Conducir el Citroën C1 es sinónimo de llevarse una sorpresa más. A la vista de su aspecto exterior y su tamaño, uno se espera el típico coche de suspensiones blandas y comportamiento muy poco ágil. Sin embargo, el C1, al igual que el Aygo, es capaz de mucho más que eso. Montado sobre un bastidor de nuevo cuño, creado ex profeso para la alianza tripartita, el C1 exhibe una mezcla de sofisticación y tradición en su arquitectura básica. Así, el chasis cuenta con avanzadas zonas de absorción de impactos y de protección para los peatones, elementos que Citroën espera que le valgan cuatro estrellas EuroNCAP. Y también lleva una suspensión de tipo McPherson en el eje delantero y un sencillo eje torsional en el trasero con amortiguadores hidráulicos.
Ese esquema tan básico da un resultado muy bueno: el coche tiene un tacto de suspensión bastante firme, con una amortiguación muy buena que lo coloca con toda solvencia en las curvas. Esto permite que el C1 se mueva con alegría por las carreteras, aunque en autopistas y terrenos fáciles echemos de menos más potencia bajo el capó.
Y, claro, esa firmeza de suspensión hace que resulte un poco áspero en la ciudad, donde los tramos adoquinados o los típicos baches de nuestras calles hacen que el coche rebote un poco y se vuelva menos cómodo. Pero, en contrapartida, su reducido tamaño lo convierte en un ciudadano ideal, fácil de aparcar y muy maniobrable. Una dirección más que correcta contribuye mucho a este apartado.Por lo demás, sólo cabe apuntar a su marcado carácter subvirador: cuando se va rápido, el coche tiende a irse de frente en las curvas, una tendencia que se corrige con sólo levantar el pie del acelerador.
Si algo falla, están los frenos, que pueden de sobra con los 880 kg que pesa el más pesado de los C1. Además, lleva un muy eficaz ABS de última generación, un elemento que prefigura la llegada inminente del ESP.En la toma de contacto de Marsella sólo pudimos probar el motor de gasolina, porque el Diesel no estará disponible hasta septiembre. Este pequeño propulsor de gasolina utiliza una sencilla arquitectura de tres cilindros y un litro de desplazamiento. El resultado son 68 animosos caballos, pero sólo 9,3 mkg de par máximo.Esta falta de par obliga a tirar mucho del cambio y a llevar el motor alto de vueltas para sacarle algo de brillo. Por el cuentakilómetros sí parece que cumpla con los 157 km de velocidad punta que anuncia, pero le cuesta bastante alcanzarlos. A cambio, es realmente frugal: homologa un consumo que está sobre los 4,6 litros de media, una marca que se debe, sobre todo, al poco peso del coche y a los largos, pero eficaces, desarrollos escogidos.Como la parte baja del cuentavueltas está muy desnutrida, hay que mover mucho la palanca de cambios, que tiene un tacto correcto a pesar de su aspecto algo trasnochado. Si se prefiere, se puede optar por una caja de cambios robotizada, la Sensodrive, que, con los mismos desarrollos y prestaciones, nos evita el engorro de ir cambiando todo el tiempo de marchas. En ciudad, esta ayuda será muy bienvenida.El motor 1.4 HDI que viene tras el verano es una máquina de 55 CV y par de 13 mkg con inyección por common rail de segunda generación. Es el mismo motor de 70 CV que Citroën monta en el C3, pero con la electrónica retocada para entregar menos potencia. Aunque no lo hemos probado con el C1, sabemos que es un propulsor agradable, con presencia en la zona baja del cuentavueltas y mucha capacidad de entrega. Como ya hemos dicho antes, ha sido desarrollado por Ford y el grupo PSA dentro de su empresa conjunta de producción de motores.
Citroën C1
En junio se pone a la venta el Citroën C1, el coche que Citroën ha desarrollado a partir de un proyecto conjunto con Peugeot y Toyota que incluye también los modelos 107 y Aygo. El C1 es el primero del trío que se pone a la venta y llega con argumentos de sobra para conquistar la ciudad.







