California arremete contra las emisiones contaminantes con una nueva ley

En 2005, el estado de California publicará una muy restrictiva legislación sobre emisiones contaminantes en los vehículos privados. Será la primera vez que un estado marca por su cuenta niveles para la emisión de gases como el dióxido de carbono, principal causante del peligroso efecto invernadero. California se adelanta así a las normativas estatales, bloqueadas desde hace meses en el Congreso de los Estados Unidos. Los fabricantes han reaccionado con indignación.

Gray Davis, gobernador demócrata de California, asegura que su estado ha decidido tomar el liderazgo mundial en la lucha contra el calentamiento de la atmósfera, ya que "las autoridades federales no toman la iniciativa". Davis definió con estas palabras lo que su Administración pretende al publicar la normativa AB 1493, una restrictiva legislación que, a partir de 2005, marcará los niveles máximos de emisiones contaminantes permitidos en los automóviles. Estas normas, que todos los fabricantes deberán cumplir en 2009, atacan directamente a los gases culpables del calentamiento global, sobre todo el peligroso dióxido de carbono.

Es la primera vez que un estado de EE.UU. legisla en este sentido, pues, hasta ahora, este aspecto era competencia del Gobierno Federal. Sin embargo, California tiene permiso desde 1964 para promulgar leyes en este campo. En aquel año, los terribles niveles de contaminación que asediaban a la ciudad de Los Ángeles propiciaron la aparición de unos estándares propios. Gracias a ellos, California se ha convertido en un referente mundial en la pelea contra la contaminación y el consumo de combustible en la automoción. De esta lucha han nacido avances como la gasolina sin plomo, el catalizador, los vehículos híbridos...

Con esta decisión, los californianos abren una época nueva en este camino conservacionista y la poderosa industria automotriz, en plena salida de la crisis, ha montado en cólera. Para los fabricantes, la ley californiana no pasaría de ser una anécdota, si hubiera nacido en un estado más pequeño. Pero California, con 35 millones de habitantes y una de las economías más prósperas del mundo (cine, telecomunicaciones...), absorbe un diez por ciento de las ventas de coches. Un cambio allí es necesariamente extrapolable a toda la producción, porque no se pueden fabricar coches sólo para el mercado californiano: sería muy costoso.

Las grandes marcas alegan que el cambio legislativo obligará a vender en California coches más caros, más pequeños y más ligeros, todo lo que el público aborrece. Además, señalan que los todo terreno, los favoritos de los estadounidenses, serán de muy difícil acceso por lo caros que serán. En su oposición, han llegado a proponer que se realice un referéndum en California para que los conductores decidan si están dispuestos a afrontar estos inconvenientes.

Los fabricantes, a través de la Alianza Nacional del Automóvil, ya han anunciado que tomarán medidas legales contra la nueva ley, pues consideran que California invade terreno de las autoridades federales. Éstas, por su parte, se han quedado fuera de juego con el paso emprendido desde la costa del Pacífico. En Washington, se debatía en los últimos meses la aprobación de normas más restrictivas en este sentido, las llamadas CAFE, regulaciones para la eficiencia en los motores de combustión interna. Paralizadas por diferentes vetos, estas normas se quedan ya obsoletas ante las férreas exigencias californianas. Además, aquella propuesta, alternativa al Protocolo de Kyoto, no contemplaba límites al dióxido de carbono. Es más, ni siquiera lo mencionaba. Gray Davis asegura que el Gobierno del país debería tomar la delantera, pero no lo hace, y "lo peor que podíamos hacer en California era no hacer nada".

Coches muy diferentes
Aunque hasta 2005 no estará claro cuáles serán los niveles de contaminación establecidos por las Autoridades de California, éstas ya han explicado por dónde irán los tiros.

El Consejo de Recursos del Aire de California, encargado de elaborar esta normativa, quiere que los coches gasten menos combustible, única forma de que se emita menos dióxido de carbono, un producto de la combustión interna. Para lograr la reducción del consumo, proponen neumáticos de baja fricción, cajas de cambio automáticas y manuales con más marchas y desarrollos más largos, catalizadores más avanzados y refrigerantes más elaborados para los aires acondicionados, de forma que necesiten menos energía. También piden que se mejore la aerodinámica de los coches.

La legislación tendrá un apartado especial que afectará de lleno a los conductores, de forma que, por primera vez, se impliquen en la tarea de reducir las emisiones. Aunque está por ver este desarrollo legislativo, es de prever que se presione a aquellos que más contaminen, según el cada día más extendido precepto de "quien contamina paga".

Lo que prohibirá tajantemente la ley es aplicar nuevos impuestos a los carburantes, gravar la compra de coches o limitar el tráfico. Es decir, la reducción tiene que venir por parte de los fabricantes y los conductores. Unos, mejorando sus productos, otros, cambiando su forma de entender el automóvil y la conducción.

Desde 1998, la ciudad de Los Ángeles no sufre una alerta por contaminación atmosférica, un mal que cada día padecen más capitales del mundo. Esto da idea del buen resultado de sus políticas medioambientales a lo largo de los últimos años. Ahora se plantea una importante batalla legal entre los fabricantes, el Gobierno Federal y el de California, pero el camino está abierto y, antes o después, la legislación se aplicará. Obvio es decir que las organizaciones ecologistas están de fiesta mayor en Estados Unidos.