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Coches para el recuerdo: Seat 850 Spider (ruta por el prepirineo)

A las faldas de la cordillera pirenaica, en Huesca, emergen acantilados, riscos, castillos, pueblos medievales y fantásticas carreteras. Ideal para disfrutar de un Seat 850 Spider.
J.Bonilla.

Twitter: @autopista_es Fotos: M. Helsing. -

Coches para el recuerdo: Seat 850 Spider (ruta por el prepirineo)

Ya conocía el Seat 850 Spider de otras ocasiones. Recordaba gratamente su moderado nervio y su fácil conducción, que enseguida lo puso de manifiesto en nuestra ruta por el prepirineo oscense. Pero, antes de arrancar con nuestro viaje, continuación del que ya hicimos por la Sierra de Madrid y Segovia con un Seat 124 Sport, conviene repasar un poco la historia y cómo iba este especial descapotable.

Así era el Seat 850 Sport (Spider)

A finales de los años sesenta entró en España una bocanada de aire fresco. El auge de los tecnócratas trajo bonanza económica, y con ello la década «yeyé», la verdadera popularización del Seiscientos, el turismo —nacional e internacional— y la iniciativa por parte de Seat de fabricar, por fin, su primer descapotable. En Italia, Fiat ya había comercializado (desde 1965) un primer 850 Spider con carrocería Bertone y el motor 843 cc. Pero a España no llegaría sino la segunda serie (1969), dotada del motor 903 cc que luego equipó también el Seat 850 Sport Coupé.

Seat 850 SpiderSus 52 CV de potencia conferían a este Seat 850 Spider cierto talante deportivo. Y hoy como entonces, con poco más de 700 kg de peso, una acertada aerodinámica y, sobre todo, una mecánica que no sólo permite sino que invita a llegarla alegre de vueltas —entre 4.000 y 5.500 rpm—, el Sport Spider sigue siendo un coche divertido de conducir en carreteras secundarias. La puesta a punto llevada a cabo en este ejemplar por Seat Coches Históricos resulta impecable.

Su perfecto equilibrio entre confort y dureza de suspensiones le confiere una estabilidad irreprochable, agilidad y un manejo fácil. A la hora de ir rápido, el Spider corre, puede mantener un ritmo de 100 km/h y transmite confianza. Y sobre todo, se nota lo bien que apoya el tren trasero en curva, máxime dada su configuración de todo atrás con el motor colgado detrás del eje. Pero, ahora sí, comencemos nuestra ruta.

Una ruta con mucho encanto

Primera parada: Olvena. La N123, a la salida de la Graus, tiene el tráfico habitual de un día de diario en una capital de comarca como es esta de la Baja Ribagorza. A la izquierda queda el enorme embalse de Barasona, también llamado de Joaquín Costa, en honor al hijo ilustre de la villa, historiador, político e intelectual de principios del siglo XX. En la orilla contraria hay un punto elevado desde donde se divisa todo el pantano de aguas azul turquesa, la montaña y el pueblo al fondo. El atardecer suele dejar una estampa maravillosa.

Seat 850

La carretera nacional corre paralela al río Ésera y sus cañones. El Congosto de Olvena, cerca de donde gira la N123 para llegar al pueblo, es uno de esos hermosos desfiladeros con antiguos puentes, riscos y vistas espectaculares. Una vía ferrata ideal para practicar la escalada. Tras el desvío y un pequeño túnel excavado a la montaña, la carretera se estrecha y asciende entre curvas y antiguos pretiles de piedra. Los 52 CV de potencia del Seat 850 dejan claro enseguida que las subidas se deben atacar alegres, jugando con la tercera y segunda relaciones del cambio para llevar el motor alto de vueltas y evitar que se venga abajo.

La pequeña localidad de Olvena, de apenas 80 habitantes, es un lugar tranquilo y silencioso, metida ya en la comarca del Somontano. Enseguida sorprende dónde construyeron sus habitantes en el siglo XII lo que debió de ser un castillo castrense, del que apenas quedan las ruinas de la ermita, y el actual cementerio en lo más alto del cerro.

Desandamos el camino para volver a coger la N123 que nos lleva hasta Barbastro. Ahora es el río Cinca el que fluye de un lado a otro de la vía. La capital del Somontano tiene en la vid, sus vinos y las bodegas uno de sus principales atractivos turísticos y gran actividad comercial. En el centro se puede visitar la catedral de Santa María de la Asunción. Y a solo cinco kilómetros, en dirección a Huesca, también en lo alto de un mirador, el santuario de Nuestra Señora de Pueyo del s. XVI

Pero antes de llegar a la capital oscense hay que pasar por Alquezar, la puerta este a la sierra de Guara y al pie de la elevaciones de Balcez y Olsón. Hasta allí la A-1232 está jalonada de bodegas, el río Vero y barrancos a uno y otro lado como el de Valcané, San Gregorio, Ártica… El rodar desenvuelto del 850 Spider hace ameno el trayecto. Puede mantener tranquilamente un crucero de 90-100 km/h y permitir disfrutar el aire fresco y el paisaje.

