Contacto: Peugeot 307

Con el 307 Peugeot no se limita a lanzar un nuevo modelo; quiere algo más: hacerse con el liderato de un segmento que representa el 46 por ciento de las ventas en España. Para ello ha puesto toda la carne en el asador uniendo, sobre una nueva plataforma, belleza exterior, robustez y una relación precio/prestaciones capaz de granjearle el éxito definitivo.

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El tarado de las suspensiones quizás resulte algo duro para largos viajes sobre carreteras de ese tipo, pero la amortiguación, fabricada como viene siendo habitual por la propia Peugeot, parecía tragarse las irregularidades sin dar cuenta a los ocupantes, con lo que la sensación de comodidad era patente. A ella contribuye en gran manera el buen aislamiento del habitáculo, que nos permitió mantener una conversación de piloto a copiloto sin forzar la voz y sin ruidos molestos. El manejo del cambio, por tacto de la palanca y por recorridos, resulta muy agradable y, a pesar de la inclinación del parabrisas, no se producen reflejos molestos del salpicadero, cuyos plásticos, por cierto, transmiten calidad y buena terminación. El motor 1.6 es progresivo y llega a sorprender por su respuesta (aunque no llega a la del Xsara de igual motorización) y su capacidad de recuperación, aunque, al coger el 2.0, se agradece la potencia complementaria. Esa alegría extra se difumina un poco en las recuperaciones, que no son tan rápidas como cabría esperar. En cuanto al motor HDi, el peso del coche penaliza algo sus prestaciones, aunque la futura versión de 110 CV limará esta pequeña carencia ante los usuarios más exigentes. El comportamiento general de este nuevo modelo de Peugeot es abiertamente noble en recta y curvas de amplio radio, pero los virajes más rápidos sacarán fuera su carácter más dinámico y, en alguna ocasión, la zaga nos avisará de que puede ser peligroso buscarle demasiado las cosquillas. Si así sucede y queremos detener tanto temperamento, cuatro frenos de disco (los delanteros ventilados) nos ayudarán con eficacia e incluso añadirán una fuerza suplementaria si se trata de una frenada seca, gracias al asistente de frenado de urgencia (que además encenderá automáticamente el warning). El ABS con distribuidor electrónico del par de frenado hará el resto, porque el ESP está sólo en camino. También la dirección tiene servo variable en función de la velocidad. Si, a pesar de todo, no podemos evitar una colisión, la dirección se retracta y hasta seis airbags (dos frontales, dos laterales y dos de cortina) saltan para proteger a los ocupantes mientras toda la estructura se dispone a actuar como una “célula de seguridad" que impida lesiones graves. Si la cosa no es para tanto y se trata de un ligero golpe más duro para el bolsillo que para las personas, el 307 es capaz de disminuir los costes y el tiempo de reparación con sus aletas de plástico con memoria de forma o con el giro programado de los faros, que se hunden un poco para evitar romperse. Son tres los motores que se ponen a la venta a mediados de mayo: un 1.6 de 110 CV y un 2.0 de 138, ambos gasolina y multiválvulas, y un turbodiésel HDi Common Rail de 90CV. Para que la prensa especializada pudiera probarlos, Peugeot organizó un recorrido exigente por tierras marroquíes, que incluía carreteras de montaña, tramos en obras con grava y algunos tramos rectos, aunque el firme, en todos los casos, presentaba grandes irregularidades, baches y destrucción lateral con presencia de gravilla de diverso grosor según los casos. Una auténtica pista de pruebas. Se trataba de ensayar también otro de los puntos fuertes que adelantaba Peugeot en su modelo: las suspensiones. El tren delantero es de tipo pseudo MacPherson con triángulos de acero forjado y barra estabilizadora desacoplada. El tren trasero, que en el 306 fue criticado de excesivamente nervioso (aunque los usuarios consultados por la marca en diferentes encuestas lo valoraban positivamente como muy dinámico), se compone de una traviesa deformable y barra estabilizadora hueca soldada y en su elección han intervenido criterios tanto de espacio (el maletero debía tener unas dimensiones mínimas que no se podían lograr con un sistema multibrazo, más elaborado) como de búsqueda de una mayor estabilidad y agarre, así como de menor peso (de ahí la barra hueca). Pues bien, sobre esa ruta y con estas “armas", el 307 demostró sus buenas aptitudes. El tarado de las suspensiones quizás resulte algo duro para largos viajes sobre carreteras de ese tipo, pero la amortiguación, fabricada como viene siendo habitual por la propia Peugeot, parecía tragarse las irregularidades sin dar cuenta a los ocupantes, con lo que la sensación de comodidad era patente. A ella contribuye en gran manera el buen aislamiento del habitáculo, que nos permitió mantener una conversación de piloto a copiloto sin forzar la voz y sin ruidos molestos. El manejo del cambio, por tacto de la palanca y por recorridos, resulta muy agradable y, a pesar de la inclinación del parabrisas, no se producen reflejos molestos del salpicadero, cuyos plásticos, por cierto, transmiten calidad y buena terminación. El motor 1.6 es progresivo y llega a sorprender por su respuesta (aunque no llega a la del Xsara de igual motorización) y su capacidad de recuperación, aunque, al coger el 2.0, se agradece la potencia complementaria. Esa alegría extra se difumina un poco en las recuperaciones, que no son tan rápidas como cabría esperar. En cuanto al motor HDi, el peso del coche penaliza algo sus prestaciones, aunque la futura versión de 110 CV limará esta pequeña carencia ante los usuarios más exigentes. El comportamiento general de este nuevo modelo de Peugeot es abiertamente noble en recta y curvas de amplio radio, pero los virajes más rápidos sacarán fuera su carácter más dinámico y, en alguna ocasión, la zaga nos avisará de que puede ser peligroso buscarle demasiado las cosquillas. Si así sucede y queremos detener tanto temperamento, cuatro frenos de disco (los delanteros ventilados) nos ayudarán con eficacia e incluso añadirán una fuerza suplementaria si se trata de una frenada seca, gracias al asistente de frenado de urgencia (que además encenderá automáticamente el warning). El ABS con distribuidor electrónico del par de frenado hará el resto, porque el ESP está sólo en camino. También la dirección tiene servo variable en función de la velocidad. Si, a pesar de todo, no podemos evitar una colisión, la dirección se retracta y hasta seis airbags (dos frontales, dos laterales y dos de cortina) saltan para proteger a los ocupantes mientras toda la estructura se dispone a actuar como una “célula de seguridad" que impida lesiones graves. Si la cosa no es para tanto y se trata de un ligero golpe más duro para el bolsillo que para las personas, el 307 es capaz de disminuir los costes y el tiempo de reparación con sus aletas de plástico con memoria de forma o con el giro programado de los faros, que se hunden un poco para evitar romperse. Son tres los motores que se ponen a la venta a mediados de mayo: un 1.6 de 110 CV y un 2.0 de 138, ambos gasolina y multiválvulas, y un turbodiésel HDi Common Rail de 90CV. Para que la prensa especializada pudiera probarlos, Peugeot organizó un recorrido exigente por tierras marroquíes, que incluía carreteras de montaña, tramos en obras con grava y algunos tramos rectos, aunque el firme, en todos los casos, presentaba grandes irregularidades, baches y destrucción lateral con presencia de gravilla de diverso grosor según los casos. Una auténtica pista de pruebas. Se trataba de ensayar también otro de los puntos fuertes que adelantaba Peugeot en su modelo: las suspensiones. El tren delantero es de tipo pseudo MacPherson con triángulos de acero forjado y barra estabilizadora desacoplada. El tren trasero, que en el 306 fue criticado de excesivamente nervioso (aunque los usuarios consultados por la marca en diferentes encuestas lo valoraban positivamente como muy dinámico), se compone de una traviesa deformable y barra estabilizadora hueca soldada y en su elección han intervenido criterios tanto de espacio (el maletero debía tener unas dimensiones mínimas que no se podían lograr con un sistema multibrazo, más elaborado) como de búsqueda de una mayor estabilidad y agarre, así como de menor peso (de ahí la barra hueca). Pues bien, sobre esa ruta y con estas “armas", el 307 demostró sus buenas aptitudes. El tarado de las suspensiones quizás resulte algo duro para largos viajes sobre carreteras de ese tipo, pero la amortiguación, fabricada como viene siendo habitual por la propia Peugeot, parecía tragarse las irregularidades sin dar cuenta a los ocupantes, con lo que la sensación de comodidad era patente. A ella contribuye en gran manera el buen aislamiento del habitáculo, que nos permitió mantener una conversación de piloto a copiloto sin forzar la voz y sin ruidos molestos. El manejo del cambio, por tacto de la palanca y por recorridos, resulta muy agradable y, a pesar de la inclinación del parabrisas, no se