Seat Altea

Lo han conseguido. Seat ha logrado crear el monovolumen del futuro: bello estéticamente, con la dosis justa y necesaria de habitabilidad y con un carácter dinámico de primer orden.
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Seat Altea
Seat Altea

En las zonas más retorcidas esto se nota. Apoya de manera franca y permite una velocidad de paso por curva elevada. Es subvirador por naturaleza, aunque muy noble en sus reacciones, avisándonos progresivamente de que nos acercamos al límite, incluso con el ESP (opcional) desconectado. ¿Y la carrocería? Se queda tiesa, nada de balanceos. Estas sensaciones se hacen más deportivas con la inclusión de la suspensión deportiva específica de serie, que tienen las versiones más potentes .

Encadenar una curva tras otra se convierte, de esta manera, en un placer. Un placer que se multiplica con la precisa dirección electromecánica (que varía su asistencia en función de la velocidad y que es mucho mejor en precisión y velocidad de respuesta que las equivalentes eléctricas que conocemos) y con una palanca de cambios de inserciones precisas y agradable de utilizar.

El principal pero que podemos poner al Altea es el del ruido aerodinámico. A velocidades elevadas, el sonido que llega al habitáculo es bastante elevado y molesto. Desde Seat nos informan de que hemos conducido unidades pre-serie, por lo que esperamos que este “problemilla” esté solucionado en los Altea que lleguen a los concesionarios.

Nos sorprende esa rumorosidad, ya que esperábamos precisamente todo lo contrario gracias al novedoso diseño de los limpiaparabrisas. Éstos, movidos de forma independiente por motores electrónicos sincronizados, se esconden cuando no están funcionando tras los montantes laterales de los parabrisas. Aparte de su valor estético, Seat defiende que se elimina un punto habitual de turbulencia y ruido. Esto nosotros no lo hemos podido confirmar, sólo podemos decir que el funcionamiento es bastante silencioso y la limpieza conseguida, destacable.

Finalmente, tenemos que decir que el Altea no nos parece caro en relación con su competencia. Con un precio base de 17.000 euros (la versión 1.6 con el acabado Reference) y un máximo de 24.700 (el 2.0 TDI DSG con el acabado Sport Up), es más barato que cualquiera de sus rivales, a excepción del Xsara Picasso, que cuenta con suculentos descuentos. Aunque, no lo olvidemos, el monovolumen de Seat es más potente.

Está bien de precio y, lo más importante, viene bastante bien equipado de serie. Desde el nivel de equipamiento más bajo, el Reference, incluye, entre otros, neumáticos 205/55, radio CD con 6 altavoces, aire acondicionado, 6 airbags (frontales, laterales y de cortina), ABS, control de tracción y sistema Isofix. Una pena, como decíamos antes, que no se haya incorporado, como mínimo, la rueda de repuesto de galleta y sólo contemos con un kit de reparación de pinchazos.

Completar este conjunto es fácil, pues se incluyen extras habituales de segmentos superiores, como climatizador bizona, llantas de aleación, control de velocidad de crucero, suspensión deportiva, asientos calefactados, ESP y tapicería de cuero.

Este Altea es monovolumen por concepto y turismo por comportamiento. En carreteras de primer orden muestra un aplomo más que notable, con una suspensión bastante bien equilibrada y que prioriza la estabilidad del coche y no olvida el confort de los ocupantes. Hablando de suspensiones, tanto la del tren delantero como la del trasero son de nuevo diseño. La primera de ellas tiene una nueva geometría, un subchasis de aluminio y unos silent blocks más rígidos. Atrás, se adopta una suspensión de cuatro brazos (tres transversales y uno longitudinal) con el fin de reducir tanto la deriva como el subviraje.

En las zonas más retorcidas esto se nota. Apoya de manera franca y permite una velocidad de paso por curva elevada. Es subvirador por naturaleza, aunque muy noble en sus reacciones, avisándonos progresivamente de que nos acercamos al límite, incluso con el ESP (opcional) desconectado. ¿Y la carrocería? Se queda tiesa, nada de balanceos. Estas sensaciones se hacen más deportivas con la inclusión de la suspensión deportiva específica de serie, que tienen las versiones más potentes .

Encadenar una curva tras otra se convierte, de esta manera, en un placer. Un placer que se multiplica con la precisa dirección electromecánica (que varía su asistencia en función de la velocidad y que es mucho mejor en precisión y velocidad de respuesta que las equivalentes eléctricas que conocemos) y con una palanca de cambios de inserciones precisas y agradable de utilizar.

