Mayores al volante, ¿experiencia o un riesgo?

Para muchos automovilistas, las personas de más de 65 años representan un peligro al volante. Expertos y estadísticas, sin embargo, desmienten esta opinión. Las previsiones auguran que, en 2010, más de un millón de personas circularán en España con 80 años cumplidos.
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Mayores al volante, ¿experiencia o un riesgo?
Mayores al volante, ¿experiencia o un riesgo?

Los conductores mayores de 65 años son, precisamente, quienes sufren en mayor medida las consecuencias de su pérdida de facultades. Ellos representan por encima de todo un importante riesgo para su propia salud. Según un estudio desarrollado por el Instituto Asegurador para la Seguridad en Carretera estadounidense (IIHS), los automovilistas seniors tienen casi el triple de posibilidades de morir en un accidente de tráfico que el resto de conductores. Cuando el siniestro lo sufre una persona de más de 80 años, el peligro de fallecimiento se multiplica por cinco a causa de su mayor debilidad física.

Las principales infracciones que cometen los mayores al volante son, según las estadísticas de la DGT, no respetar las señales de circulación, no ceder el paso en intersecciones y girar sin previo aviso. Estas situaciones suelen ser el resultado de la pérdida de capacidad de atención y agudeza visual, dos claros síntomas del paso de los años. Por eso, aunque el actual sistema de revisión médica obliga a los mayores de 70 años a demostrar cada dos años su aptitud para la conducción (en Francia, por ejemplo, no hay reconocimientos periódicos), muchos investigadores siguen considerando que los exámenes psicofísicos deben realizarse a estas edades con más frecuencia.

La debilidad física que proporcionan los años es el mayor impedimento que sufren los conductores seniors a la hora de circular. En este sentido, la disminución de la capacidad visual, unida a problemas para percibir y calcular distancias y velocidades, es probablemente la primera limitación. Los conductores mayores necesitan cuatro veces más luz para ver bien, son hasta dos veces más sensibles al deslumbramiento y tardan más en reconocer los colores de los semáforos.

La visión, no obstante, no es el único obstáculo físico de la edad. Los mayores presentan en la mayoría de las ocasiones una importante pérdida de capacidad auditiva, lo que les impide detectar información sonora tan útil como los pitidos o los frenazos. También la capacidad psicomotora se ve notablemente reducida. Con ella, descienden la flexibilidad, la coordinación y los reflejos y aumenta el tiempo de reacción. Su resistencia a la fatiga, además, es más baja, por lo que se cansan más y soportan menos el estrés del tráfico.

La pérdida de las facultades mentales es otro de los principales riesgos que corren los conductores mayores. “La actual situación indica un incremento de enfermedades como el Alzheimer o la demencia senil. Ambas plantean nuevos problemas para los examinadores por su difícil diagnóstico”, señala el profesor Moragas. Y lo cierto es que están estrechamente ligadas con los accidentes de tráfico, ya que –según la DGT- la mitad de los enfermos con demencia senil han tenido un siniestro, como mínimo, antes de abandonar la conducción.

Ante esta circunstancia, los expertos exigen a sus familiares máxima atención y que informen al médico si observan en sus parientes alguno de los siguientes síntomas: maniobras de giro con dificultad, irritación desmesurada, confusión en las salidas de autopista, aparcamientos incorrectos o golpes con aceras.

Los conductores seniors no son los únicos que se medican, pero sí los que tienen más sensibilidad a los fármacos. Casi el 40 por ciento de los mayores de 60 años consumen medicamentos regularmente, según un estudio de la DGT, que señala a los antidepresivos como los fármacos más peligrosos para la conducción. Muchas medicinas disminuyen los reflejos en reacciones de emergencia y producen somnolencia. Ya sabes: lee detenidamente sus instrucciones de uso y, en caso de duda, consulta a tu médico o farmacéutico.

Ser mayor de 65 años y peatón lleva consigo un grave riesgo de accidente de tráfico. De las casi 1.000 personas atropelladas cada año en nuestro país, un alto porcentaje de ellas forman parte de la denominada Tercera Edad. La mayoría de estos incidentes son provocados por irrupciones antirreglamentarias en calzadas y por la no utilización de los pasos de peatones. El deterioro de las condiciones físicas, además, impide muchas veces a los mayores reaccionar correctamente. En su defensa, éstos denuncian el aparcamiento de coches en las aceras, las grandes aglomeraciones y la excesiva altura de muchos bordillos, circunstancias todas que complican sus desplazamientos.

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