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Volvo XC90 D5 AWD, remasterizado

La nueva generación del Volvo XC90 vuelve a la carga dotado de un abrumador arsenal tecnológico, un interior cuidado al máximo y mejoras en todos los ámbitos.
Pablo Mallo. Fotos: Mikael Helsing -
Volvo XC90 D5 AWD, remasterizado

La esperada nueva generación del XC90 es la mayor apuesta de Volvo de los últimos tiempos. No sólo a nivel tecnológico, sino también porque tiene la delicada tarea de sustituir a un modelo que, gracias a su dilatada vida comercial, ha reportado grandes beneficios económicos a la firma sueca, además de haber sido una referencia en toda regla para sus clientes. Precisamente por eso, el cambio tan radical que suponen algunas de sus novedades podría resultar algo arriesgado a la hora de complacer al público más tradicional de la marca.

 

Si lo comparas con el anterior Volvo XC90, el interior resulta prácticamente irreconocible. Sólo la botonera con los controles de los retrovisores, elevalunas y conmutador del seguro infantil mantiene la misma configuración y está ubicada en el mismo sitio. El resto de funciones, que son muchísimas más que antes, se reubican o se integran en una pantalla táctil de gran tamaño que preside la consola central, algo que ha permitido eliminar casi todos los pulsadores e interruptores y lograr un aspecto muy atractivo. El problema es que, a pesar unos menús organizados acertadamente y que se notan muy trabajados, algo tan sencillo como regular la temperatura del climatizador requiere apartar la vista de la carretera más tiempo del que quisiéramos. El sistema de órdenes vocales puede compensar esto en cierta medida, ya que incluye un gran número de comandos en español para una amplia gama de funciones, entre las que no faltan "bajar temperatura" o "subir velocidad del ventilador".

Volvo XC90 D5 AWD, interior

Hay tantas posibilidades de configuración que te puedes pasar un buen rato buceando por interesantes menús y submenús, "jugando" con la pantalla tipo tablet para dejarlo todo a tu gusto, algo siempre de agradecer en un automóvil de esta categoría. Llama la atención hasta dónde ha llegado Volvo cuidando un sinfín de detalles curiosos, por ejemplo, se puede elegir que se despliegue automáticamente la cortinilla del techo panorámico cuando cerramos el coche y hace mucho calor, que el freno de mano se active al insertar la posición P del cambio (sólo lo hace si el terreno está en pendiente), o que los retrovisores (el derecho o ambos) se inclinen hacia abajo al dar marcha atrás. A su vez, dispone de una gran variedad de colores para la iluminación ambiental, que se pueden personalizar manualmente o dejar que cambien en función de la temperatura del habitáculo, a lo que hay que sumar varios diseños para el cuadro de mandos digital, en el que echamos de menos la temperatura del agua. Incluso la respuesta de los frenos se puede ajustar en dos niveles a través de la opción Individual de los modos de conducción (Eco, Comfort, Off Road, Dynamic e Individual), aunque no hemos notado ninguna diferencia apreciable. Mucha sofisticación, por tanto, en la que por fin encontramos automatismo para las luces de cruce y carretera, de tipo led adaptativas, o apertura de puertas y arranque sin llave. No cabe duda de que el lujo está servido, algo que también se aprecia en la realización interior y en la elección de materiales, sobre todo en el acabado superior Inscription.

En el habitáculo hay buenas cotas de espacio, aunque en caso de utilizar las siete plazas se hace necesario adelantar ligeramente la fila central deslizante, de lo contrario en la tercera fila apenas hay sitio para las rodillas. El acceso está bien resuelto, así como las soluciones de modularidad y para organizar la carga. Según equipamientos, el asiento del acompañante es plegable, lo que permite transportar bultos largos, además el maletero resulta gigante. Para evitar que el equipaje o las bolsas de la compra se desplacen hasta el fondo, al que cuesta llegar cuando la tercera fila de asientos está abatida, hay un tabique divisorio escamoteable que sirve para mantener la carga cerca del portón.

Volvo XC90 D5 AWD

Respecto al comportamiento, resulta mucho más ágil de lo que cabría esperar por su tamaño y su peso. Muy preciso de dirección y con un gran agarre por parte de ambos trenes, su bastidor permite muy buen ritmo de paso por curva. Tanto en tramos revirados como en zonas menos sinuosas transmite mucho aplomo y brinda confianza, algo a lo que también contribuye su eficaz equipo de frenos, con un tacto de pedal muy consistente y potencia para decelerar el conjunto con determinación. Da la impresión de no pesar tanto como indica la báscula, toda una sorpresa que pone de manifiesto el buen trabajo de puesta a punto realizado por Volvo y la eficacia del sistema "torque vectoring", que frena las ruedas interiores para lograr giros más incisivos. Eso sí, no destaca especialmente por su nivel de confort, aunque el amplio recorrido de suspensiones le otorga muy buena absorción frente a los baches más pronunciados. Opcionalmente se puede incorporar suspensión neumática, un extra que, además de permitir modificar la altura de la carrocería, debería lograr una comodidad superior.

Para impulsar a esta versión del Volvo XC90 se ha recurrido a un motor de 4 cilindros —adiós al "clásico" 5 cilindros— con un cubicaje bastante contenido, 2 litros. Está sobrealimentado mediante dos turbos de funcionamiento secuencial, es decir, uno pequeño de poca inercia que actúa cuando el motor gira a pocas revoluciones, y otro, de mayor tamaño, que sopla con más fuerza en la zona media y alta del cuentavueltas. El resultado es una gran inmediatez de respuesta y muy buenos bajos, combinados con una gran capacidad para estirar con contundencia hasta casi 5.000 rpm, con un carácter relativamente puntiagudo poco habitual en un Diesel. Sin embargo, como ocurre en algunos motores de este tipo, hay una zona, entre 3.000 y 3.500 vueltas, donde la respuesta no acaba de ser óptima. Ocurre únicamente cuando toca reacelerar en dicha franja, en la que la respuesta de la sobrealimentación se hace esperar un par de segundos. Con el cambio en modo automático apenas lo notarás —salvo porque reduce con más frecuencia de lo que quisiéramos cuando hundimos el pie derecho—, pero sí en manual, ya que es precisamente el régimen al que suele encontrarse el motor a la salida de las curvas en caso de realizar una conducción dinámica por un tramo montañoso. Quizá, el conductor habitual de Volvo no tenga la deportividad entre sus prioridades, por lo que esta característica del motor no debería ser un problema. A cambio, resulta muy eficiente en conducción tranquila, con consumos muy bajos. Sin duda se trata de un SUV muy personal.

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