Ruta por el prepirineo oscense

El municipio se levanta sobre un promontorio rocoso y debe su nombre al castillo árabe Al-Qasr mandado construir por Jalaf ibn Rasid en el s. IX. Su casco viejo es un laberinto de estrechas callejuelas que conservan el estilo medieval. Por algunas de ellas, el 850 cabe a duras penas. Un vehículo de hoy día quedaría encajado. Gracias a ello, recorremos las calles adoquinadas y descubrimos su encanto, declarado Conjunto Histórico-Artístico: la colegiata de Santa María, su Plaza Mayor con soportales, el Museo Etnológico Casa Fabián y la muralla que rodea la villa y desde la que se puede divisar el valle del Vero.

A disfrutar del Seat 850 Spider

Retomando la A-1232/1233 iniciamos un tobogán de tramos que nos llevará a Adahuesca y Bierge. Libre de tráfico, la ruta nos permite disfrutar de las bondades del 850 Spider, apurando un motor que se estira bien hasta las 5.000 vueltas y una tercera ideal para mantener el ritmo vivo al que invitan las curvas enlazadas, un cielo encapotado y una temperatura agradable. Pasado Bierge, la A-1227 nos lleva haciendo un constante zigzag por las estribaciones del Parque Natural de Guara. Atravesamos Yaso, Aguas, Loscertales, Sipán. A la derecha, el relieve de las montañas prepirenaicas proporciona una silueta solemne y esbelta. Cañones y formaciones rocosas que en invierno se cubren de un manto blanco de nieve pero que en primavera descubren un paisaje verde y accidentado con infinidad de rutas y grutas para practicar distintos deportes al aire libre. En el interior del parque destacan el Salto de Roldán y los embalses de Calcón, Vadiello y más al norte el de Belsué.

Seat 850 Sport SpiderEn nuestro itinerario evitamos adentrarnos en el corazón ajetreado de Huesca, bordeando la capital por su vertiente septentrional. Pasado Bandaliés, entroncamos con la N-240, antigua carretera de Tarragona; y pasado Yéqueda volvemos a salir del tráfico denso para tomar la HU-V-3141 en dirección a Banastás y Bolea. La carretera es llana y despejada. Administrativamente, Bolea es hoy la capital de la comarca de la Hoya, pero en tiempos fue una plaza destacada de los musulmanes que servía de defensa de Al-Andalus frente a los reinos cristianos del norte. Cómo no, se levanta en un promontorio protegido por la Peña de Gratal. En la parte más alta del municipio se encuentra la colegiata de Santa María la Mayor del s. XVI, con soberbias columnas, bellas filigranas, un retablo mayor y lienzos propios del arte del Renacimiento.

Las largas y abiertas rectas de la A-1206 descubren un paisaje limpio antes de desviarnos a la derecha en dirección al castillo de Loarre, otro enclave histórico-arquitectónico inevitable. Situado en una elevación a 1.100 m de altitud, esta fortaleza medieval la mandó construir Sancho Ramírez, rey de Aragón y Navarra, en el s. XI como avanzadilla frente a la frontera musulmana, y hasta allí llega una serpenteante carretera que obliga a hacer uso de la segunda relación del 850 en más de una ocasión.

Después de casi 190 km y un tentempié en Ayerbe, el atardecer se nos echa encima justo donde queríamos: a los pies del solemne, majestuoso y enigmático Reino de los Mallos. Una antigua leyenda local cuenta que allí, en una extinta aldea llamada Foz de Escaleta, vivía una bruja gigantesca. Cansada del acoso de los atemorizados habitantes, un día usó su magia para aumentar de tamaño las rocas de la zona y creó un escondite donde ocultarse… y dicen que aún sigue allí.

Cuentos al margen, junto al pueblo de Riglos se eleva esta singular formación rocosa formada por ocho piedras de tipo mallo, un conglomerado de sedimentos de cantos rodados cementados por grava y arena. Las paredes de estos colosos superan los 300 metros de altura y con los últimos rayos de sol adquieren una tonalidad rojiza que acrecienta su espectacularidad y atrae a multitud de escaladores y practicantes del parapente. A sus pies, las aguas bravas del río Gállego son otro de los atractivos turísticos para los aficionados del rafting y descensos en canoa y kayak.