El principal pero que podemos poner al Altea es el del ruido aerodinámico. A velocidades elevadas, el sonido que llega al habitáculo es bastante elevado y molesto. Desde Seat nos informan de que hemos conducido unidades pre-serie, por lo que esperamos que este “problemilla” esté solucionado en los Altea que lleguen a los concesionarios.

Nos sorprende esa rumorosidad, ya que esperábamos precisamente todo lo contrario gracias al novedoso diseño de los limpiaparabrisas. Éstos, movidos de forma independiente por motores electrónicos sincronizados, se esconden cuando no están funcionando tras los montantes laterales de los parabrisas. Aparte de su valor estético, Seat defiende que se elimina un punto habitual de turbulencia y ruido. Esto nosotros no lo hemos podido confirmar, sólo podemos decir que el funcionamiento es bastante silencioso y la limpieza conseguida, destacable.

Finalmente, tenemos que decir que el Altea no nos parece caro en relación con su competencia. Con un precio base de 17.000 euros (la versión 1.6 con el acabado Reference) y un máximo de 24.700 (el 2.0 TDI DSG con el acabado Sport Up), es más barato que cualquiera de sus rivales, a excepción del Xsara Picasso, que cuenta con suculentos descuentos. Aunque, no lo olvidemos, el monovolumen de Seat es más potente.

Está bien de precio y, lo más importante, viene bastante bien equipado de serie. Desde el nivel de equipamiento más bajo, el Reference, incluye, entre otros, neumáticos 205/55, radio CD con 6 altavoces, aire acondicionado, 6 airbags (frontales, laterales y de cortina), ABS, control de tracción y sistema Isofix. Una pena, como decíamos antes, que no se haya incorporado, como mínimo, la rueda de repuesto de galleta y sólo contemos con un kit de reparación de pinchazos.

Completar este conjunto es fácil, pues se incluyen extras habituales de segmentos superiores, como climatizador bizona, llantas de aleación, control de velocidad de crucero, suspensión deportiva, asientos calefactados, ESP y tapicería de cuero.

Este Altea es monovolumen por concepto y turismo por comportamiento. En carreteras de primer orden muestra un aplomo más que notable, con una suspensión bastante bien equilibrada y que prioriza la estabilidad del coche y no olvida el confort de los ocupantes. Hablando de suspensiones, tanto la del tren delantero como la del trasero son de nuevo diseño. La primera de ellas tiene una nueva geometría, un subchasis de aluminio y unos silent blocks más rígidos. Atrás, se adopta una suspensión de cuatro brazos (tres transversales y uno longitudinal) con el fin de reducir tanto la deriva como el subviraje.

En las zonas más retorcidas esto se nota. Apoya de manera franca y permite una velocidad de paso por curva elevada. Es subvirador por naturaleza, aunque muy noble en sus reacciones, avisándonos progresivamente de que nos acercamos al límite, incluso con el ESP (opcional) desconectado. ¿Y la carrocería? Se queda tiesa, nada de balanceos. Estas sensaciones se hacen más deportivas con la inclusión de la suspensión deportiva específica de serie, que tienen las versiones más potentes .

Encadenar una curva tras otra se convierte, de esta manera, en un placer. Un placer que se multiplica con la precisa dirección electromecánica (que varía su asistencia en función de la velocidad y que es mucho mejor en precisión y velocidad de respuesta que las equivalentes eléctricas que conocemos) y con una palanca de cambios de inserciones precisas y agradable de utilizar.

El principal pero que podemos poner al Altea es el del ruido aerodinámico. A velocidades elevadas, el sonido que llega al habitáculo es bastante elevado y molesto. Desde Seat nos informan de que hemos conducido unidades pre-serie, por lo que esperamos que este “problemilla” esté solucionado en los Altea que lleguen a los concesionarios.

Nos sorprende esa rumorosidad, ya que esperábamos precisamente todo lo contrario gracias al novedoso diseño de los limpiaparabrisas. Éstos, movidos de forma independiente por motores electrónicos sincronizados, se esconden cuando no están funcionando tras los montantes laterales de los parabrisas. Aparte de su valor estético, Seat defiende que se elimina un punto habitual de turbulencia y ruido. Esto nosotros no lo hemos podido confirmar, sólo podemos decir que el funcionamiento es bastante silencioso y la limpieza conseguida, destacable.

Finalmente, tenemos que decir que el Altea no nos parece caro en relación con su competencia. Con un precio base de 17.000 euros (la versión 1.6 con el acabado Reference) y un máximo de 24.700 (el 2.0 TDI DSG con el acabado Sport Up), es más barato que cualquiera de sus rivales, a excepción del Xsara Picasso, que cuenta con suculentos descuentos. Aunque, no lo olvidemos, el monovolumen de Seat es más potente.