producen reflejos molestos del salpicadero, cuyos plásticos, por cierto, transmiten calidad y buena terminación. El motor 1.6 es progresivo y llega a sorprender por su respuesta (aunque no llega a la del Xsara de igual motorización) y su capacidad de recuperación, aunque, al coger el 2.0, se agradece la potencia complementaria. Esa alegría extra se difumina un poco en las recuperaciones, que no son tan rápidas como cabría esperar. En cuanto al motor HDi, el peso del coche penaliza algo sus prestaciones, aunque la futura versión de 110 CV limará esta pequeña carencia ante los usuarios más exigentes. El comportamiento general de este nuevo modelo de Peugeot es abiertamente noble en recta y curvas de amplio radio, pero los virajes más rápidos sacarán fuera su carácter más dinámico y, en alguna ocasión, la zaga nos avisará de que puede ser peligroso buscarle demasiado las cosquillas. Si así sucede y queremos detener tanto temperamento, cuatro frenos de disco (los delanteros ventilados) nos ayudarán con eficacia e incluso añadirán una fuerza suplementaria si se trata de una frenada seca, gracias al asistente de frenado de urgencia (que además encenderá automáticamente el warning). El ABS con distribuidor electrónico del par de frenado hará el resto, porque el ESP está sólo en camino. También la dirección tiene servo variable en función de la velocidad. Si, a pesar de todo, no podemos evitar una colisión, la dirección se retracta y hasta seis airbags (dos frontales, dos laterales y dos de cortina) saltan para proteger a los ocupantes mientras toda la estructura se dispone a actuar como una “célula de seguridad" que impida lesiones graves. Si la cosa no es para tanto y se trata de un ligero golpe más duro para el bolsillo que para las personas, el 307 es capaz de disminuir los costes y el tiempo de reparación con sus aletas de plástico con memoria de forma o con el giro programado de los faros, que se hunden un poco para evitar romperse. Son tres los motores que se ponen a la venta a mediados de mayo: un 1.6 de 110 CV y un 2.0 de 138, ambos gasolina y multiválvulas, y un turbodiésel HDi Common Rail de 90CV. Para que la prensa especializada pudiera probarlos, Peugeot organizó un recorrido exigente por tierras marroquíes, que incluía carreteras de montaña, tramos en obras con grava y algunos tramos rectos, aunque el firme, en todos los casos, presentaba grandes irregularidades, baches y destrucción lateral con presencia de gravilla de diverso grosor según los casos. Una auténtica pista de pruebas. Se trataba de ensayar también otro de los puntos fuertes que adelantaba Peugeot en su modelo: las suspensiones. El tren delantero es de tipo pseudo MacPherson con triángulos de acero forjado y barra estabilizadora desacoplada. El tren trasero, que en el 306 fue criticado de excesivamente nervioso (aunque los usuarios consultados por la marca en diferentes encuestas lo valoraban positivamente como muy dinámico), se compone de una traviesa deformable y barra estabilizadora hueca soldada y en su elección han intervenido criterios tanto de espacio (el maletero debía tener unas dimensiones mínimas que no se podían lograr con un sistema multibrazo, más elaborado) como de búsqueda de una mayor estabilidad y agarre, así como de menor peso (de ahí la barra hueca). Pues bien, sobre esa ruta y con estas “armas", el 307 demostró sus buenas aptitudes. El tarado de las suspensiones quizás resulte algo duro para largos viajes sobre carreteras de ese tipo, pero la amortiguación, fabricada como viene siendo habitual por la propia Peugeot, parecía tragarse las irregularidades sin dar cuenta a los ocupantes, con lo que la sensación de comodidad era patente. A ella contribuye en gran manera el buen aislamiento del habitáculo, que nos permitió mantener una conversación de piloto a copiloto sin forzar la voz y sin ruidos molestos. El manejo del cambio, por tacto de la palanca y por recorridos, resulta muy agradable y, a pesar de la inclinación del parabrisas, no se producen reflejos molestos del salpicadero, cuyos plásticos, por cierto, transmiten calidad y buena terminación. El motor 1.6 es progresivo y llega a sorprender por su respuesta (aunque no llega a la del Xsara de igual motorización) y su capacidad de recuperación, aunque, al coger el 2.0, se agradece la potencia complementaria. Esa alegría extra se difumina un poco en las recuperaciones, que no son tan rápidas como cabría esperar. En cuanto al motor HDi, el peso del coche penaliza algo sus prestaciones, aunque la futura versión de 110 CV limará esta pequeña carencia ante los usuarios más exigentes. El comportamiento general de este nuevo modelo de Peugeot es abiertamente noble en recta y curvas de amplio radio, pero los virajes más rápidos sacarán fuera su carácter más dinámico y, en alguna ocasión, la zaga nos avisará de que puede ser peligroso buscarle demasiado las cosquillas. Si así sucede y queremos detener tanto temperamento, cuatro frenos de disco (los delanteros ventilados) nos ayudarán con eficacia e incluso añadirán una fuerza suplementaria si se trata de una frenada seca, gracias al asistente de frenado de urgencia (que además encenderá automáticamente el warning). El ABS con distribuidor electrónico del par de frenado hará el resto, porque el ESP está sólo en camino. También la dirección tiene servo variable en función de la velocidad. Si, a pesar de todo, no podemos evitar una colisión, la dirección se retracta y hasta seis airbags (dos frontales, dos laterales y dos de cortina) saltan para proteger a los ocupantes mientras toda la estructura se dispone a actuar como una “célula de seguridad" que impida lesiones graves. Si la cosa no es para tanto y se trata de un ligero golpe más duro para el bolsillo que para las personas, el 307 es capaz de disminuir los costes y el tiempo de reparación con sus aletas de plástico con memoria de forma o con el giro programado de los faros, que se hunden un poco para evitar romperse. Son tres los motores que se ponen a la venta a mediados de mayo: un 1.6 de 110 CV y un 2.0 de 138, ambos gasolina y multiválvulas, y un turbodiésel HDi Common Rail de 90CV. Para que la prensa especializada pudiera probarlos, Peugeot organizó un recorrido exigente por tierras marroquíes, que incluía carreteras de montaña, tramos en obras con grava y algunos tramos rectos, aunque el firme, en todos los casos, presentaba grandes irregularidades, baches y destrucción lateral con presencia de gravilla de diverso grosor según los casos. Una auténtica pista de pruebas. Se trataba de ensayar también otro de los puntos fuertes que adelantaba Peugeot en su modelo: las suspensiones. El tren delantero es de tipo pseudo MacPherson con triángulos de acero forjado y barra estabilizadora desacoplada. El tren trasero, que en el 306 fue criticado de excesivamente nervioso (aunque los usuarios consultados por la marca en diferentes encuestas lo valoraban positivamente como muy dinámico), se compone de una traviesa deformable y barra estabilizadora hueca soldada y en su elección han intervenido criterios tanto de espacio (el maletero debía tener unas dimensiones mínimas que no se podían lograr con un sistema multibrazo, más elaborado) como de búsqueda de una mayor estabilidad y agarre, así como de menor peso (de ahí la barra hueca). Pues bien, sobre esa ruta y con estas “armas", el 307 demostró sus buenas aptitudes. El tarado de las suspensiones quizás resulte algo duro para largos viajes sobre carreteras de ese tipo, pero la amortiguación, fabricada como viene siendo habitual por la propia Peugeot, parecía tragarse las irregularidades sin dar cuenta a los ocupantes, con lo que la sensación de comodidad era patente. A ella contribuye en gran manera el buen aislamiento del habitáculo, que nos permitió mantener una conversación de piloto a copiloto sin forzar la voz y sin ruidos molestos. El manejo del cambio, por tacto de la palanca y por recorridos, resulta muy agradable y, a pesar de la inclinación del parabrisas, no se producen reflejos molestos del salpicadero, cuyos plásticos, por cierto, transmiten calidad y buena terminación. El motor 1.6 es progresivo y llega a sorprender por su respuesta (aunque no llega a la del Xsara de igual motorización) y su capacidad de recuperación, aunque, al coger el 2.0, se agradece la potencia complementaria. Esa alegría extra se difumina un poco en las recuperaciones, que no son tan rápidas como cabría esperar. En cuanto al motor HDi, el peso del coche penaliza algo sus prestaciones, aunque la futura versión de 110 CV limará esta pequeña carencia ante los usuarios más exigentes. El comportamiento general de este nuevo modelo de Peugeot es abiertamente noble en recta y curvas de amplio radio, pero los virajes más rápidos sacarán fuera su carácter más dinámico y, en alguna ocasión, la zaga nos avisará de que puede ser peligroso buscarle demasiado las cosquillas. Si así sucede y queremos detener tanto temperamento, cuatro frenos de disco (los delanteros ventilados) nos ayudarán con eficacia e incluso añadirán una fuerza