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A bordo del Mini E eléctrico

Fueron tan sólo unos kilómetros, pero aún guardamos en un lugar privilegiado de nuestra memoria la breve prueba del Mini E, esto es, la versión de propulsión eléctrica. Un silbido similar a un scalextric y un poder de aceleración brutal son nuestros mejores recuerdos.
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A bordo del Mini E eléctrico
¿Te apetece conducir durante un breve recorrido el Mini E eléctrico? Imposible de rechazar tan suculenta propuesta. Con motivo de la celebración del Salón del Automóvil Ecológico y de la Movilidad Sostenible de Madrid, BMW España nos daba la oportunidad de subirnos a bordo del Mini de cero emisiones contaminantes. Queríamos comprobar si esta versión ecológica heredaba o no la filosofía Mini, esa que lo hace tan peculiar y único en el mundo del automóvil.

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Probamos el Mini E eléctrico

Nos adentramos al interior del Mini E y… ¡primera sorpresa!: no hay asientos traseros. Su lugar lo ocupan las baterías de ión-litio, las encargadas de almacenar la energía eléctrica que impulsa a este automóvil. Estas baterías tienen una capacidad de 35 kWh. Ellas son la fuente para que el propulsor eléctrico de 150 kW (unos 204 CV) mueva las ruedas delanteras. El par motor anunciado es de 220 Nm, disponibles desde la misma puesta en marcha del vehículo. Más de 600 conductores de Estados Unidos, Francia, Alemania e Inglaterra están probando el Mini E. Todas las conclusiones y experiencias de estos automovilistas serán recogidas por BMW Group para desarrollar el definitivo Mini eléctrico. De esta forma, los clientes Mini se convierten en los mejores probadores. BMW Group anuncia una autonomía de hasta 240 kilómetros para el Mini E eléctrico, aunque responsables de la marca reconocieron que dichas condiciones de homologación fueron muy específicas. Preguntamos a uno de los ingenieros que nos acompañaron en nuestra prueba en cuánto se quedaba la autonomía si sacábamos al Mini a recorridos ‘no urbanos’, es decir, en autovías y autopistas rodando a una velocidad entre 100-120 km/h. En estos casos, nos confirmaron que la autonomía podría bajar hasta los 150-160 kilómetros.

Después de las pertinentes preguntas previas, era momento de ponerse a los mandos. Un rápido vistazo general al salpicadero y al cuadro de mandos del Mini E y, aparentemente, ningún cambio relevante. Nos fijamos más detenidamente y el reloj circular destinado habitualmente al cuentarrevoluciones en un Mini con motor de combustión, en esta versión eléctrica cambia sus funciones. En este caso, la información que se muestra al conductor hace referencia tanto al nivel de carga de las baterías como a la autonomía restante. Al igual que sucede con otros vehículos eléctricos e híbridos, el Mini E también cuenta con sistema de recuperación de la energía en frenadas y deceleraciones. Esta captación de energía cinética y transformada posteriormente en eléctrica se plasman en un display con diodos luminosos de color verde. El Mini E eléctrico transmite agilidad y diversión a partes iguales. Esta variante ecológica hereda parte del ADN del resto de versiones Mini, esas que dan la sensación de estar montado en un kart con carrocería. En el caso de la variante E es como ir en el interior de un scalextric… pero con el tamaño de un coche real. Una vez familiarizado con el Mini E, llega lo bueno. Al igual que los Mini de motor de combustión, ninguna llave ‘convencional’ para ponerlo en marcha. El botón Start/Stop hace esta función. Lo pulsamos y ningún tipo de ruido. Ponemos la palanca del cambio en posición D y hundimos ligeramente el pie derecho en el acelerador. Empezamos a recorrer los primeros metros y un leve silbido semejante a ese juguete que tanto disfrutamos cuando éramos niños, el scalextric, se convierte en nuestro inseparable compañero de viaje.

Los minutos continúan pasando a bordo del Mini E. El ‘sonido’ eléctrico se vuelve aún más agudo cuando pisamos con energía el acelerador. Por cierto, en nuestro breve test lo hicimos un par de veces y notamos que las ruedas patinaron un poco. Una dirección directa y de rápida respuesta contribuye a la extrema agilidad en su comportamiento, todo ello a pesar de que esta versión pesa 1.465 kg o, dicho de otro modo, 335 kg más que las versiones más potentes del Mini con motor de combustión, las variantes Cooper S y John Cooper Works (el peso oficial de ambas es de 1130 kg). Y ya puestos a comparar con datos oficiales, del Mini E se anuncia una aceleración de 0 a 100 km/h en 8,2 segundos –insistimos, en nuestra breve prueba éste fue el capítulo en el que más destacó esta versión eléctrica-, frente a los 7,0 segundos del Mini Cooper S y los 6,5 segundos del John Cooper Works. La velocidad máxima de la versión E está autolimitada a 152 km/h, mientras que sus ‘hermanos’ de gasolina pueden llegar a alcanzar los 228 km/h –Cooper S- y los 238 km/h –John Cooper Works-. Finaliza nuestro test con un dulce sabor de boca. Después de probar el Reva L-ion, el Citroën C-Zero y el Mini E, éste último es el que mejores sensaciones de conducción nos ha transmitido. Es cierto que estos vehículos entre sí no son comparables, pero el Mini E nos sorprendió por su aceleración, agilidad, dirección rápida, nerviosismo… en definitiva, un Mini de pura cepa. ¿Quién dijo que los coches eléctricos son aburridos de conducir? Una vez más, Mini rompiendo moldes allá por donde va.
- Los clientes Mini, los mejores probadores
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