Los últimos rayos de sol nos permiten hacer fantásticas fotografías. La empinada carretera que asciende al lugar buscado por nuestro artista Mikael Helsing se le atraganta al 850. La primera queda demasiado corta y la segunda, a poco que haya que levantar el pie del acelerador, se queda larga. Pero con más destreza que rapidez, corona la subida y Mikael consigue su objetivo. El regreso a Graus es menos turístico. La N240 nos devuelve al punto de partida sin rodeos y a un ritmo vivo. Ya anochecido en la plaza de Graus, una refrescante cerveza pone el punto y final a esta ruta.

Así era el Seat 850 Sport (Spider)

A finales de los años sesenta entró en España una bocanada de aire fresco. El auge de los tecnócratas trajo bonanza económica, y con ello la década «yeyé», la verdadera popularización del Seiscientos, el turismo —nacional e internacional— y la iniciativa por parte de Seat de fabricar, por fin, su primer descapotable. En Italia, Fiat ya había comercializado (desde 1965) un primer 850 Spider con carrocería Bertone y el motor 843 cc. Pero a España no llegaría sino la segunda serie (1969), dotada del motor 903 cc que luego equipó también el Seat 850 Sport Coupé.

Seat 850 SpiderSus 52 CV de potencia conferían a este Seat 850 Spider cierto talante deportivo. Y hoy como entonces, con poco más de 700 kg de peso, una acertada aerodinámica y, sobre todo, una mecánica que no sólo permite sino que invita a llegarla alegre de vueltas —entre 4.000 y 5.500 rpm—, el Sport Spider sigue siendo un coche divertido de conducir en carreteras secundarias. La puesta a punto llevada a cabo en este ejemplar por Seat Coches Históricos resulta impecable.

Su perfecto equilibrio entre confort y dureza de suspensiones le confiere una estabilidad irreprochable, agilidad y un manejo fácil. A la hora de ir rápido, el Spider corre, puede mantener un ritmo de 100 km/h y transmite confianza. Y sobre todo, se nota lo bien que apoya el tren trasero en curva, máxime dada su configuración de todo atrás con el motor colgado detrás del eje. Pero, ahora sí, comencemos nuestra ruta.

Una ruta con mucho encanto

Primera parada: Olvena. La N123, a la salida de la Graus, tiene el tráfico habitual de un día de diario en una capital de comarca como es esta de la Baja Ribagorza. A la izquierda queda el enorme embalse de Barasona, también llamado de Joaquín Costa, en honor al hijo ilustre de la villa, historiador, político e intelectual de principios del siglo XX. En la orilla contraria hay un punto elevado desde donde se divisa todo el pantano de aguas azul turquesa, la montaña y el pueblo al fondo. El atardecer suele dejar una estampa maravillosa.

Seat 850

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La carretera nacional corre paralela al río Ésera y sus cañones. El Congosto de Olvena, cerca de donde gira la N123 para llegar al pueblo, es uno de esos hermosos desfiladeros con antiguos puentes, riscos y vistas espectaculares. Una vía ferrata ideal para practicar la escalada. Tras el desvío y un pequeño túnel excavado a la montaña, la carretera se estrecha y asciende entre curvas y antiguos pretiles de piedra. Los 52 CV de potencia del Seat 850 dejan claro enseguida que las subidas se deben atacar alegres, jugando con la tercera y segunda relaciones del cambio para llevar el motor alto de vueltas y evitar que se venga abajo.

La pequeña localidad de Olvena, de apenas 80 habitantes, es un lugar tranquilo y silencioso, metida ya en la comarca del Somontano. Enseguida sorprende dónde construyeron sus habitantes en el siglo XII lo que debió de ser un castillo castrense, del que apenas quedan las ruinas de la ermita, y el actual cementerio en lo más alto del cerro.

Desandamos el camino para volver a coger la N123 que nos lleva hasta Barbastro. Ahora es el río Cinca el que fluye de un lado a otro de la vía. La capital del Somontano tiene en la vid, sus vinos y las bodegas uno de sus principales atractivos turísticos y gran actividad comercial. En el centro se puede visitar la catedral de Santa María de la Asunción. Y a solo cinco kilómetros, en dirección a Huesca, también en lo alto de un mirador, el santuario de Nuestra Señora de Pueyo del s. XVI

Pero antes de llegar a la capital oscense hay que pasar por Alquezar, la puerta este a la sierra de Guara y al pie de la elevaciones de Balcez y Olsón. Hasta allí la A-1232 está jalonada de bodegas, el río Vero y barrancos a uno y otro lado como el de Valcané, San Gregorio, Ártica… El rodar desenvuelto del 850 Spider hace ameno el trayecto. Puede mantener tranquilamente un crucero de 90-100 km/h y permitir disfrutar el aire fresco y el paisaje.

