Contacto: Chrysler Sebring Cabrio 2.7 y 2.0

Chrysler, su origen americano lo justifica, siempre ha apostado por los coches descapotables y ésa es la única disculpa que parece tener el Sebring Cabrio en un mercado como el español, que no es nada proclive a este tipo de vehículos y en el que los dirigentes de la marca estadounidense pretenden vender cerca de 150 unidades al año.

sebringc_1g.jpg
sebringc_1g.jpg

Ya al volante, la impresión es típicamente americana. Esta sensación se ve reforzada gracias a un cambio automático secuencial de 4 marchas denominado Autostick. Desarrollos largos y suavidad de marcha son sus principales cualidades. El cambio automático condiciona algo la conducción, ya que, a la hora de adelantar, se necesita una “preparación" y la respuesta al “zapatazo" encaminado al repentino acelerón no es inmediata, con lo que, hasta que uno se acostumbra, se tiene la sensación de que la potencia no nos va a respaldar. Esa percepción es momentánea, ya que enseguida los 204 CV están ahí y entran en acción. Las suspensiones son algo blandas, algo que prima la comodidad de marcha sobre la deportividad, uno de los posibles objetivos del Cabrio. En cuanto a los frenos, de serie vienen equipados con ABS, repartidor electrónico de frenada y un nuevo sistema de distribución de frenada entre ambos ejes denominado ABS Plus; éste mide la diferencia de giro de las ruedas en una curva si se está frenando y distribuye la fuerza de frenado para mejorar la estabilidad. En mi opinión les falta mordiente en un primer momento y tienen un recorrido de pedal algo largo. Una de las preguntas obligadas a la que hay contestar a la hora de analizar un descapotable es la sonoridad. He de reconocer que con la capota puesta la comodidad es muy grande, casi comparable a la que puede proporcionar cualquier berlina. Claro que, a partir de los 120 km/h se comienza a percibir la rumorosidad de manera creciente, aunque para ser un cabrio es bastante aceptable. Algo muy diferente ocurre cuando se decide saludar al cielo abierto. La maniobra para descapotar el coche es bastante fácil, ya que simplemente hay que soltar dos anclajes ubicados tras los parasoles delanteros y accionar la apertura eléctrica de la capota. Todo ello en menos de 10 segundos, rápido y seguro. La marcha con el techo bajado es aguantable hasta los 90 km/h. A partir de esa velocidad el aire hace insostenible cualquier atisbo de conversación e incluso la conducción se ve perjudicada. A cambio, la sensación de libertad y de comunión con el paisaje que te rodea es muy grande, comparable al sentimiento de elitismo que provoca este vehículo. La gente se para y se da la vuelta para ver quién es el afortunado que conduce esa maravilla con ruedas. Tuve también la oportunidad de ponerme a los mandos del Sebring Cabrio con el motor 2.0 de 140 CV asociado a una caja manual de cinco velocidades. Y he de reconocer que las sensaciones cambian para mejor, ya que la precisión de manejo aumenta y la sensación de control del coche se incrementa. Ya al volante, la impresión es típicamente americana. Esta sensación se ve reforzada gracias a un cambio automático secuencial de 4 marchas denominado Autostick. Desarrollos largos y suavidad de marcha son sus principales cualidades. El cambio automático condiciona algo la conducción, ya que, a la hora de adelantar, se necesita una “preparación" y la respuesta al “zapatazo" encaminado al repentino acelerón no es inmediata, con lo que, hasta que uno se acostumbra, se tiene la sensación de que la potencia no nos va a respaldar. Esa percepción es momentánea, ya que enseguida los 204 CV están ahí y entran en acción. Las suspensiones son algo blandas, algo que prima la comodidad de marcha sobre la deportividad, uno de los posibles objetivos del Cabrio. En cuanto a los frenos, de serie vienen equipados con ABS, repartidor electrónico de frenada y un nuevo sistema de distribución de frenada entre ambos ejes denominado ABS Plus; éste mide la diferencia de giro de las ruedas en una curva si se está frenando y distribuye la fuerza de frenado para mejorar la estabilidad. En mi opinión les falta