suplementaria si se trata de una frenada seca, gracias al asistente de frenado de urgencia (que además encenderá automáticamente el warning). El ABS con distribuidor electrónico del par de frenado hará el resto, porque el ESP está sólo en camino. También la dirección tiene servo variable en función de la velocidad. Si, a pesar de todo, no podemos evitar una colisión, la dirección se retracta y hasta seis airbags (dos frontales, dos laterales y dos de cortina) saltan para proteger a los ocupantes mientras toda la estructura se dispone a actuar como una “célula de seguridad" que impida lesiones graves. Si la cosa no es para tanto y se trata de un ligero golpe más duro para el bolsillo que para las personas, el 307 es capaz de disminuir los costes y el tiempo de reparación con sus aletas de plástico con memoria de forma o con el giro programado de los faros, que se hunden un poco para evitar romperse. Son tres los motores que se ponen a la venta a mediados de mayo: un 1.6 de 110 CV y un 2.0 de 138, ambos gasolina y multiválvulas, y un turbodiésel HDi Common Rail de 90CV. Para que la prensa especializada pudiera probarlos, Peugeot organizó un recorrido exigente por tierras marroquíes, que incluía carreteras de montaña, tramos en obras con grava y algunos tramos rectos, aunque el firme, en todos los casos, presentaba grandes irregularidades, baches y destrucción lateral con presencia de gravilla de diverso grosor según los casos. Una auténtica pista de pruebas. Se trataba de ensayar también otro de los puntos fuertes que adelantaba Peugeot en su modelo: las suspensiones. El tren delantero es de tipo pseudo MacPherson con triángulos de acero forjado y barra estabilizadora desacoplada. El tren trasero, que en el 306 fue criticado de excesivamente nervioso (aunque los usuarios consultados por la marca en diferentes encuestas lo valoraban positivamente como muy dinámico), se compone de una traviesa deformable y barra estabilizadora hueca soldada y en su elección han intervenido criterios tanto de espacio (el maletero debía tener unas dimensiones mínimas que no se podían lograr con un sistema multibrazo, más elaborado) como de búsqueda de una mayor estabilidad y agarre, así como de menor peso (de ahí la barra hueca). Pues bien, sobre esa ruta y con estas “armas", el 307 demostró sus buenas aptitudes. El tarado de las suspensiones quizás resulte algo duro para largos viajes sobre carreteras de ese tipo, pero la amortiguación, fabricada como viene siendo habitual por la propia Peugeot, parecía tragarse las irregularidades sin dar cuenta a los ocupantes, con lo que la sensación de comodidad era patente. A ella contribuye en gran manera el buen aislamiento del habitáculo, que nos permitió mantener una conversación de piloto a copiloto sin forzar la voz y sin ruidos molestos. El manejo del cambio, por tacto de la palanca y por recorridos, resulta muy agradable y, a pesar de la inclinación del parabrisas, no se producen reflejos molestos del salpicadero, cuyos plásticos, por cierto, transmiten calidad y buena terminación. El motor 1.6 es progresivo y llega a sorprender por su respuesta (aunque no llega a la del Xsara de igual motorización) y su capacidad de recuperación, aunque, al coger el 2.0, se agradece la potencia complementaria. Esa alegría extra se difumina un poco en las recuperaciones, que no son tan rápidas como cabría esperar. En cuanto al motor HDi, el peso del coche penaliza algo sus prestaciones, aunque la futura versión de 110 CV limará esta pequeña carencia ante los usuarios más exigentes. El comportamiento general de este nuevo modelo de Peugeot es abiertamente noble en recta y curvas de amplio radio, pero los virajes más rápidos sacarán fuera su carácter más dinámico y, en alguna ocasión, la zaga nos avisará de que puede ser peligroso buscarle demasiado las cosquillas. Si así sucede y queremos detener tanto temperamento, cuatro frenos de disco (los delanteros ventilados) nos ayudarán con eficacia e incluso añadirán una fuerza suplementaria si se trata de una frenada seca, gracias al asistente de frenado de urgencia (que además encenderá automáticamente el warning). El ABS con distribuidor electrónico del par de frenado hará el resto, porque el ESP está sólo en camino. También la dirección tiene servo variable en función de la velocidad. Si, a pesar de todo, no podemos evitar una colisión, la dirección se retracta y hasta seis airbags (dos frontales, dos laterales y dos de cortina) saltan para proteger a los ocupantes mientras toda la estructura se dispone a actuar como una “célula de seguridad" que impida lesiones graves. Si la cosa no es para tanto y se trata de un ligero golpe más duro para el bolsillo que para las personas, el 307 es capaz de disminuir los costes y el tiempo de reparación con sus aletas de plástico con memoria de forma o con el giro programado de los faros, que se hunden un poco para evitar romperse. Son tres los motores que se ponen a la venta a mediados de mayo: un 1.6 de 110 CV y un 2.0 de 138, ambos gasolina y multiválvulas, y un turbodiésel HDi Common Rail de 90CV. Para que la prensa especializada pudiera probarlos, Peugeot organizó un recorrido exigente por tierras marroquíes, que incluía carreteras de montaña, tramos en obras con grava y algunos tramos rectos, aunque el firme, en todos los casos, presentaba grandes irregularidades, baches y destrucción lateral con presencia de gravilla de diverso grosor según los casos. Una auténtica pista de pruebas. Se trataba de ensayar también otro de los puntos fuertes que adelantaba Peugeot en su modelo: las suspensiones. El tren delantero es de tipo pseudo MacPherson con triángulos de acero forjado y barra estabilizadora desacoplada. El tren trasero, que en el 306 fue criticado de excesivamente nervioso (aunque los usuarios consultados por la marca en diferentes encuestas lo valoraban positivamente como muy dinámico), se compone de una traviesa deformable y barra estabilizadora hueca soldada y en su elección han intervenido criterios tanto de espacio (el maletero debía tener unas dimensiones mínimas que no se podían lograr con un sistema multibrazo, más elaborado) como de búsqueda de una mayor estabilidad y agarre, así como de menor peso (de ahí la barra hueca). Pues bien, sobre esa ruta y con estas “armas", el 307 demostró sus buenas aptitudes. El tarado de las suspensiones quizás resulte algo duro para largos viajes sobre carreteras de ese tipo, pero la amortiguación, fabricada como viene siendo habitual por la propia Peugeot, parecía tragarse las irregularidades sin dar cuenta a los ocupantes, con lo que la sensación de comodidad era patente. A ella contribuye en gran manera el buen aislamiento del habitáculo, que nos permitió mantener una conversación de piloto a copiloto sin forzar la voz y sin ruidos molestos. El manejo del cambio, por tacto de la palanca y por recorridos, resulta muy agradable y, a pesar de la inclinación del parabrisas, no se producen reflejos molestos del salpicadero, cuyos plásticos, por cierto, transmiten calidad y buena terminación. El motor 1.6 es progresivo y llega a sorprender por su respuesta (aunque no llega a la del Xsara de igual motorización) y su capacidad de recuperación, aunque, al coger el 2.0, se agradece la potencia complementaria. Esa alegría extra se difumina un poco en las recuperaciones, que no son tan rápidas como cabría esperar. En cuanto al motor HDi, el peso del coche penaliza algo sus prestaciones, aunque la futura versión de 110 CV limará esta pequeña carencia ante los usuarios más exigentes. El comportamiento general de este nuevo modelo de Peugeot es abiertamente noble en recta y curvas de amplio radio, pero los virajes más rápidos sacarán fuera su carácter más dinámico y, en alguna ocasión, la zaga nos avisará de que puede ser peligroso buscarle demasiado las cosquillas. Si así sucede y queremos detener tanto temperamento, cuatro frenos de disco (los delanteros ventilados) nos ayudarán con eficacia e incluso añadirán una fuerza suplementaria si se trata de una frenada seca, gracias al asistente de frenado de urgencia (que además encenderá automáticamente el warning). El ABS con distribuidor electrónico del par de frenado hará el resto, porque el ESP está sólo en camino. También la dirección tiene servo variable en función de la velocidad. Si, a pesar de todo, no podemos evitar una colisión, la dirección se retracta y hasta seis airbags (dos frontales, dos laterales y dos de cortina) saltan para proteger a los ocupantes mientras toda la estructura se dispone a actuar como una “célula de seguridad" que impida lesiones graves. Si la cosa no es para tanto y se trata de un ligero golpe más duro para el bolsillo que para las personas, el 307 es capaz de disminuir los costes y el tiempo de reparación con sus aletas de plástico con memoria de forma o con el giro programado de los faros, que se hunden un poco para evitar romperse. Son tres los motores que se ponen a la venta a mediados de mayo: un 1.6 de 110 CV y un 2.0 de 138, ambos gasolina y multiválvulas, y un turbodiésel