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Los mejores consejos para conducir con nieve o hielo

Fin de semana complicadísimo en las carreteras españolas. Máxima precaución e infórmate bien antes de viajar, pero, si no tienes más remedio, aquí tienes los mejores consejos para conducir con nieve y hielo.
Jordi Moral/Autopista. Twitter @Autopista_es -
Los mejores consejos para conducir con nieve o hielo

Aunque en nuestro país no es muy habitual tener que enfrentarnos a la nieve en carretera con nuestro coche (salvo en zonas del Norte y los Pirineos), la situación ha llegado: este fin de semana está dejando muchísimas complicaciones en nuestras carreteras, incluso con cientos de coches bloqueados y atascados (como en la AP6 entre Madrid y Castilla León y en el norte peninsular) y numerosas carreteras de la vía principal intransitables. El sentido común obliga en estas circunstancias a postponer los viajes y tener la máxima precaución, pero, si tienes que circular irremediablemente o una nevada te ha pillado de improviso en carretera, es indispensable contar con unas nociones básicas sobre conducción con nieve o hielo: así, sabremos reaccionar y conducir de la forma más segura posible.

Conducir con nieve: ¿prudencia? Siempre. ¿Miedo? Nunca

Aunque circulan ‘consejos’ para conducir con hielo y nieve en los que el primer punto dice: lo mejor en estos casos es quedarse en casa, lo cierto es que no tenemos que renunciar a salir con nuestro coche sólo porque haya caído una nevada. Por supuesto que debemos ser prudentes, muy prudentes, pero nunca, como en todo lo relacionado con la conducción, tener miedo a la nieve en carretera.

Nieve al volante, siempre cómodos

Cuando vamos a conducir bajo una nevada debemos tener especial cuidado con cómo nos vestimos y más si nos vamos a enfrentar a una carretera nevada. El calzado es clave ya que debemos ‘sentir’ los pedales y, por ello, no es recomendable usar botas con suelas gruesas, sino más bien llevar puestas unas deportivas y, luego, cuando lleguemos a nuestro destino ponernos un buen calzado para la nieve. La ropa también debe ser ligera, que abrigue, pero que no nos impida realizar movimientos rápidos y cómodos con el volante.

Los neumáticos, fundamentales

Las ruedas de nuestro coche son fundamentales en seco, más en lluvia y nuestro mayor seguro si conducimos con nieve o hielo. Los neumáticos son los que se encargan de ‘llevar’ el coche. Si vivimos en una zona donde habitualmente hay nieve o hielo, lo ideal es montar unos neumáticos de los denominados ‘de invierno’. Éstos se diferencian de los convencionales en su composición, dibujo y en que cuentan con unas laminillas colocadas transversalmente que dan un mayor agarre al vehículo y permiten una mejora considerable a la hora de frenar. Por supuesto, llevarlos con la presión adecuada es imprescindible en todo caso.

Conducción en nieve: la distancia de seguridad, esencial

Si en seco hay que tener en cuenta que la distancia de seguridad con el coche que nos precede es una garantía en caso de tener que frenar bruscamente, en el caso de circular con el asfalto cubierto de nieve esta distancia tiene que hacerse mucho más grande ya que en esas condiciones las frenadas se alargan mucho más.

Luces, siempre encendidas

Si estamos conduciendo bajo una nevada, procuraremos llevar siempre las luces de carretera encendidas como medida de seguridad para que los otros conductores puedan vernos con la suficiente antelación. Recuerda que bajo una nevada la visibilidad es mucho menor.

Conducción suave, la clave

Si hablamos de conducción con nieve, el manejo del volante siempre ha de ser siempre suave y dulce. Quedan completamente prohibidos los volantazos bruscos que nos harían perder el control del vehículo.

Al igual que sucede con el volante, al pedal del acelerador hay que ‘acariciarlo’  -de ahí la importancia de llevar un calzado ligero- tanto en las arrancadas, como a la salida de las curvas.

Con nieve… ¡Mucho cuidado  en las frenadas!

El pedal del freno es otro componente de nuestro coche al que hay ‘que mimar’ cuando se trata de detener el vehículo con la calzada nevada. Si nuestro coche no cuenta con ABS y tenemos que frenar lo ideal es hacerlo con pisotones ligeros y continuados para que las ruedas no lleguen a bloquearse por completo.

¿Y si pierdo el control de mi coche en nieve?

En caso de perder el control del coche en una carretera nevada,  lo primero es levantar el pie del acelerador para que las ruedas delanteras tengan más peso y consigan un mayor agarre. Si tenemos que frenar, hacerlo de forma suave y dando pequeños y ligeros pisotones al pedal, ya que por mucho que pisemos este a fondo, si las ruedas no tienen agarre no conseguiremos nunca detener el coche.

Si nuestro coche sobrevira, tendremos que levantar con suavidad el pie del acelerador -si lo hacemos de golpe sólo conseguiremos agravar más el sobreviraje- e ir acelerando suavemente y girando el volante con suavidad hacia el lado donde está yendo la parte trasera del coche.

