tonelada y media y unos desarrollos algo largos lo lastran), jugando con el cambio se puede disfrutar bastante del coche. Bueno, más que disfrutar, “señorear", y es que el Superb es un coche bastante burgués y Skoda acentúa esto con unas suspensiones que favorecen el confort (las hemos notado algo blandas en extensión) y con un cambio Tiptronic (por primera vez en la marca checa, pero a partir de finales de año) en las versiones más potentes de gasolina y gasóleo. El Superb se distribuirá en España con cuatro motorizaciones y dos niveles de equipamiento. Un 1,8 Turbo de 150 CV es la mecánica de entrada en la variante gasolina, que se completa con un 2,8 V6 de 193 CV. Además se incluyen dos propulsores Diesel de inyección directa: un 1,9 TDI de 131 CV y un 2,5 TDI V6 de 155. La marca ofrece en otros mercados la posibilidad de adquirir un motor gasolina de 115 CV, pero éste no llegará a nuestro país. Aparte de esto, decir que a la hora de conducirlo recuerda de manera inequívoca a sus “primos" Passat y Audi A4, con todos sus defectos (pocos) y todas sus virtudes (bastantes). Lo que no terminamos de comprender es qué “pinta" este Superb en la política del consorcio VW. Si la intención manifestada por los "mandamases" de la alemana era evitar un solapamiento de marcas y productos, con productos como este no lo van a conseguir. Seamos realistas, quien quiera adquirir un coche como el Passat y “mire la pela" al extremo se comprará un Superb, si ese consumidor le da más importancia al prestigio, decididamente se hará con la berlina de Volkswagen. Y es que, a día de hoy, la imagen de Skoda no tiene el peso de otras, aunque, con la realización de productos como este, no tardará en lograrlo.

Una vez a los mandos del Superb, las sensaciones son muy buenas. El contacto lo realizamos con la versión Diésel más básica (1.9 TDI de 131 CV) y aunque nos ha dado la impresión de que se quedaba algo corto de motor para una conducción exigente (su casi tonelada y media y unos desarrollos algo largos lo lastran), jugando con el cambio se puede disfrutar bastante del coche. Bueno, más que disfrutar, “señorear", y es que el Superb es un coche bastante burgués y Skoda acentúa esto con unas suspensiones que favorecen el confort (las hemos notado algo blandas en extensión) y con un cambio Tiptronic (por primera vez en la marca checa, pero a partir de finales de año) en las versiones más potentes de gasolina y gasóleo. El Superb se distribuirá en España con cuatro motorizaciones y dos niveles de equipamiento. Un 1,8 Turbo de 150 CV es la mecánica de entrada en la variante gasolina, que se completa con un 2,8 V6 de 193 CV. Además se incluyen dos propulsores Diesel de inyección directa: un 1,9 TDI de 131 CV y un 2,5 TDI V6 de 155. La marca ofrece en otros mercados la posibilidad de adquirir un motor gasolina de 115 CV, pero éste no llegará a nuestro país. Aparte de esto, decir que a la hora de conducirlo recuerda de manera inequívoca a sus “primos" Passat y Audi A4, con todos sus defectos (pocos) y todas sus virtudes (bastantes). Lo que no terminamos de comprender es qué “pinta" este Superb en la política del consorcio VW. Si la intención manifestada por los "mandamases" de la alemana era evitar un solapamiento de marcas y productos, con productos como este no lo van a conseguir. Seamos realistas, quien quiera adquirir un coche como el Passat y “mire la pela" al extremo se comprará un Superb, si ese consumidor le da más importancia al prestigio, decididamente se hará con la berlina de Volkswagen. Y es que, a día de hoy, la imagen de Skoda no tiene el peso de otras, aunque, con la realización de productos como este, no tardará en lograrlo.