Está bien de precio y, lo más importante, viene bastante bien equipado de serie. Desde el nivel de equipamiento más bajo, el Reference, incluye, entre otros, neumáticos 205/55, radio CD con 6 altavoces, aire acondicionado, 6 airbags (frontales, laterales y de cortina), ABS, control de tracción y sistema Isofix. Una pena, como decíamos antes, que no se haya incorporado, como mínimo, la rueda de repuesto de galleta y sólo contemos con un kit de reparación de pinchazos.

Completar este conjunto es fácil, pues se incluyen extras habituales de segmentos superiores, como climatizador bizona, llantas de aleación, control de velocidad de crucero, suspensión deportiva, asientos calefactados, ESP y tapicería de cuero.

Este Altea es monovolumen por concepto y turismo por comportamiento. En carreteras de primer orden muestra un aplomo más que notable, con una suspensión bastante bien equilibrada y que prioriza la estabilidad del coche y no olvida el confort de los ocupantes. Hablando de suspensiones, tanto la del tren delantero como la del trasero son de nuevo diseño. La primera de ellas tiene una nueva geometría, un subchasis de aluminio y unos silent blocks más rígidos. Atrás, se adopta una suspensión de cuatro brazos (tres transversales y uno longitudinal) con el fin de reducir tanto la deriva como el subviraje.

En las zonas más retorcidas esto se nota. Apoya de manera franca y permite una velocidad de paso por curva elevada. Es subvirador por naturaleza, aunque muy noble en sus reacciones, avisándonos progresivamente de que nos acercamos al límite, incluso con el ESP (opcional) desconectado. ¿Y la carrocería? Se queda tiesa, nada de balanceos. Estas sensaciones se hacen más deportivas con la inclusión de la suspensión deportiva específica de serie, que tienen las versiones más potentes .

Encadenar una curva tras otra se convierte, de esta manera, en un placer. Un placer que se multiplica con la precisa dirección electromecánica (que varía su asistencia en función de la velocidad y que es mucho mejor en precisión y velocidad de respuesta que las equivalentes eléctricas que conocemos) y con una palanca de cambios de inserciones precisas y agradable de utilizar.

El principal pero que podemos poner al Altea es el del ruido aerodinámico. A velocidades elevadas, el sonido que llega al habitáculo es bastante elevado y molesto. Desde Seat nos informan de que hemos conducido unidades pre-serie, por lo que esperamos que este “problemilla” esté solucionado en los Altea que lleguen a los concesionarios.

Nos sorprende esa rumorosidad, ya que esperábamos precisamente todo lo contrario gracias al novedoso diseño de los limpiaparabrisas. Éstos, movidos de forma independiente por motores electrónicos sincronizados, se esconden cuando no están funcionando tras los montantes laterales de los parabrisas. Aparte de su valor estético, Seat defiende que se elimina un punto habitual de turbulencia y ruido. Esto nosotros no lo hemos podido confirmar, sólo podemos decir que el funcionamiento es bastante silencioso y la limpieza conseguida, destacable.

Finalmente, tenemos que decir que el Altea no nos parece caro en relación con su competencia. Con un precio base de 17.000 euros (la versión 1.6 con el acabado Reference) y un máximo de 24.700 (el 2.0 TDI DSG con el acabado Sport Up), es más barato que cualquiera de sus rivales, a excepción del Xsara Picasso, que cuenta con suculentos descuentos. Aunque, no lo olvidemos, el monovolumen de Seat es más potente.

Está bien de precio y, lo más importante, viene bastante bien equipado de serie. Desde el nivel de equipamiento más bajo, el Reference, incluye, entre otros, neumáticos 205/55, radio CD con 6 altavoces, aire acondicionado, 6 airbags (frontales, laterales y de cortina), ABS, control de tracción y sistema Isofix. Una pena, como decíamos antes, que no se haya incorporado, como mínimo, la rueda de repuesto de galleta y sólo contemos con un kit de reparación de pinchazos.

Completar este conjunto es fácil, pues se incluyen extras habituales de segmentos superiores, como climatizador bizona, llantas de aleación, control de velocidad de crucero, suspensión deportiva, asientos calefactados, ESP y tapicería de cuero.

Este Altea es monovolumen por concepto y turismo por comportamiento. En carreteras de primer orden muestra un aplomo más que notable, con una suspensión bastante bien equilibrada y que prioriza la estabilidad del coche y no olvida el confort de los ocupantes. Hablando de suspensiones, tanto la del tren delantero como la del trasero son de nuevo diseño. La primera de ellas tiene una nueva geometría, un subchasis de aluminio y unos silent blocks más rígidos. Atrás, se adopta una suspensión de cuatro brazos (tres transversales y uno longitudinal) con el fin de reducir tanto la deriva como el subviraje.

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