HDi Common Rail de 90CV. Para que la prensa especializada pudiera probarlos, Peugeot organizó un recorrido exigente por tierras marroquíes, que incluía carreteras de montaña, tramos en obras con grava y algunos tramos rectos, aunque el firme, en todos los casos, presentaba grandes irregularidades, baches y destrucción lateral con presencia de gravilla de diverso grosor según los casos. Una auténtica pista de pruebas. Se trataba de ensayar también otro de los puntos fuertes que adelantaba Peugeot en su modelo: las suspensiones. El tren delantero es de tipo pseudo MacPherson con triángulos de acero forjado y barra estabilizadora desacoplada. El tren trasero, que en el 306 fue criticado de excesivamente nervioso (aunque los usuarios consultados por la marca en diferentes encuestas lo valoraban positivamente como muy dinámico), se compone de una traviesa deformable y barra estabilizadora hueca soldada y en su elección han intervenido criterios tanto de espacio (el maletero debía tener unas dimensiones mínimas que no se podían lograr con un sistema multibrazo, más elaborado) como de búsqueda de una mayor estabilidad y agarre, así como de menor peso (de ahí la barra hueca). Pues bien, sobre esa ruta y con estas “armas", el 307 demostró sus buenas aptitudes. El tarado de las suspensiones quizás resulte algo duro para largos viajes sobre carreteras de ese tipo, pero la amortiguación, fabricada como viene siendo habitual por la propia Peugeot, parecía tragarse las irregularidades sin dar cuenta a los ocupantes, con lo que la sensación de comodidad era patente. A ella contribuye en gran manera el buen aislamiento del habitáculo, que nos permitió mantener una conversación de piloto a copiloto sin forzar la voz y sin ruidos molestos. El manejo del cambio, por tacto de la palanca y por recorridos, resulta muy agradable y, a pesar de la inclinación del parabrisas, no se producen reflejos molestos del salpicadero, cuyos plásticos, por cierto, transmiten calidad y buena terminación. El motor 1.6 es progresivo y llega a sorprender por su respuesta (aunque no llega a la del Xsara de igual motorización) y su capacidad de recuperación, aunque, al coger el 2.0, se agradece la potencia complementaria. Esa alegría extra se difumina un poco en las recuperaciones, que no son tan rápidas como cabría esperar. En cuanto al motor HDi, el peso del coche penaliza algo sus prestaciones, aunque la futura versión de 110 CV limará esta pequeña carencia ante los usuarios más exigentes. El comportamiento general de este nuevo modelo de Peugeot es abiertamente noble en recta y curvas de amplio radio, pero los virajes más rápidos sacarán fuera su carácter más dinámico y, en alguna ocasión, la zaga nos avisará de que puede ser peligroso buscarle demasiado las cosquillas. Si así sucede y queremos detener tanto temperamento, cuatro frenos de disco (los delanteros ventilados) nos ayudarán con eficacia e incluso añadirán una fuerza suplementaria si se trata de una frenada seca, gracias al asistente de frenado de urgencia (que además encenderá automáticamente el warning). El ABS con distribuidor electrónico del par de frenado hará el resto, porque el ESP está sólo en camino. También la dirección tiene servo variable en función de la velocidad. Si, a pesar de todo, no podemos evitar una colisión, la dirección se retracta y hasta seis airbags (dos frontales, dos laterales y dos de cortina) saltan para proteger a los ocupantes mientras toda la estructura se dispone a actuar como una “célula de seguridad" que impida lesiones graves. Si la cosa no es para tanto y se trata de un ligero golpe más duro para el bolsillo que para las personas, el 307 es capaz de disminuir los costes y el tiempo de reparación con sus aletas de plástico con memoria de forma o con el giro programado de los faros, que se hunden un poco para evitar romperse. Son tres los motores que se ponen a la venta a mediados de mayo: un 1.6 de 110 CV y un 2.0 de 138, ambos gasolina y multiválvulas, y un turbodiésel HDi Common Rail de 90CV. Para que la prensa especializada pudiera probarlos, Peugeot organizó un recorrido exigente por tierras marroquíes, que incluía carreteras de montaña, tramos en obras con grava y algunos tramos rectos, aunque el firme, en todos los casos, presentaba grandes irregularidades, baches y destrucción lateral con presencia de gravilla de diverso grosor según los casos. Una auténtica pista de pruebas. Se trataba de ensayar también otro de los puntos fuertes que adelantaba Peugeot en su modelo: las suspensiones. El tren delantero es de tipo pseudo MacPherson con triángulos de acero forjado y barra estabilizadora desacoplada. El tren trasero, que en el 306 fue criticado de excesivamente nervioso (aunque los usuarios consultados por la marca en diferentes encuestas lo valoraban positivamente como muy dinámico), se compone de una traviesa deformable y barra estabilizadora hueca soldada y en su elección han intervenido criterios tanto de espacio (el maletero debía tener unas dimensiones mínimas que no se podían lograr con un sistema multibrazo, más elaborado) como de búsqueda de una mayor estabilidad y agarre, así como de menor peso (de ahí la barra hueca). Pues bien, sobre esa ruta y con estas “armas", el 307 demostró sus buenas aptitudes. El tarado de las suspensiones quizás resulte algo duro para largos viajes sobre carreteras de ese tipo, pero la amortiguación, fabricada como viene siendo habitual por la propia Peugeot, parecía tragarse las irregularidades sin dar cuenta a los ocupantes, con lo que la sensación de comodidad era patente. A ella contribuye en gran manera el buen aislamiento del habitáculo, que nos permitió mantener una conversación de piloto a copiloto sin forzar la voz y sin ruidos molestos. El manejo del cambio, por tacto de la palanca y por recorridos, resulta muy agradable y, a pesar de la inclinación del parabrisas, no se producen reflejos molestos del salpicadero, cuyos plásticos, por cierto, transmiten calidad y buena terminación. El motor 1.6 es progresivo y llega a sorprender por su respuesta (aunque no llega a la del Xsara de igual motorización) y su capacidad de recuperación, aunque, al coger el 2.0, se agradece la potencia complementaria. Esa alegría extra se difumina un poco en las recuperaciones, que no son tan rápidas como cabría esperar. En cuanto al motor HDi, el peso del coche penaliza algo sus prestaciones, aunque la futura versión de 110 CV limará esta pequeña carencia ante los usuarios más exigentes. El comportamiento general de este nuevo modelo de Peugeot es abiertamente noble en recta y curvas de amplio radio, pero los virajes más rápidos sacarán fuera su carácter más dinámico y, en alguna ocasión, la zaga nos avisará de que puede ser peligroso buscarle demasiado las cosquillas. Si así sucede y queremos detener tanto temperamento, cuatro frenos de disco (los delanteros ventilados) nos ayudarán con eficacia e incluso añadirán una fuerza suplementaria si se trata de una frenada seca, gracias al asistente de frenado de urgencia (que además encenderá automáticamente el warning). El ABS con distribuidor electrónico del par de frenado hará el resto, porque el ESP está sólo en camino. También la dirección tiene servo variable en función de la velocidad. Si, a pesar de todo, no podemos evitar una colisión, la dirección se retracta y hasta seis airbags (dos frontales, dos laterales y dos de cortina) saltan para proteger a los ocupantes mientras toda la estructura se dispone a actuar como una “célula de seguridad" que impida lesiones graves. Si la cosa no es para tanto y se trata de un ligero golpe más duro para el bolsillo que para las personas, el 307 es capaz de disminuir los costes y el tiempo de reparación con sus aletas de plástico con memoria de forma o con el giro programado de los faros, que se hunden un poco para evitar romperse. Son tres los motores que se ponen a la venta a mediados de mayo: un 1.6 de 110 CV y un 2.0 de 138, ambos gasolina y multiválvulas, y un turbodiésel HDi Common Rail de 90CV. Para que la prensa especializada pudiera probarlos, Peugeot organizó un recorrido exigente por tierras marroquíes, que incluía carreteras de montaña, tramos en obras con grava y algunos tramos rectos, aunque el firme, en todos los casos, presentaba grandes irregularidades, baches y destrucción lateral con presencia de gravilla de diverso grosor según los casos. Una auténtica pista de pruebas. Se trataba de ensayar también otro de los puntos fuertes que adelantaba Peugeot en su modelo: las suspensiones. El tren delantero es de tipo pseudo MacPherson con triángulos de acero forjado y barra estabilizadora desacoplada. El tren trasero, que en el 306 fue criticado de excesivamente nervioso (aunque los usuarios consultados por la marca en diferentes encuestas lo valoraban positivamente como muy dinámico), se compone de una traviesa deformable y barra estabilizadora hueca soldada y en su elección han intervenido criterios tanto de espacio (el maletero debía tener unas dimensiones mínimas que no se podían lograr con un