mordiente en un primer momento y tienen un recorrido de pedal algo largo. Una de las preguntas obligadas a la que hay contestar a la hora de analizar un descapotable es la sonoridad. He de reconocer que con la capota puesta la comodidad es muy grande, casi comparable a la que puede proporcionar cualquier berlina. Claro que, a partir de los 120 km/h se comienza a percibir la rumorosidad de manera creciente, aunque para ser un cabrio es bastante aceptable. Algo muy diferente ocurre cuando se decide saludar al cielo abierto. La maniobra para descapotar el coche es bastante fácil, ya que simplemente hay que soltar dos anclajes ubicados tras los parasoles delanteros y accionar la apertura eléctrica de la capota. Todo ello en menos de 10 segundos, rápido y seguro. La marcha con el techo bajado es aguantable hasta los 90 km/h. A partir de esa velocidad el aire hace insostenible cualquier atisbo de conversación e incluso la conducción se ve perjudicada. A cambio, la sensación de libertad y de comunión con el paisaje que te rodea es muy grande, comparable al sentimiento de elitismo que provoca este vehículo. La gente se para y se da la vuelta para ver quién es el afortunado que conduce esa maravilla con ruedas. Tuve también la oportunidad de ponerme a los mandos del Sebring Cabrio con el motor 2.0 de 140 CV asociado a una caja manual de cinco velocidades. Y he de reconocer que las sensaciones cambian para mejor, ya que la precisión de manejo aumenta y la sensación de control del coche se incrementa. Ya al volante, la impresión es típicamente americana. Esta sensación se ve reforzada gracias a un cambio automático secuencial de 4 marchas denominado Autostick. Desarrollos largos y suavidad de marcha son sus principales cualidades. El cambio automático condiciona algo la conducción, ya que, a la hora de adelantar, se necesita una “preparación" y la respuesta al “zapatazo" encaminado al repentino acelerón no es inmediata, con lo que, hasta que uno se acostumbra, se tiene la sensación de que la potencia no nos va a respaldar. Esa percepción es momentánea, ya que enseguida los 204 CV están ahí y entran en acción. Las suspensiones son algo blandas, algo que prima la comodidad de marcha sobre la deportividad, uno de los posibles objetivos del Cabrio. En cuanto a los frenos, de serie vienen equipados con ABS, repartidor electrónico de frenada y un nuevo sistema de distribución de frenada entre ambos ejes denominado ABS Plus; éste mide la diferencia de giro de las ruedas en una curva si se está frenando y distribuye la fuerza de frenado para mejorar la estabilidad. En mi opinión les falta mordiente en un primer momento y tienen un recorrido de pedal algo largo. Una de las preguntas obligadas a la que hay contestar a la hora de analizar un descapotable es la sonoridad. He de reconocer que con la capota puesta la comodidad es muy grande, casi comparable a la que puede proporcionar cualquier berlina. Claro que, a partir de los 120 km/h se comienza a percibir la rumorosidad de manera creciente, aunque para ser un cabrio es bastante aceptable. Algo muy diferente ocurre cuando se decide saludar al cielo abierto. La maniobra para descapotar el coche es bastante fácil, ya que simplemente hay que soltar dos anclajes ubicados tras los parasoles delanteros y accionar la apertura eléctrica de la capota. Todo ello en menos de 10 segundos, rápido y seguro. La marcha con el techo bajado es aguantable hasta los 90 km/h. A partir de esa velocidad el aire hace insostenible cualquier atisbo de conversación e incluso la conducción se ve perjudicada. A cambio, la sensación de libertad y de comunión con el paisaje que te rodea es muy grande, comparable al sentimiento de elitismo que provoca este vehículo. La gente se para y se da la vuelta para ver quién es el afortunado que conduce esa maravilla con ruedas. Tuve también la oportunidad de ponerme a los mandos del Sebring Cabrio con el motor 2.0 de 140 CV asociado a una caja manual de cinco velocidades. Y he de reconocer que las sensaciones cambian para mejor, ya que la precisión de manejo aumenta y la sensación de control del coche se incrementa.