Fiat 500 Topolino

El precedente del Fiat 508 Balilla planteó al joven ingeniero Dante Giacosa el difícil reto de crear un verdadero coche «utilitario», innovador técnicamente y asequible económicamente. El 500 Topolino, con un pequeño pero robusto motor de 13 CV, un peso contenido, un bastidor que reportaba seguridad y confort y una carrocería moderna y capaz, superó las expectativas y subía muy alto el listón para los sucesivos coches de gran producción.

Fiat 500 Topolino
Fiat 500 Topolino

Volviendo a la labor de Dante Giacosa, en el desarrollo del motor tuvo presente una máxima importante: la potencia fiscal resultante no debía ser superior a 8 CV. La política de impuestos en Italia gravaba demasiado este punto. Fiat logró, de hecho, que el primer año estuviese exento de la citada tasa y que a partir del segundo pagase el mínimo: 275 liras anuales.El trabajo del ingeniero italiano se basó entonces en el motor del 508 Balilla: un cuatro cilindros de válvulas laterales y carrera corta. A partir de él, definió un bloque con una cilindrada final de 567 cc (52 x 67 mm), para la que bastó un cigüeñal de sólo dos apoyos. Además se decidió por una alimentación por gravedad y una refrigeración por termosifón; sistemas estos en desuso, pero tan eficientes como lógicamente baratos de implantar, y con el consiguiente ahorro de peso que conlleva la ausencia de bombas de presión.Ésta era la mecánica que deberíamos de habernos encontrado bajo el capó de nuestro ejemplar protagonista, un 500 A construido en 1941 (de acuerdo con el número de bastidor 87.559) y rematriculado en 1953. Sin embargo, la sustituye el motor implantado en el modelo 500 B de 1848; esto es, el moderno cuatro cilindros de válvulas en cabeza.

Estructuralmente, esta modificación no afecta al conjunto, pues de hecho, la principal diferencia entre el 500 A y el B estriba nada más (y nada menos) en dicho cambio mecánico. El valenciano Eduardo Arnau, su actual propietario, desconoce los motivos de esta transformación. Y puesto que no supone ninguna aberración y el motor tiene un funcionamiento pletórico, de momento no se ha planteado su sustitución.Respecto al primitivo, esta evolución dispone de algunas otras diferencias además del sistema de distribución, con árbol de levas en el bloque, varillas y balancines. Una es el carburador, sustituido el horizontal por uno invertido y alimentado ahora por una bomba mecánica. Visualmente, también la localización de la dinamo varía: anteriormente sobre la culata, y a través de la cual pasaba el eje que transmite el giro al ventilador del radiador, y luego adosada al costado derecho del bloque. Con una menor compresión (6,45:1 en lugar de 6,7:1), la potencia se incrementaba, sin embargo, de 13 a 16,5 CV. Aunque sobre el papel no parecen especialmente significativos, en la práctica estos 3,5 CV suplementarios conceden una pequeña alegría. Como comprenderán ustedes, las prestaciones que reporta esta potencia no son para tirar campanas al vuelo. Retomando una frase anterior, no se trata de cuánto ni cómo corre el Topolino, sino de que ofrece la posibilidad de realizar trayectos más o menos largos con cierta comodidad, seguridad, a una velocidad de 80-90 km/h y consumiendo apenas 6 l/100 km. ¡Imagínense esta situación en plena posguerra mundial!En los tiempos actuales, evidentemente, demandamos otras necesidades. Por eso, quizás nos cueste acostumbrarnos al ritmo que impone este automóvil. Aun con todo, resulta divertido esforzarse en mantener una velocidad viva. Gracias a un contenido peso en orden de marcha de 730 kg, para rodar entre los 75-85 km/h sólo hemos de prestar oído y atención al sonido del motor, ejecutar los cambios de relación con decisión y anticipar las maniobras. El régimen de giro óptimo se halla entre 3.000 y 4.000 vueltas. Ahora bien, como carece de cuentarrevoluciones, lo aconsejable es memorizar las velocidades aproximadas a las que rueda a ese ritmo: 14-18 km/h en 1ª; 22-30 en 2ª; 35-45 en 3ª y 60-80 en 4ª. Las tres primeras están bastante cerradas entre sí, sin embargo, la directa conviene no engranarla por debajo de los 60 km/h, pues existe un salto sustancial entre una y otra relación que le cuesta al motor recuperar.Respecto a la estabilidad, recordamos las palabras del propio Giacosa: «Es óptima» para el carácter del coche. Y más que destacar si balancea, sobrevira o subvira en mayor o menor medida, lo realmente revelador es el confort que concede a los ocupantes, el equilibrio de pesos, el bajo centro de gravedad y la ausencia de vicios comprometidos. Eso sí, siempre que sea consciente de las lógicas limitaciones que imponen un sistema de suspensión elemental, con eje rígido atrás, unos neumáticos diagonales de 4.00 x 16 pulgadas y unos frenos de tambor sin servoasistencia. En definitiva, existen coches en los que prima su carácter deportivo; en otros, el confort, el lujo y la apariencia; y en algunos, como es el caso del Topolino, la simple necesidad de disponer de un medio de transporte, además, práctico, seguro, económico, fiable y... descapotable.