sistema multibrazo, más elaborado) como de búsqueda de una mayor estabilidad y agarre, así como de menor peso (de ahí la barra hueca). Pues bien, sobre esa ruta y con estas “armas", el 307 demostró sus buenas aptitudes. El tarado de las suspensiones quizás resulte algo duro para largos viajes sobre carreteras de ese tipo, pero la amortiguación, fabricada como viene siendo habitual por la propia Peugeot, parecía tragarse las irregularidades sin dar cuenta a los ocupantes, con lo que la sensación de comodidad era patente. A ella contribuye en gran manera el buen aislamiento del habitáculo, que nos permitió mantener una conversación de piloto a copiloto sin forzar la voz y sin ruidos molestos. El manejo del cambio, por tacto de la palanca y por recorridos, resulta muy agradable y, a pesar de la inclinación del parabrisas, no se producen reflejos molestos del salpicadero, cuyos plásticos, por cierto, transmiten calidad y buena terminación. El motor 1.6 es progresivo y llega a sorprender por su respuesta (aunque no llega a la del Xsara de igual motorización) y su capacidad de recuperación, aunque, al coger el 2.0, se agradece la potencia complementaria. Esa alegría extra se difumina un poco en las recuperaciones, que no son tan rápidas como cabría esperar. En cuanto al motor HDi, el peso del coche penaliza algo sus prestaciones, aunque la futura versión de 110 CV limará esta pequeña carencia ante los usuarios más exigentes. El comportamiento general de este nuevo modelo de Peugeot es abiertamente noble en recta y curvas de amplio radio, pero los virajes más rápidos sacarán fuera su carácter más dinámico y, en alguna ocasión, la zaga nos avisará de que puede ser peligroso buscarle demasiado las cosquillas. Si así sucede y queremos detener tanto temperamento, cuatro frenos de disco (los delanteros ventilados) nos ayudarán con eficacia e incluso añadirán una fuerza suplementaria si se trata de una frenada seca, gracias al asistente de frenado de urgencia (que además encenderá automáticamente el warning). El ABS con distribuidor electrónico del par de frenado hará el resto, porque el ESP está sólo en camino. También la dirección tiene servo variable en función de la velocidad. Si, a pesar de todo, no podemos evitar una colisión, la dirección se retracta y hasta seis airbags (dos frontales, dos laterales y dos de cortina) saltan para proteger a los ocupantes mientras toda la estructura se dispone a actuar como una “célula de seguridad" que impida lesiones graves. Si la cosa no es para tanto y se trata de un ligero golpe más duro para el bolsillo que para las personas, el 307 es capaz de disminuir los costes y el tiempo de reparación con sus aletas de plástico con memoria de forma o con el giro programado de los faros, que se hunden un poco para evitar romperse. Son tres los motores que se ponen a la venta a mediados de mayo: un 1.6 de 110 CV y un 2.0 de 138, ambos gasolina y multiválvulas, y un turbodiésel HDi Common Rail de 90CV. Para que la prensa especializada pudiera probarlos, Peugeot organizó un recorrido exigente por tierras marroquíes, que incluía carreteras de montaña, tramos en obras con grava y algunos tramos rectos, aunque el firme, en todos los casos, presentaba grandes irregularidades, baches y destrucción lateral con presencia de gravilla de diverso grosor según los casos. Una auténtica pista de pruebas. Se trataba de ensayar también otro de los puntos fuertes que adelantaba Peugeot en su modelo: las suspensiones. El tren delantero es de tipo pseudo MacPherson con triángulos de acero forjado y barra estabilizadora desacoplada. El tren trasero, que en el 306 fue criticado de excesivamente nervioso (aunque los usuarios consultados por la marca en diferentes encuestas lo valoraban positivamente como muy dinámico), se compone de una traviesa deformable y barra estabilizadora hueca soldada y en su elección han intervenido criterios tanto de espacio (el maletero debía tener unas dimensiones mínimas que no se podían lograr con un sistema multibrazo, más elaborado) como de búsqueda de una mayor estabilidad y agarre, así como de menor peso (de ahí la barra hueca). Pues bien, sobre esa ruta y con estas “armas", el 307 demostró sus buenas aptitudes. El tarado de las suspensiones quizás resulte algo duro para largos viajes sobre carreteras de ese tipo, pero la amortiguación, fabricada como viene siendo habitual por la propia Peugeot, parecía tragarse las irregularidades sin dar cuenta a los ocupantes, con lo que la sensación de comodidad era patente. A ella contribuye en gran manera el buen aislamiento del habitáculo, que nos permitió mantener una conversación de piloto a copiloto sin forzar la voz y sin ruidos molestos. El manejo del cambio, por tacto de la palanca y por recorridos, resulta muy agradable y, a pesar de la inclinación del parabrisas, no se producen reflejos molestos del salpicadero, cuyos plásticos, por cierto, transmiten calidad y buena terminación. El motor 1.6 es progresivo y llega a sorprender por su respuesta (aunque no llega a la del Xsara de igual motorización) y su capacidad de recuperación, aunque, al coger el 2.0, se agradece la potencia complementaria. Esa alegría extra se difumina un poco en las recuperaciones, que no son tan rápidas como cabría esperar. En cuanto al motor HDi, el peso del coche penaliza algo sus prestaciones, aunque la futura versión de 110 CV limará esta pequeña carencia ante los usuarios más exigentes. El comportamiento general de este nuevo modelo de Peugeot es abiertamente noble en recta y curvas de amplio radio, pero los virajes más rápidos sacarán fuera su carácter más dinámico y, en alguna ocasión, la zaga nos avisará de que puede ser peligroso buscarle demasiado las cosquillas. Si así sucede y queremos detener tanto temperamento, cuatro frenos de disco (los delanteros ventilados) nos ayudarán con eficacia e incluso añadirán una fuerza suplementaria si se trata de una frenada seca, gracias al asistente de frenado de urgencia (que además encenderá automáticamente el warning). El ABS con distribuidor electrónico del par de frenado hará el resto, porque el ESP está sólo en camino. También la dirección tiene servo variable en función de la velocidad. Si, a pesar de todo, no podemos evitar una colisión, la dirección se retracta y hasta seis airbags (dos frontales, dos laterales y dos de cortina) saltan para proteger a los ocupantes mientras toda la estructura se dispone a actuar como una “célula de seguridad" que impida lesiones graves. Si la cosa no es para tanto y se trata de un ligero golpe más duro para el bolsillo que para las personas, el 307 es capaz de disminuir los costes y el tiempo de reparación con sus aletas de plástico con memoria de forma o con el giro programado de los faros, que se hunden un poco para evitar romperse. Son tres los motores que se ponen a la venta a mediados de mayo: un 1.6 de 110 CV y un 2.0 de 138, ambos gasolina y multiválvulas, y un turbodiésel HDi Common Rail de 90CV. Para que la prensa especializada pudiera probarlos, Peugeot organizó un recorrido exigente por tierras marroquíes, que incluía carreteras de montaña, tramos en obras con grava y algunos tramos rectos, aunque el firme, en todos los casos, presentaba grandes irregularidades, baches y destrucción lateral con presencia de gravilla de diverso grosor según los casos. Una auténtica pista de pruebas. Se trataba de ensayar también otro de los puntos fuertes que adelantaba Peugeot en su modelo: las suspensiones. El tren delantero es de tipo pseudo MacPherson con triángulos de acero forjado y barra estabilizadora desacoplada. El tren trasero, que en el 306 fue criticado de excesivamente nervioso (aunque los usuarios consultados por la marca en diferentes encuestas lo valoraban positivamente como muy dinámico), se compone de una traviesa deformable y barra estabilizadora hueca soldada y en su elección han intervenido criterios tanto de espacio (el maletero debía tener unas dimensiones mínimas que no se podían lograr con un sistema multibrazo, más elaborado) como de búsqueda de una mayor estabilidad y agarre, así como de menor peso (de ahí la barra hueca). Pues bien, sobre esa ruta y con estas “armas", el 307 demostró sus buenas aptitudes. El tarado de las suspensiones quizás resulte algo duro para largos viajes sobre carreteras de ese tipo, pero la amortiguación, fabricada como viene siendo habitual por la propia Peugeot, parecía tragarse las irregularidades sin dar cuenta a los ocupantes, con lo que la sensación de comodidad era patente. A ella contribuye en gran manera el buen aislamiento del habitáculo, que nos permitió mantener una conversación de piloto a copiloto sin forzar la voz y sin ruidos molestos. El manejo del cambio, por tacto de la palanca y por recorridos, resulta muy agradable y, a pesar de la inclinación del parabrisas, no se producen reflejos molestos del salpicadero, cuyos plásticos, por cierto, transmiten calidad y buena terminación. El motor 1.6 es progresivo y llega a sorprender por su respuesta (aunque no llega a la del Xsara de igual