Ruta por el prepirineo oscense

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El municipio se levanta sobre un promontorio rocoso y debe su nombre al castillo árabe Al-Qasr mandado construir por Jalaf ibn Rasid en el s. IX. Su casco viejo es un laberinto de estrechas callejuelas que conservan el estilo medieval. Por algunas de ellas, el 850 cabe a duras penas. Un vehículo de hoy día quedaría encajado. Gracias a ello, recorremos las calles adoquinadas y descubrimos su encanto, declarado Conjunto Histórico-Artístico: la colegiata de Santa María, su Plaza Mayor con soportales, el Museo Etnológico Casa Fabián y la muralla que rodea la villa y desde la que se puede divisar el valle del Vero.

A disfrutar del Seat 850 Spider

Retomando la A-1232/1233 iniciamos un tobogán de tramos que nos llevará a Adahuesca y Bierge. Libre de tráfico, la ruta nos permite disfrutar de las bondades del 850 Spider, apurando un motor que se estira bien hasta las 5.000 vueltas y una tercera ideal para mantener el ritmo vivo al que invitan las curvas enlazadas, un cielo encapotado y una temperatura agradable. Pasado Bierge, la A-1227 nos lleva haciendo un constante zigzag por las estribaciones del Parque Natural de Guara. Atravesamos Yaso, Aguas, Loscertales, Sipán. A la derecha, el relieve de las montañas prepirenaicas proporciona una silueta solemne y esbelta. Cañones y formaciones rocosas que en invierno se cubren de un manto blanco de nieve pero que en primavera descubren un paisaje verde y accidentado con infinidad de rutas y grutas para practicar distintos deportes al aire libre. En el interior del parque destacan el Salto de Roldán y los embalses de Calcón, Vadiello y más al norte el de Belsué.

Seat 850 Sport SpiderEn nuestro itinerario evitamos adentrarnos en el corazón ajetreado de Huesca, bordeando la capital por su vertiente septentrional. Pasado Bandaliés, entroncamos con la N-240, antigua carretera de Tarragona; y pasado Yéqueda volvemos a salir del tráfico denso para tomar la HU-V-3141 en dirección a Banastás y Bolea. La carretera es llana y despejada. Administrativamente, Bolea es hoy la capital de la comarca de la Hoya, pero en tiempos fue una plaza destacada de los musulmanes que servía de defensa de Al-Andalus frente a los reinos cristianos del norte. Cómo no, se levanta en un promontorio protegido por la Peña de Gratal. En la parte más alta del municipio se encuentra la colegiata de Santa María la Mayor del s. XVI, con soberbias columnas, bellas filigranas, un retablo mayor y lienzos propios del arte del Renacimiento.

Las largas y abiertas rectas de la A-1206 descubren un paisaje limpio antes de desviarnos a la derecha en dirección al castillo de Loarre, otro enclave histórico-arquitectónico inevitable. Situado en una elevación a 1.100 m de altitud, esta fortaleza medieval la mandó construir Sancho Ramírez, rey de Aragón y Navarra, en el s. XI como avanzadilla frente a la frontera musulmana, y hasta allí llega una serpenteante carretera que obliga a hacer uso de la segunda relación del 850 en más de una ocasión.

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Después de casi 190 km y un tentempié en Ayerbe, el atardecer se nos echa encima justo donde queríamos: a los pies del solemne, majestuoso y enigmático Reino de los Mallos. Una antigua leyenda local cuenta que allí, en una extinta aldea llamada Foz de Escaleta, vivía una bruja gigantesca. Cansada del acoso de los atemorizados habitantes, un día usó su magia para aumentar de tamaño las rocas de la zona y creó un escondite donde ocultarse… y dicen que aún sigue allí.

Cuentos al margen, junto al pueblo de Riglos se eleva esta singular formación rocosa formada por ocho piedras de tipo mallo, un conglomerado de sedimentos de cantos rodados cementados por grava y arena. Las paredes de estos colosos superan los 300 metros de altura y con los últimos rayos de sol adquieren una tonalidad rojiza que acrecienta su espectacularidad y atrae a multitud de escaladores y practicantes del parapente. A sus pies, las aguas bravas del río Gállego son otro de los atractivos turísticos para los aficionados del rafting y descensos en canoa y kayak.

Los últimos rayos de sol nos permiten hacer fantásticas fotografías. La empinada carretera que asciende al lugar buscado por nuestro artista Mikael Helsing se le atraganta al 850. La primera queda demasiado corta y la segunda, a poco que haya que levantar el pie del acelerador, se queda larga. Pero con más destreza que rapidez, corona la subida y Mikael consigue su objetivo. El regreso a Graus es menos turístico. La N240 nos devuelve al punto de partida sin rodeos y a un ritmo vivo. Ya anochecido en la plaza de Graus, una refrescante cerveza pone el punto y final a esta ruta.

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