Alfa Romeo Giulietta 1983: probamos una berlina deportiva mítica

Destinado a suceder a las brillantes berlinas Giulia, el Alfa Romeo Giulietta sorprendía por el estilo anguloso de su carrocería. Situémonos al volante y descubramos una berlina de talante deportivo, diseñada según los cánones clásicos de la firma milanesa.

Ignacio Sáenz de Cámara (TEXTO). Classic Lane (FOTOS)

Alfa Romeo Giulietta 1983: probamos una berlina deportiva mítica
Alfa Romeo Giulietta 1983: probamos una berlina deportiva mítica

Traemos en este artículo un modelo poco frecuente, porque son escasas las unidades que se conservan. Sin embargo, tuvo unas ventas aceptables para tratarse por entonces de un coche de importación, cuyo precio de 2,3 millones de pesetas era competitivo. Además, Alfa Romeo mantenía su halo de deportividad, generado por su palmarés extenso en múltiples competiciones y su participación en F1.

Desde su fundación en 1910, la compañía Alfa Romeo se distinguió por su trayectoria vinculada a la deportividad, gracias a sus victorias en carreras legendarias como la Targa Florio, las Mille Miglia y numerosos Grandes Premios, con autos pilotados por ídolos tan míticos como Tazio Nuvolari, Rudolph Caracciola o el propio Juan Manuel Fangio. En cambio, aquella empresa que fabricaba sus potentes automóviles de manera artesanal y vencía en las carreras, tuvieron que variar su modo de producción. Ya desde 1933 bajo control económico por parte del organismo público I.R.I., Alfa Romeo se centró a partir de 1950 en el ensamblaje en cadena de sus turismos. El primer modelo nuevo fue la berlina 1900, cuyos 17.000 ejemplares fabricados superaban de largo a las poco más de 12.000 unidades que Alfa Romeo había construido entre 1910 y 1939.

Alfa Romeo Giulietta 1983: probamos una berlina deportiva mítica

Alfa Romeo Giulietta 1983

Dicha berlina estaba dotada de un motor biárbol de 90 CV y alcanzaba una velocidad de 160 km/h, poco habitual por entonces en un coche de uso familiar. Por otro lado, desde la marca se cedían bastidores a estilistas del prestigio de Bertone, Michelotti, Pininfarina, Touring o Vignale –entre otros- para que elaborasen por su cuenta elegantes carrocerías de tipo coupé y cabriolet. De este modo, Alfa Romeo se rodeó así de una clientela entendida, deseosa de automóviles rápidos y de conducción sabrosa, en los que se cuidaba la postura ante el volante, el tacto de los mandos y había una instrumentación generosa.

Así es el Alfa Giluetta de los 80

Esa personalidad tan singular de los Alfa Romeo se mantenía tres décadas después, cuando se fabricó el ejemplar que ilustra este artículo, precisamente el año que Alfa Romeo dejaba de participar en F1 y meses antes de que esta firma pasase a formar parte del grupo Fiat. Se trata de uno de los últimos Giulietta 2.0 construidos, matriculado en diciembre de 1985 y propiedad del señor Garriga, gran conocedor de la mecánica y socio del Alfistas Club Sport. Por mucho que este coche tiene 34 años y es conocida la propensión de los Giulietta a oxidarse, su dueño se ha esmerado en cuidar la carrocería, así como en controlar periódicamente cualquier anomalía mediante una inspección de los bajos y de la pintura con el coche subido en el elevador.

Alfa Romeo Giulietta 1983: probamos una berlina deportiva mítica

Alfa Romeo Giulietta 1983

Por ese motivo, no hubo ningún inconveniente en realizar el reportaje fotográfico en una mañana lluviosa, dada la protección aplicada y la confianza que su propietario tiene en esta máquina. Visto de frente, destaca el escudo característico de la marca en el centro de la calandra negra, en tanto que los faros Carello rectangulares y los intermitentes en ambas esquinas ayudan a que la apariencia del coche sea discreta, casi anodina, para su nivel de prestaciones. Por el contario, la mitad inferior le confiere un aire deportivo por el spoiler plateado, los faros antiniebla y las tomas de aire suplementarias.

Al mirarlo de perfil, su silueta en cuña se pone en evidencia con el capó ascendente, unas puertas que siguen en elevación y un tercer volumen que termina con un discreto alerón estampado en la propia chapa. Su diseño se debe a Ermano Cressoni, quien trabajaba como director del Centro Stile Alfa Romeo y cuyo perfil en cuña sirvió de inspiración a otros fabricantes, ya que favorece una buena aerodinámica y permite conseguir un maletero de mayor capacidad. Por su parte, la zaga alta y corta acaba bruscamente, en busca del efecto Kamm que ayudó a lograr un ajustado coeficiente Cx de sólo 0,43. Y como de costumbre en los diseños de Alfa Romeo, no había términos medios: a algunos les parecía precioso y otros lo veían horrible, si bien en esta unidad de la última serie las franjas de color plateado contribuyen a aligerar sus líneas y a que la trasera no parezca tan alta.