motorización) y su capacidad de recuperación, aunque, al coger el 2.0, se agradece la potencia complementaria. Esa alegría extra se difumina un poco en las recuperaciones, que no son tan rápidas como cabría esperar. En cuanto al motor HDi, el peso del coche penaliza algo sus prestaciones, aunque la futura versión de 110 CV limará esta pequeña carencia ante los usuarios más exigentes. El comportamiento general de este nuevo modelo de Peugeot es abiertamente noble en recta y curvas de amplio radio, pero los virajes más rápidos sacarán fuera su carácter más dinámico y, en alguna ocasión, la zaga nos avisará de que puede ser peligroso buscarle demasiado las cosquillas. Si así sucede y queremos detener tanto temperamento, cuatro frenos de disco (los delanteros ventilados) nos ayudarán con eficacia e incluso añadirán una fuerza suplementaria si se trata de una frenada seca, gracias al asistente de frenado de urgencia (que además encenderá automáticamente el warning). El ABS con distribuidor electrónico del par de frenado hará el resto, porque el ESP está sólo en camino. También la dirección tiene servo variable en función de la velocidad. Si, a pesar de todo, no podemos evitar una colisión, la dirección se retracta y hasta seis airbags (dos frontales, dos laterales y dos de cortina) saltan para proteger a los ocupantes mientras toda la estructura se dispone a actuar como una “célula de seguridad" que impida lesiones graves. Si la cosa no es para tanto y se trata de un ligero golpe más duro para el bolsillo que para las personas, el 307 es capaz de disminuir los costes y el tiempo de reparación con sus aletas de plástico con memoria de forma o con el giro programado de los faros, que se hunden un poco para evitar romperse. Son tres los motores que se ponen a la venta a mediados de mayo: un 1.6 de 110 CV y un 2.0 de 138, ambos gasolina y multiválvulas, y un turbodiésel HDi Common Rail de 90CV. Para que la prensa especializada pudiera probarlos, Peugeot organizó un recorrido exigente por tierras marroquíes, que incluía carreteras de montaña, tramos en obras con grava y algunos tramos rectos, aunque el firme, en todos los casos, presentaba grandes irregularidades, baches y destrucción lateral con presencia de gravilla de diverso grosor según los casos. Una auténtica pista de pruebas. Se trataba de ensayar también otro de los puntos fuertes que adelantaba Peugeot en su modelo: las suspensiones. El tren delantero es de tipo pseudo MacPherson con triángulos de acero forjado y barra estabilizadora desacoplada. El tren trasero, que en el 306 fue criticado de excesivamente nervioso (aunque los usuarios consultados por la marca en diferentes encuestas lo valoraban positivamente como muy dinámico), se compone de una traviesa deformable y barra estabilizadora hueca soldada y en su elección han intervenido criterios tanto de espacio (el maletero debía tener unas dimensiones mínimas que no se podían lograr con un sistema multibrazo, más elaborado) como de búsqueda de una mayor estabilidad y agarre, así como de menor peso (de ahí la barra hueca). Pues bien, sobre esa ruta y con estas “armas", el 307 demostró sus buenas aptitudes. El tarado de las suspensiones quizás resulte algo duro para largos viajes sobre carreteras de ese tipo, pero la amortiguación, fabricada como viene siendo habitual por la propia Peugeot, parecía tragarse las irregularidades sin dar cuenta a los ocupantes, con lo que la sensación de comodidad era patente. A ella contribuye en gran manera el buen aislamiento del habitáculo, que nos permitió mantener una conversación de piloto a copiloto sin forzar la voz y sin ruidos molestos. El manejo del cambio, por tacto de la palanca y por recorridos, resulta muy agradable y, a pesar de la inclinación del parabrisas, no se producen reflejos molestos del salpicadero, cuyos plásticos, por cierto, transmiten calidad y buena terminación. El motor 1.6 es progresivo y llega a sorprender por su respuesta (aunque no llega a la del Xsara de igual motorización) y su capacidad de recuperación, aunque, al coger el 2.0, se agradece la potencia complementaria. Esa alegría extra se difumina un poco en las recuperaciones, que no son tan rápidas como cabría esperar. En cuanto al motor HDi, el peso del coche penaliza algo sus prestaciones, aunque la futura versión de 110 CV limará esta pequeña carencia ante los usuarios más exigentes. El comportamiento general de este nuevo modelo de Peugeot es abiertamente noble en recta y curvas de amplio radio, pero los virajes más rápidos sacarán fuera su carácter más dinámico y, en alguna ocasión, la zaga nos avisará de que puede ser peligroso buscarle demasiado las cosquillas. Si así sucede y queremos detener tanto temperamento, cuatro frenos de disco (los delanteros ventilados) nos ayudarán con eficacia e incluso añadirán una fuerza suplementaria si se trata de una frenada seca, gracias al asistente de frenado de urgencia (que además encenderá automáticamente el warning). El ABS con distribuidor electrónico del par de frenado hará el resto, porque el ESP está sólo en camino. También la dirección tiene servo variable en función de la velocidad. Si, a pesar de todo, no podemos evitar una colisión, la dirección se retracta y hasta seis airbags (dos frontales, dos laterales y dos de cortina) saltan para proteger a los ocupantes mientras toda la estructura se dispone a actuar como una “célula de seguridad" que impida lesiones graves. Si la cosa no es para tanto y se trata de un ligero golpe más duro para el bolsillo que para las personas, el 307 es capaz de disminuir los costes y el tiempo de reparación con sus aletas de plástico con memoria de forma o con el giro programado de los faros, que se hunden un poco para evitar romperse. Son tres los motores que se ponen a la venta a mediados de mayo: un 1.6 de 110 CV y un 2.0 de 138, ambos gasolina y multiválvulas, y un turbodiésel HDi Common Rail de 90CV. Para que la prensa especializada pudiera probarlos, Peugeot organizó un recorrido exigente por tierras marroquíes, que incluía carreteras de montaña, tramos en obras con grava y algunos tramos rectos, aunque el firme, en todos los casos, presentaba grandes irregularidades, baches y destrucción lateral con presencia de gravilla de diverso grosor según los casos. Una auténtica pista de pruebas. Se trataba de ensayar también otro de los puntos fuertes que adelantaba Peugeot en su modelo: las suspensiones. El tren delantero es de tipo pseudo MacPherson con triángulos de acero forjado y barra estabilizadora desacoplada. El tren trasero, que en el 306 fue criticado de excesivamente nervioso (aunque los usuarios consultados por la marca en diferentes encuestas lo valoraban positivamente como muy dinámico), se compone de una traviesa deformable y barra estabilizadora hueca soldada y en su elección han intervenido criterios tanto de espacio (el maletero debía tener unas dimensiones mínimas que no se podían lograr con un sistema multibrazo, más elaborado) como de búsqueda de una mayor estabilidad y agarre, así como de menor peso (de ahí la barra hueca). Pues bien, sobre esa ruta y con estas “armas", el 307 demostró sus buenas aptitudes. El tarado de las suspensiones quizás resulte algo duro para largos viajes sobre carreteras de ese tipo, pero la amortiguación, fabricada como viene siendo habitual por la propia Peugeot, parecía tragarse las irregularidades sin dar cuenta a los ocupantes, con lo que la sensación de comodidad era patente. A ella contribuye en gran manera el buen aislamiento del habitáculo, que nos permitió mantener una conversación de piloto a copiloto sin forzar la voz y sin ruidos molestos. El manejo del cambio, por tacto de la palanca y por recorridos, resulta muy agradable y, a pesar de la inclinación del parabrisas, no se producen reflejos molestos del salpicadero, cuyos plásticos, por cierto, transmiten calidad y buena terminación. El motor 1.6 es progresivo y llega a sorprender por su respuesta (aunque no llega a la del Xsara de igual motorización) y su capacidad de recuperación, aunque, al coger el 2.0, se agradece la potencia complementaria. Esa alegría extra se difumina un poco en las recuperaciones, que no son tan rápidas como cabría esperar. En cuanto al motor HDi, el peso del coche penaliza algo sus prestaciones, aunque la futura versión de 110 CV limará esta pequeña carencia ante los usuarios más exigentes. El comportamiento general de este nuevo modelo de Peugeot es abiertamente noble en recta y curvas de amplio radio, pero los virajes más rápidos sacarán fuera su carácter más dinámico y, en alguna ocasión, la zaga nos avisará de que puede ser peligroso buscarle demasiado las cosquillas. Si así sucede y queremos detener tanto temperamento, cuatro frenos de disco (los delanteros ventilados) nos ayudarán con eficacia e incluso añadirán una fuerza suplementaria si se trata de una frenada seca, gracias al asistente de frenado de urgencia (que además encenderá automáticamente el warning). El ABS con distribuidor electrónico del par de frenado hará el resto, porque el