Una vez a los mandos del Superb, las sensaciones son muy buenas. El contacto lo realizamos con la versión Diésel más básica (1.9 TDI de 131 CV) y aunque nos ha dado la impresión de que se quedaba algo corto de motor para una conducción exigente (su casi tonelada y media y unos desarrollos algo largos lo lastran), jugando con el cambio se puede disfrutar bastante del coche. Bueno, más que disfrutar, “señorear", y es que el Superb es un coche bastante burgués y Skoda acentúa esto con unas suspensiones que favorecen el confort (las hemos notado algo blandas en extensión) y con un cambio Tiptronic (por primera vez en la marca checa, pero a partir de finales de año) en las versiones más potentes de gasolina y gasóleo. El Superb se distribuirá en España con cuatro motorizaciones y dos niveles de equipamiento. Un 1,8 Turbo de 150 CV es la mecánica de entrada en la variante gasolina, que se completa con un 2,8 V6 de 193 CV. Además se incluyen dos propulsores Diesel de inyección directa: un 1,9 TDI de 131 CV y un 2,5 TDI V6 de 155. La marca ofrece en otros mercados la posibilidad de adquirir un motor gasolina de 115 CV, pero éste no llegará a nuestro país. Aparte de esto, decir que a la hora de conducirlo recuerda de manera inequívoca a sus “primos" Passat y Audi A4, con todos sus defectos (pocos) y todas sus virtudes (bastantes). Lo que no terminamos de comprender es qué “pinta" este Superb en la política del consorcio VW. Si la intención manifestada por los "mandamases" de la alemana era evitar un solapamiento de marcas y productos, con productos como este no lo van a conseguir. Seamos realistas, quien quiera adquirir un coche como el Passat y “mire la pela" al extremo se comprará un Superb, si ese consumidor le da más importancia al prestigio, decididamente se hará con la berlina de Volkswagen. Y es que, a día de hoy, la imagen de Skoda no tiene el peso de otras, aunque, con la realización de productos como este, no tardará en lograrlo.

Una vez a los mandos del Superb, las sensaciones son muy buenas. El contacto lo realizamos con la versión Diésel más básica (1.9 TDI de 131 CV) y aunque nos ha dado la impresión de que se quedaba algo corto de motor para una conducción exigente (su casi tonelada y media y unos desarrollos algo largos lo lastran), jugando con el cambio se puede disfrutar bastante del coche. Bueno, más que disfrutar, “señorear", y es que el Superb es un coche bastante burgués y Skoda acentúa esto con unas suspensiones que favorecen el confort (las hemos notado algo blandas en extensión) y con un cambio Tiptronic (por primera vez en la marca checa, pero a partir de finales de año) en las versiones más potentes de gasolina y gasóleo. El Superb se distribuirá en España con cuatro motorizaciones y dos niveles de equipamiento. Un 1,8 Turbo de 150 CV es la mecánica de entrada en la variante gasolina, que se completa con un 2,8 V6 de 193 CV. Además se incluyen dos propulsores Diesel de inyección directa: un 1,9 TDI de 131 CV y un 2,5 TDI V6 de 155. La marca ofrece en otros mercados la posibilidad de adquirir un motor gasolina de 115 CV, pero éste no llegará a nuestro país. Aparte de esto, decir que a la hora de conducirlo recuerda de manera inequívoca a sus “primos" Passat y Audi A4, con todos sus defectos (pocos) y todas sus virtudes (bastantes). Lo que no terminamos de comprender es qué “pinta" este Superb en la política del consorcio VW. Si la intención manifestada por los "mandamases" de la alemana era evitar un solapamiento de marcas y productos, con productos como este no lo van a conseguir. Seamos realistas, quien quiera adquirir un coche como el Passat y “mire la pela" al extremo se comprará un Superb, si ese consumidor le da más importancia al prestigio, decididamente se hará con la berlina de Volkswagen. Y es que, a día de hoy, la imagen de Skoda no tiene el peso de otras, aunque, con la realización de productos como este, no tardará en lograrlo.

Una vez a los mandos del Superb, las sensaciones son muy buenas. El contacto lo realizamos con la versión Diésel más básica (1.9 TDI de 131 CV) y aunque nos ha dado la impresión de que se quedaba algo corto de motor para una conducción exigente (su casi tonelada y media y unos desarrollos algo largos lo lastran), jugando con el cambio se puede disfrutar bastante del coche. Bueno, más que disfrutar, “señorear", y es que el Superb es un coche bastante burgués y Skoda acentúa esto con unas suspensiones que favorecen el confort (las hemos notado algo blandas en extensión) y con un cambio Tiptronic (por primera vez en la marca checa, pero a partir de finales de año) en las versiones más potentes de gasolina y gasóleo. El Superb se distribuirá en España con cuatro motorizaciones y dos niveles de equipamiento. Un 1,8 Turbo de 150 CV es la mecánica de entrada en la variante gasolina, que se completa con un 2,8 V6 de 193 CV. Además se incluyen dos propulsores Diesel de inyección directa: un 1,9 TDI de 131 CV y un 2,5 TDI V6 de 155. La marca ofrece en otros mercados la posibilidad de adquirir un motor gasolina de 115 CV, pero éste no llegará a nuestro país. Aparte de esto, decir que a la hora de conducirlo recuerda de manera inequívoca a sus “primos" Passat y Audi A4, con todos sus defectos (pocos) y todas sus virtudes (bastantes). Lo que no terminamos de comprender es qué “pinta" este Superb en la política del consorcio VW. Si la intención manifestada por los "mandamases" de la alemana era evitar un solapamiento de marcas y productos, con productos como este no lo van a conseguir. Seamos realistas, quien quiera adquirir un coche como el Passat y “mire la pela" al extremo se comprará un Superb, si ese consumidor le da más importancia al prestigio, decididamente se hará con la berlina de Volkswagen. Y es que, a día de hoy, la imagen de Skoda no tiene el peso de otras, aunque, con la realización de productos como este, no tardará en lograrlo.