A capó levantado en vertical, el señor Garriga nos comentaba que el motor está afinado mediante el clásico pulido de los conductos de admisión y la instalación de un colector de escape más efectivo. También eliminó la conducción de plástico que toma el aire desde la zona baja del lado izquierdo del propulsor y acostumbra a realizar periódicamente una precisa puesta a punto de la carburación y el encendido.

En el asiento trasero hay espacio holgado para las piernas de dos adultos, que cuentan con un apoyabrazos central escamoteable. Y en el caso de que entre atrás un tercer pasajero, mejor que sea un niño, porque la anchura interior y el abultamiento provocado por el túnel de la transmisión así lo aconsejan. En cambio, al sentarse ante el volante es fácil sentirse mimado, tanto por la óptima postura de conducción que se consigue como por la distancia precisa de cada mando, incluido un apoyo ideal para el pie izquierdo, si bien el tacto resbaladizo del volante y del pomo del cambio en imitación a madera invitan a conducir con los tradicionales guantes.

Alfa Romeo Giulietta 1983: probamos una berlina deportiva mítica

Alfa Romeo Giulietta 1983

El diseño del salpicadero está concebido para satisfacer al conductor. La instrumentación y los múltiples conmutadores e interruptores se concentran en su entorno, con un tablero compuesto por un velocímetro graduado hasta 220 km/h, un cuentavueltas que gira en sentido inverso y señala la zona roja en las 6.400 rpm, termómetro de líquido refrigerante, manómetro de aceite y nivel de gasolina en el depósito. Hay también diez testigos luminosos y un Check Control, más los cuatro chivatos de la luneta térmica, los antinieblas delanteros y traseros y las luces de emergencia. Lo curioso es que ahí no acaba todo, ya que encima del retrovisor va situado un reloj digital y los mandos de los elevalunas eléctricos delanteros. Mientras tanto, el acompañante sólo tiene ante sí la guantera, una repisa en la que depositar algún objeto pequeño y el encendedor de cigarrillos.

Probamos el Alfa Giluetta

Después de que Pere Nubiola termina de realizar las fotos estáticas, ponemos el motor de nuevo en marcha y pisamos el pedal del embrague. Cuando engranamos primera, es inevitable que se escuche que el cambio rasca, debido a la larga timonería que transmite el movimiento desde la palanca hasta la caja de cambios situada atrás, sobre el eje DeDion. Iniciamos la marcha y enseguida rodamos a 90 km/h en cuarta. El motor hace gala de una elasticidad notable y responde con brío desde las 1.500 vueltas hasta el límite, en tanto que su sonido grave a regímenes bajos y medios resulta contenido y por encima de las 4.500 rpm se transforma en un bramido que gana en agudos, acompañado de una aceleración poderosa.

Alfa Romeo Giulietta 1983: probamos una berlina deportiva mítica

Alfa Romeo Giulietta 1983

Cuando el Alfa está parado o en maniobras de aparcamiento, el manejo del volante de tres brazos requiere menos fuerza de la que imaginábamos, aunque se aligera más en cuanto rodamos y responde con rapidez sobre el asfalto húmedo. En conducción turística la suspensión es blanda y confortable, pero al abordar una curva a paso tranquilo y con el motor en retención el tren delantero se inclina y subvira. En cambio, si repetimos la misma curva en segunda y pisando el acelerador con ganas el eje anterior hace caso a lo que le indicamos desde el volante sin apenas deriva, ayudado por un reparto de pesos equilibrado y una suspensión trasera que se mantiene inmutable.

Además de este comportamiento, sencillo de dosificar mediante el manejo del volante y la presión sobre el acelerador, los cuatro frenos de disco tienen mordiente de sobra para decelerar como se desee, a base de dosificar la fuerza aplicada en el pedal. Y a medida que se confía en este coche y se acepta su personalidad, termina por entusiasmarnos esa relación entre el conductor y un vehículo que carece de los modernos dispositivos electrónicos.

En resumidas cuentas, nuestro protagonista hace gala de bastidor extraordinario y de una planta motriz tan potente como agradable de utilizar. La pena es que hayan sobrevivido pocas unidades, en parte por la leyenda negra que suele afectar a los modelos de se salen de la tendencia establecida, aunque sea un coche de conducción divertida y que se puede emplear todos los días.

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