ESP está sólo en camino. También la dirección tiene servo variable en función de la velocidad. Si, a pesar de todo, no podemos evitar una colisión, la dirección se retracta y hasta seis airbags (dos frontales, dos laterales y dos de cortina) saltan para proteger a los ocupantes mientras toda la estructura se dispone a actuar como una “célula de seguridad" que impida lesiones graves. Si la cosa no es para tanto y se trata de un ligero golpe más duro para el bolsillo que para las personas, el 307 es capaz de disminuir los costes y el tiempo de reparación con sus aletas de plástico con memoria de forma o con el giro programado de los faros, que se hunden un poco para evitar romperse. Son tres los motores que se ponen a la venta a mediados de mayo: un 1.6 de 110 CV y un 2.0 de 138, ambos gasolina y multiválvulas, y un turbodiésel HDi Common Rail de 90CV. Para que la prensa especializada pudiera probarlos, Peugeot organizó un recorrido exigente por tierras marroquíes, que incluía carreteras de montaña, tramos en obras con grava y algunos tramos rectos, aunque el firme, en todos los casos, presentaba grandes irregularidades, baches y destrucción lateral con presencia de gravilla de diverso grosor según los casos. Una auténtica pista de pruebas. Se trataba de ensayar también otro de los puntos fuertes que adelantaba Peugeot en su modelo: las suspensiones. El tren delantero es de tipo pseudo MacPherson con triángulos de acero forjado y barra estabilizadora desacoplada. El tren trasero, que en el 306 fue criticado de excesivamente nervioso (aunque los usuarios consultados por la marca en diferentes encuestas lo valoraban positivamente como muy dinámico), se compone de una traviesa deformable y barra estabilizadora hueca soldada y en su elección han intervenido criterios tanto de espacio (el maletero debía tener unas dimensiones mínimas que no se podían lograr con un sistema multibrazo, más elaborado) como de búsqueda de una mayor estabilidad y agarre, así como de menor peso (de ahí la barra hueca). Pues bien, sobre esa ruta y con estas “armas", el 307 demostró sus buenas aptitudes. El tarado de las suspensiones quizás resulte algo duro para largos viajes sobre carreteras de ese tipo, pero la amortiguación, fabricada como viene siendo habitual por la propia Peugeot, parecía tragarse las irregularidades sin dar cuenta a los ocupantes, con lo que la sensación de comodidad era patente. A ella contribuye en gran manera el buen aislamiento del habitáculo, que nos permitió mantener una conversación de piloto a copiloto sin forzar la voz y sin ruidos molestos. El manejo del cambio, por tacto de la palanca y por recorridos, resulta muy agradable y, a pesar de la inclinación del parabrisas, no se producen reflejos molestos del salpicadero, cuyos plásticos, por cierto, transmiten calidad y buena terminación. El motor 1.6 es progresivo y llega a sorprender por su respuesta (aunque no llega a la del Xsara de igual motorización) y su capacidad de recuperación, aunque, al coger el 2.0, se agradece la potencia complementaria. Esa alegría extra se difumina un poco en las recuperaciones, que no son tan rápidas como cabría esperar. En cuanto al motor HDi, el peso del coche penaliza algo sus prestaciones, aunque la futura versión de 110 CV limará esta pequeña carencia ante los usuarios más exigentes. El comportamiento general de este nuevo modelo de Peugeot es abiertamente noble en recta y curvas de amplio radio, pero los virajes más rápidos sacarán fuera su carácter más dinámico y, en alguna ocasión, la zaga nos avisará de que puede ser peligroso buscarle demasiado las cosquillas. Si así sucede y queremos detener tanto temperamento, cuatro frenos de disco (los delanteros ventilados) nos ayudarán con eficacia e incluso añadirán una fuerza suplementaria si se trata de una frenada seca, gracias al asistente de frenado de urgencia (que además encenderá automáticamente el warning). El ABS con distribuidor electrónico del par de frenado hará el resto, porque el ESP está sólo en camino. También la dirección tiene servo variable en función de la velocidad. Si, a pesar de todo, no podemos evitar una colisión, la dirección se retracta y hasta seis airbags (dos frontales, dos laterales y dos de cortina) saltan para proteger a los ocupantes mientras toda la estructura se dispone a actuar como una “célula de seguridad" que impida lesiones graves. Si la cosa no es para tanto y se trata de un ligero golpe más duro para el bolsillo que para las personas, el 307 es capaz de disminuir los costes y el tiempo de reparación con sus aletas de plástico con memoria de forma o con el giro programado de los faros, que se hunden un poco para evitar romperse. Son tres los motores que se ponen a la venta a mediados de mayo: un 1.6 de 110 CV y un 2.0 de 138, ambos gasolina y multiválvulas, y un turbodiésel HDi Common Rail de 90CV. Para que la prensa especializada pudiera probarlos, Peugeot organizó un recorrido exigente por tierras marroquíes, que incluía carreteras de montaña, tramos en obras con grava y algunos tramos rectos, aunque el firme, en todos los casos, presentaba grandes irregularidades, baches y destrucción lateral con presencia de gravilla de diverso grosor según los casos. Una auténtica pista de pruebas. Se trataba de ensayar también otro de los puntos fuertes que adelantaba Peugeot en su modelo: las suspensiones. El tren delantero es de tipo pseudo MacPherson con triángulos de acero forjado y barra estabilizadora desacoplada. El tren trasero, que en el 306 fue criticado de excesivamente nervioso (aunque los usuarios consultados por la marca en diferentes encuestas lo valoraban positivamente como muy dinámico), se compone de una traviesa deformable y barra estabilizadora hueca soldada y en su elección han intervenido criterios tanto de espacio (el maletero debía tener unas dimensiones mínimas que no se podían lograr con un sistema multibrazo, más elaborado) como de búsqueda de una mayor estabilidad y agarre, así como de menor peso (de ahí la barra hueca). Pues bien, sobre esa ruta y con estas “armas", el 307 demostró sus buenas aptitudes. El tarado de las suspensiones quizás resulte algo duro para largos viajes sobre carreteras de ese tipo, pero la amortiguación, fabricada como viene siendo habitual por la propia Peugeot, parecía tragarse las irregularidades sin dar cuenta a los ocupantes, con lo que la sensación de comodidad era patente. A ella contribuye en gran manera el buen aislamiento del habitáculo, que nos permitió mantener una conversación de piloto a copiloto sin forzar la voz y sin ruidos molestos. El manejo del cambio, por tacto de la palanca y por recorridos, resulta muy agradable y, a pesar de la inclinación del parabrisas, no se producen reflejos molestos del salpicadero, cuyos plásticos, por cierto, transmiten calidad y buena terminación. El motor 1.6 es progresivo y llega a sorprender por su respuesta (aunque no llega a la del Xsara de igual motorización) y su capacidad de recuperación, aunque, al coger el 2.0, se agradece la potencia complementaria. Esa alegría extra se difumina un poco en las recuperaciones, que no son tan rápidas como cabría esperar. En cuanto al motor HDi, el peso del coche penaliza algo sus prestaciones, aunque la futura versión de 110 CV limará esta pequeña carencia ante los usuarios más exigentes. El comportamiento general de este nuevo modelo de Peugeot es abiertamente noble en recta y curvas de amplio radio, pero los virajes más rápidos sacarán fuera su carácter más dinámico y, en alguna ocasión, la zaga nos avisará de que puede ser peligroso buscarle demasiado las cosquillas. Si así sucede y queremos detener tanto temperamento, cuatro frenos de disco (los delanteros ventilados) nos ayudarán con eficacia e incluso añadirán una fuerza suplementaria si se trata de una frenada seca, gracias al asistente de frenado de urgencia (que además encenderá automáticamente el warning). El ABS con distribuidor electrónico del par de frenado hará el resto, porque el ESP está sólo en camino. También la dirección tiene servo variable en función de la velocidad. Si, a pesar de todo, no podemos evitar una colisión, la dirección se retracta y hasta seis airbags (dos frontales, dos laterales y dos de cortina) saltan para proteger a los ocupantes mientras toda la estructura se dispone a actuar como una “célula de seguridad" que impida lesiones graves. Si la cosa no es para tanto y se trata de un ligero golpe más duro para el bolsillo que para las personas, el 307 es capaz de disminuir los costes y el tiempo de reparación con sus aletas de plástico con memoria de forma o con el giro programado de los faros, que se hunden un poco para evitar romperse. Son tres los motores que se ponen a la venta a mediados de mayo: un 1.6 de 110 CV y un 2.0 de 138, ambos gasolina y multiválvulas, y un turbodiésel HDi Common Rail de 90CV. Para que la prensa especializada pudiera probarlos, Peugeot organizó un recorrido exigente por tierras marroquíes, que incluía carreteras de montaña, tramos en obras con grava y algunos tramos