Una vez a los mandos del Superb, las sensaciones son muy buenas. El contacto lo realizamos con la versión Diésel más básica (1.9 TDI de 131 CV) y aunque nos ha dado la impresión de que se quedaba algo corto de motor para una conducción exigente (su casi tonelada y media y unos desarrollos algo largos lo lastran), jugando con el cambio se puede disfrutar bastante del coche. Bueno, más que disfrutar, “señorear", y es que el Superb es un coche bastante burgués y Skoda acentúa esto con unas suspensiones que favorecen el confort (las hemos notado algo blandas en extensión) y con un cambio Tiptronic (por primera vez en la marca checa, pero a partir de finales de año) en las versiones más potentes de gasolina y gasóleo. El Superb se distribuirá en España con cuatro motorizaciones y dos niveles de equipamiento. Un 1,8 Turbo de 150 CV es la mecánica de entrada en la variante gasolina, que se completa con un 2,8 V6 de 193 CV. Además se incluyen dos propulsores Diesel de inyección directa: un 1,9 TDI de 131 CV y un 2,5 TDI V6 de 155. La marca ofrece en otros mercados la posibilidad de adquirir un motor gasolina de 115 CV, pero éste no llegará a nuestro país. Aparte de esto, decir que a la hora de conducirlo recuerda de manera inequívoca a sus “primos" Passat y Audi A4, con todos sus defectos (pocos) y todas sus virtudes (bastantes). Lo que no terminamos de comprender es qué “pinta" este Superb en la política del consorcio VW. Si la intención manifestada por los "mandamases" de la alemana era evitar un solapamiento de marcas y productos, con productos como este no lo van a conseguir. Seamos realistas, quien quiera adquirir un coche como el Passat y “mire la pela" al extremo se comprará un Superb, si ese consumidor le da más importancia al prestigio, decididamente se hará con la berlina de Volkswagen. Y es que, a día de hoy, la imagen de Skoda no tiene el peso de otras, aunque, con la realización de productos como este, no tardará en lograrlo.

Una vez a los mandos del Superb, las sensaciones son muy buenas. El contacto lo realizamos con la versión Diésel más básica (1.9 TDI de 131 CV) y aunque nos ha dado la impresión de que se quedaba algo corto de motor para una conducción exigente (su casi tonelada y media y unos desarrollos algo largos lo lastran), jugando con el cambio se puede disfrutar bastante del coche. Bueno, más que disfrutar, “señorear", y es que el Superb es un coche bastante burgués y Skoda acentúa esto con unas suspensiones que favorecen el confort (las hemos notado algo blandas en extensión) y con un cambio Tiptronic (por primera vez en la marca checa, pero a partir de finales de año) en las versiones más potentes de gasolina y gasóleo. El Superb se distribuirá en España con cuatro motorizaciones y dos niveles de equipamiento. Un 1,8 Turbo de 150 CV es la mecánica de entrada en la variante gasolina, que se completa con un 2,8 V6 de 193 CV. Además se incluyen dos propulsores Diesel de inyección directa: un 1,9 TDI de 131 CV y un 2,5 TDI V6 de 155. La marca ofrece en otros mercados la posibilidad de adquirir un motor gasolina de 115 CV, pero éste no llegará a nuestro país. Aparte de esto, decir que a la hora de conducirlo recuerda de manera inequívoca a sus “primos" Passat y Audi A4, con todos sus defectos (pocos) y todas sus virtudes (bastantes). Lo que no terminamos de comprender es qué “pinta" este Superb en la política del consorcio VW. Si la intención manifestada por los "mandamases" de la alemana era evitar un solapamiento de marcas y productos, con productos como este no lo van a conseguir. Seamos realistas, quien quiera adquirir un coche como el Passat y “mire la pela" al extremo se comprará un Superb, si ese consumidor le da más importancia al prestigio, decididamente se hará con la berlina de Volkswagen. Y es que, a día de hoy, la imagen de Skoda no tiene el peso de otras, aunque, con la realización de productos como este, no tardará en lograrlo.