BMW Z8, ¿cómo suenan los sueños?

En los años 50, el BMW 507 alcanzó la condición de leyenda. Era un deportivo con aires salvajes, un biplaza fuera de toda proporción que se adueñó de los circuitos. Su objetivo: alcanzar una velocidad punta superior a los 200 km/h. Después de 40 años llega el Z8, un homenaje de la marca alemana a aquel vehículo hecho para soñar
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BMW Z8, ¿cómo suenan los sueños?

El Z8 es una revisión del clásico pasada por la era High Tech. También es biplaza y su tremenda envergadura le da toda la imagen del deportivo vencedor. Es un coche de poca alzada, sólo mide unos 130 centímetros de altura, pero su anchura, de 183 centímetros, y sus casi cuatro metros y medio de largo permiten alojar dentro de esta máquina la más sofisticada tecnología automovilística.

A primera vista, el Z8 da casi miedo. Tiene un capó eterno, larguísimo, tras el que se parapeta un habitáculo con el espacio justo para dos ocupantes y un parabrisas con sabor retro, el techo es prescindible y la capota plegable se lleva a la vista, a la vieja usanza. Para invierno, equipa de serie un techo duro muy fácil de instalar.

La parrilla del radiador es oval, con los faros redondos, logrando un conjunto que remite inmediatamente a la tradición diseñadora de BMW. La parte trasera es ligeramente descendente, con un difusor y unos tubos de escape en acero pulido que realmente impresionan. El maletero, aunque limitado, puede utilizarse para bultos pequeños.

En los flancos, el coche lleva unas branquias justo detrás de los pasarruedas delanteros que le confieren un aspecto violento, como si se tratase de un escualo presto al ataque.

La carrocería, autoportante de aluminio, supone una innovación de primer orden. La ligereza del material, a la vez que su alta resistencia, proporcionan una correcta combinación de peso y rigidez que se traduce en un descapotable que viaja sin las vibraciones frecuentes en coches de este tipo.

Pero, para viajar, todo coche necesita un motor. Bajó la enorme extensión del capó, y situado casi en posición central, el Z8 lleva una bestia de 400 caballos de potencia y 8 cilindros en uve, el mismo que el M5. Esta máquina tiene 4.000 centímetros cúbicos y un par de 50 mkg, mimbres con los que se pasa de cero a ciento en sólo 4,7 segundos. La velocidad máxima que ofrece este monstruo es desconocida, porque a partir de 250 kilómetros por hora, la aceleración se corta electrónicamente.

Al construir este motor en uve, disposición heredera de aquel mítico BMW 507, los ingenieros de la casa alemana han prestado especial atención al sonido. Un coche de estas características no puede sonar mal. Tiene que rugir casi como un Fórmula 1, sin caer en la contaminación acústica. Eso es lo que han logrado los creadores de este deportivo: un sonido de auténtica competición. Las ruedas que reciben tanta fuerza van equipadas con neumáticos tipo "run-flat" que están preparados para rodar hasta 500 kilómetros aun después de sufrir un pinchazo, con lo que la rueda de repuesto se vuelve sencillamente innecesaria. Su capacidad de frenado es enorme: pueden detener el coche en sólo 2,5 segundos corriendo a 100 km/h. La distancia de frenado es de sólo 35 metros. De serie, se incluyen los sistemas ABS y CBS, este último permite controlar el frenado en las curvas, algo básico cuando se circula por carreteras muy viradas.

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