rectos, aunque el firme, en todos los casos, presentaba grandes irregularidades, baches y destrucción lateral con presencia de gravilla de diverso grosor según los casos. Una auténtica pista de pruebas. Se trataba de ensayar también otro de los puntos fuertes que adelantaba Peugeot en su modelo: las suspensiones. El tren delantero es de tipo pseudo MacPherson con triángulos de acero forjado y barra estabilizadora desacoplada. El tren trasero, que en el 306 fue criticado de excesivamente nervioso (aunque los usuarios consultados por la marca en diferentes encuestas lo valoraban positivamente como muy dinámico), se compone de una traviesa deformable y barra estabilizadora hueca soldada y en su elección han intervenido criterios tanto de espacio (el maletero debía tener unas dimensiones mínimas que no se podían lograr con un sistema multibrazo, más elaborado) como de búsqueda de una mayor estabilidad y agarre, así como de menor peso (de ahí la barra hueca). Pues bien, sobre esa ruta y con estas “armas", el 307 demostró sus buenas aptitudes. El tarado de las suspensiones quizás resulte algo duro para largos viajes sobre carreteras de ese tipo, pero la amortiguación, fabricada como viene siendo habitual por la propia Peugeot, parecía tragarse las irregularidades sin dar cuenta a los ocupantes, con lo que la sensación de comodidad era patente. A ella contribuye en gran manera el buen aislamiento del habitáculo, que nos permitió mantener una conversación de piloto a copiloto sin forzar la voz y sin ruidos molestos. El manejo del cambio, por tacto de la palanca y por recorridos, resulta muy agradable y, a pesar de la inclinación del parabrisas, no se producen reflejos molestos del salpicadero, cuyos plásticos, por cierto, transmiten calidad y buena terminación. El motor 1.6 es progresivo y llega a sorprender por su respuesta (aunque no llega a la del Xsara de igual motorización) y su capacidad de recuperación, aunque, al coger el 2.0, se agradece la potencia complementaria. Esa alegría extra se difumina un poco en las recuperaciones, que no son tan rápidas como cabría esperar. En cuanto al motor HDi, el peso del coche penaliza algo sus prestaciones, aunque la futura versión de 110 CV limará esta pequeña carencia ante los usuarios más exigentes. El comportamiento general de este nuevo modelo de Peugeot es abiertamente noble en recta y curvas de amplio radio, pero los virajes más rápidos sacarán fuera su carácter más dinámico y, en alguna ocasión, la zaga nos avisará de que puede ser peligroso buscarle demasiado las cosquillas. Si así sucede y queremos detener tanto temperamento, cuatro frenos de disco (los delanteros ventilados) nos ayudarán con eficacia e incluso añadirán una fuerza suplementaria si se trata de una frenada seca, gracias al asistente de frenado de urgencia (que además encenderá automáticamente el warning). El ABS con distribuidor electrónico del par de frenado hará el resto, porque el ESP está sólo en camino. También la dirección tiene servo variable en función de la velocidad. Si, a pesar de todo, no podemos evitar una colisión, la dirección se retracta y hasta seis airbags (dos frontales, dos laterales y dos de cortina) saltan para proteger a los ocupantes mientras toda la estructura se dispone a actuar como una “célula de seguridad" que impida lesiones graves. Si la cosa no es para tanto y se trata de un ligero golpe más duro para el bolsillo que para las personas, el 307 es capaz de disminuir los costes y el tiempo de reparación con sus aletas de plástico con memoria de forma o con el giro programado de los faros, que se hunden un poco para evitar romperse. Son tres los motores que se ponen a la venta a mediados de mayo: un 1.6 de 110 CV y un 2.0 de 138, ambos gasolina y multiválvulas, y un turbodiésel HDi Common Rail de 90CV. Para que la prensa especializada pudiera probarlos, Peugeot organizó un recorrido exigente por tierras marroquíes, que incluía carreteras de montaña, tramos en obras con grava y algunos tramos rectos, aunque el firme, en todos los casos, presentaba grandes irregularidades, baches y destrucción lateral con presencia de gravilla de diverso grosor según los casos. Una auténtica pista de pruebas. Se trataba de ensayar también otro de los puntos fuertes que adelantaba Peugeot en su modelo: las suspensiones. El tren delantero es de tipo pseudo MacPherson con triángulos de acero forjado y barra estabilizadora desacoplada. El tren trasero, que en el 306 fue criticado de excesivamente nervioso (aunque los usuarios consultados por la marca en diferentes encuestas lo valoraban positivamente como muy dinámico), se compone de una traviesa deformable y barra estabilizadora hueca soldada y en su elección han intervenido criterios tanto de espacio (el maletero debía tener unas dimensiones mínimas que no se podían lograr con un sistema multibrazo, más elaborado) como de búsqueda de una mayor estabilidad y agarre, así como de menor peso (de ahí la barra hueca). Pues bien, sobre esa ruta y con estas “armas", el 307 demostró sus buenas aptitudes. El tarado de las suspensiones quizás resulte algo duro para largos viajes sobre carreteras de ese tipo, pero la amortiguación, fabricada como viene siendo habitual por la propia Peugeot, parecía tragarse las irregularidades sin dar cuenta a los ocupantes, con lo que la sensación de comodidad era patente. A ella contribuye en gran manera el buen aislamiento del habitáculo, que nos permitió mantener una conversación de piloto a copiloto sin forzar la voz y sin ruidos molestos. El manejo del cambio, por tacto de la palanca y por recorridos, resulta muy agradable y, a pesar de la inclinación del parabrisas, no se producen reflejos molestos del salpicadero, cuyos plásticos, por cierto, transmiten calidad y buena terminación. El motor 1.6 es progresivo y llega a sorprender por su respuesta (aunque no llega a la del Xsara de igual motorización) y su capacidad de recuperación, aunque, al coger el 2.0, se agradece la potencia complementaria. Esa alegría extra se difumina un poco en las recuperaciones, que no son tan rápidas como cabría esperar. En cuanto al motor HDi, el peso del coche penaliza algo sus prestaciones, aunque la futura versión de 110 CV limará esta pequeña carencia ante los usuarios más exigentes. El comportamiento general de este nuevo modelo de Peugeot es abiertamente noble en recta y curvas de amplio radio, pero los virajes más rápidos sacarán fuera su carácter más dinámico y, en alguna ocasión, la zaga nos avisará de que puede ser peligroso buscarle demasiado las cosquillas. Si así sucede y queremos detener tanto temperamento, cuatro frenos de disco (los delanteros ventilados) nos ayudarán con eficacia e incluso añadirán una fuerza suplementaria si se trata de una frenada seca, gracias al asistente de frenado de urgencia (que además encenderá automáticamente el warning). El ABS con distribuidor electrónico del par de frenado hará el resto, porque el ESP está sólo en camino. También la dirección tiene servo variable en función de la velocidad. Si, a pesar de todo, no podemos evitar una colisión, la dirección se retracta y hasta seis airbags (dos frontales, dos laterales y dos de cortina) saltan para proteger a los ocupantes mientras toda la estructura se dispone a actuar como una “célula de seguridad" que impida lesiones graves. Si la cosa no es para tanto y se trata de un ligero golpe más duro para el bolsillo que para las personas, el 307 es capaz de disminuir los costes y el tiempo de reparación con sus aletas de plástico con memoria de forma o con el giro programado de los faros, que se hunden un poco para evitar romperse. Son tres los motores que se ponen a la venta a mediados de mayo: un 1.6 de 110 CV y un 2.0 de 138, ambos gasolina y multiválvulas, y un turbodiésel HDi Common Rail de 90CV. Para que la prensa especializada pudiera probarlos, Peugeot organizó un recorrido exigente por tierras marroquíes, que incluía carreteras de montaña, tramos en obras con grava y algunos tramos rectos, aunque el firme, en todos los casos, presentaba grandes irregularidades, baches y destrucción lateral con presencia de gravilla de diverso grosor según los casos. Una auténtica pista de pruebas. Se trataba de ensayar también otro de los puntos fuertes que adelantaba Peugeot en su modelo: las suspensiones. El tren delantero es de tipo pseudo MacPherson con triángulos de acero forjado y barra estabilizadora desacoplada. El tren trasero, que en el 306 fue criticado de excesivamente nervioso (aunque los usuarios consultados por la marca en diferentes encuestas lo valoraban positivamente como muy dinámico), se compone de una traviesa deformable y barra estabilizadora hueca soldada y en su elección han intervenido criterios tanto de espacio (el maletero debía tener unas dimensiones mínimas que no se podían lograr con un sistema multibrazo, más elaborado) como de búsqueda de una mayor estabilidad y agarre, así como de menor peso (de ahí la barra hueca). Pues bien, sobre esa ruta y con estas “armas", el 307 demostró sus buenas aptitudes.