En nieve, hay que mirar mucho más allá

En condiciones invernales extremas hay que ‘leer’ con mayor antelación la carretera y ver las circunstancias que nos rodean. Es esencial mirar más lejos de lo que lo hacemos normalmente, ver las curvas con mayor antelación y realizar las maniobras precisas mucho antes. Como suele decirse, hay que llegar a la curva ‘con los deberes hechos’. Es decir, cuando lleguemos a la curva ya hemos bajado la velocidad, frenado lo suficiente y estamos prestos con el volante y el acelerador para salir de la misma sin que nuestra trayectoria nos saque de la carretera.

Suavidad, la clave de la conducción sobre nieve

En resumen, todos los movimientos que tenemos que hacer cuando la carretera tiene nieve o hielo tienen que ser consecuentes con la situación. No se puede ir a la misma velocidad que cuando la calzada está seca. No podemos ‘apurar frenadas’ , ni pisar el pedal del freno del mismo modo; nada de girar el volante bruscamente, ni acelerar a fondo en las arrancadas o al salir de una curva. Y, por supuesto,  no ponerse nervioso en ningún caso: hay que mantener la calma, la cabeza fría y llevar estos consejos en ella para hacer uso de los mismos si nos encontramos con alguna de estas situaciones.

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Nieve al volante, siempre cómodos

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Los neumáticos, fundamentales

Las ruedas de nuestro coche son fundamentales en seco, más en lluvia y nuestro mayor seguro si conducimos con nieve o hielo. Los neumáticos son los que se encargan de ‘llevar’ el coche. Si vivimos en una zona donde habitualmente hay nieve o hielo, lo ideal es montar unos neumáticos de los denominados ‘de invierno’. Éstos se diferencian de los convencionales en su composición, dibujo y en que cuentan con unas laminillas colocadas transversalmente que dan un mayor agarre al vehículo y permiten una mejora considerable a la hora de frenar. Por supuesto, llevarlos con la presión adecuada es imprescindible en todo caso.

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Si en seco hay que tener en cuenta que la distancia de seguridad con el coche que nos precede es una garantía en caso de tener que frenar bruscamente, en el caso de circular con el asfalto cubierto de nieve esta distancia tiene que hacerse mucho más grande ya que en esas condiciones las frenadas se alargan mucho más.

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Luces, siempre encendidas

Si estamos conduciendo bajo una nevada, procuraremos llevar siempre las luces de carretera encendidas como medida de seguridad para que los otros conductores puedan vernos con la suficiente antelación. Recuerda que bajo una nevada la visibilidad es mucho menor.

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Al igual que sucede con el volante, al pedal del acelerador hay que ‘acariciarlo’  -de ahí la importancia de llevar un calzado ligero- tanto en las arrancadas, como a la salida de las curvas.

Con nieve… ¡Mucho cuidado  en las frenadas!

El pedal del freno es otro componente de nuestro coche al que hay ‘que mimar’ cuando se trata de detener el vehículo con la calzada nevada. Si nuestro coche no cuenta con ABS y tenemos que frenar lo ideal es hacerlo con pisotones ligeros y continuados para que las ruedas no lleguen a bloquearse por completo.

¿Y si pierdo el control de mi coche en nieve?

En caso de perder el control del coche en una carretera nevada,  lo primero es levantar el pie del acelerador para que las ruedas delanteras tengan más peso y consigan un mayor agarre. Si tenemos que frenar, hacerlo de forma suave y dando pequeños y ligeros pisotones al pedal, ya que por mucho que pisemos este a fondo, si las ruedas no tienen agarre no conseguiremos nunca detener el coche.

Si nuestro coche sobrevira, tendremos que levantar con suavidad el pie del acelerador -si lo hacemos de golpe sólo conseguiremos agravar más el sobreviraje- e ir acelerando suavemente y girando el volante con suavidad hacia el lado donde está yendo la parte trasera del coche.

En nieve, hay que mirar mucho más allá

En condiciones invernales extremas hay que ‘leer’ con mayor antelación la carretera y ver las circunstancias que nos rodean. Es esencial mirar más lejos de lo que lo hacemos normalmente, ver las curvas con mayor antelación y realizar las maniobras precisas mucho antes. Como suele decirse, hay que llegar a la curva ‘con los deberes hechos’. Es decir, cuando lleguemos a la curva ya hemos bajado la velocidad, frenado lo suficiente y estamos prestos con el volante y el acelerador para salir de la misma sin que nuestra trayectoria nos saque de la carretera.

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En resumen, todos los movimientos que tenemos que hacer cuando la carretera tiene nieve o hielo tienen que ser consecuentes con la situación. No se puede ir a la misma velocidad que cuando la calzada está seca. No podemos ‘apurar frenadas’ , ni pisar el pedal del freno del mismo modo; nada de girar el volante bruscamente, ni acelerar a fondo en las arrancadas o al salir de una curva. Y, por supuesto,  no ponerse nervioso en ningún caso: hay que mantener la calma, la cabeza fría y llevar estos consejos en ella para hacer uso de los mismos si nos encontramos con alguna de estas situaciones.

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