Publicidad

Coches para el recuerdo: Seat 124 Sport (ruta por Madrid y Segovia)

De la mano de SEAT Coches Históricos vamos a recorrer España y sus carreteras. Arrancamos con el 124 por la sierra de Guadarrama y los mejores rincones de Madrid y Segovia.
J.Bonilla.

Twitter: @autopista_es Fotos: Mikael Helsing. -

Coches para el recuerdo: Seat 124 Sport (ruta por Madrid y Segovia)

La mañana está fresca en Miraflores de la Sierra, localidad al norte de Madrid situada entre la cuenca alta del Manzanares y las estribaciones de la Sierra de Guadarrama. En la plaza del Álamo empieza el trasiego diario, ahora huérfana del centenario olmo al que Vicente Aleixandre dedicó un hermoso poema. Un hongo letal acabó con él hace unos años, como con otros muchos de los plantados en medio de las plazas españolas por orden de Carlos III (siglo XVIII). Sentados en la terraza del bar que da nombre al pueblo, el café y el pincho reconfortan a cualquiera. Dentro, cuelga de la pared una amarillenta página de periódico enmarcada y un párrafo subrayado: “Su tortilla es un peaje obligado para moteros y ciclistas como Contador. Jesús no quiere contar su secreto, pero lleva más de 30 años cuajándolas”.Seat 124 en Miraflores

A disfrutar con el Seat 124

Subimos ya al Seat 124, que arranca a la primera. Su motor biárbol 1.600 todavía está en temperatura después de los casi 50 km que ha rodado desde el centro de Madrid. Ponemos rumbo al puerto de Canencia, tramo célebre de los rallyes madrileños junto al de la Morcuera, que nace también de la plaza macureña. Aquí despuntaron y vencieron históricos pilotos como José Manuel Lencina, Emilio Zapico, Lucas Sainz y Jorge de Bagration durante los años 70 y 80.

La carretera da para gozar y divertirse al volante de un coche como éste, con casta. Asciende serpenteando hasta los 1.524 metros de altitud, así reza en un cartel. Antes de llegar el pueblo de Canencia se puede divisar a la derecha el pico Cabeza de la Braña (1.782 m). El motor hispano-italiano pide ir alto de vueltas. Los dos carburadores Weber le daban un carácter deportivo hasta entonces (1971-1972) desconocido en un Seat: 110 CV de potencia de puro nervio, digeridos por una caja de cinco relaciones, aunque aquí bastan la tercera y la cuarta. Sólo en alguna “paella” requiere hacer uso de la segunda.

Después de girar a la izquierda y tomar la carretera M604, la ruta se despeja y se ensancha unos kilómetros antes de llegar a Lozoya, cuyo trazado bordea la orilla norte del embalse de La Pinilla. El puerto de Navafría es otra zona pintoresca envuelta entre pinares, pretiles de piedra y riachuelos que se crecen durante la época del deshielo. Los últimos kilómetros antes de alcanzar los 1.773 m de altura, en el límite entre las provincias de Madrid y Segovia, son una sucesión de curvas y contracurvas de enorme belleza automovilística.

Seat 124 SportEl paisaje vuelve a limpiar antes de divisar, sobre un alcor, la monumental localidad de Pedraza. Sólidamente amurallado, el arco fortificado de la Puerta de la Villa da acceso a este pueblo medieval y señorial. Sus empedradas calles hacen rechinar las suspensiones del Seat 124 y en algunas intersecciones se estrechan tanto que hay que afinar el tiro. Entre semana se hallan casi desiertas, a diferencia de los días festivos y veraniegos, cuando hordas de turistas las transitan en un ir y venir entre su porticada plaza Mayor y el castillo. Levantada en el siglo XIII, esta fortaleza fue adquirida y restaurada por el pintor Ignacio Zuloaga en 1926.

El mediodía nos pilla frente a otro fortín elevado, el castillo de Turégano, población de origen celtibérica. Hasta allí se llega por la C603, cuyo último tramo son largas rectas que permiten comprobar que el Seat 124 se encuentra en un estado de forma excepcional como para ir adelantando cómodamente a coches “jóvenes” de cuarenta años menos. Después de parada y fonda en uno de sus típicos restaurantes de la plaza principal y degustar indefectiblemente un asado de la zona, continuamos hacia Segovia.

Seat 124: interiorDeclarada Patrimonio de la Humanidad, la capital castellana tiene en su acueducto romano una visita obligada. Pero no la única. La catedral, el Alcázar, la plaza de Medina del Campo, la casa del conde de Alpuente, la Alhóndiga —antiguo almacén de cereales del siglo XV— y sus numerosas iglesias invitan al viajero a perderse por su maraña de calles, que cuando las fuerzas flaqueen no faltará dónde tomar un buen vino o degustar el tradicional tostón asado.

Apenas 12 km separan Segovia de otra villa y corte, el Real Sitio de San Ildefonso. Felipe V mandó construir su versallesco Palacio Real en 1731, y junto a él las no menos reales fábricas de cristales y tapices. La Granja y Valsaín quedan atrás mientras nos adentramos de nuevo en plena serranía de Guadarrama, en dirección a Navacerrada. Otra vez aparecen los bosques de pinos que envuelven la zigzagueante carretera, antes de llegar al alto donde madrileños y segovianos se juntan en invierno en torno a sus pistas de esquís.

El descenso rápido a Madrid invita a buscar la autopista A6, aunque todavía existe la opción de seguir disfrutando de la conducción buscando el desvío hacia Cercedilla, Guadarrama, la no menos monumental localidad de El Escorial y Galapagar. Al final, otro célebre punto del automovilismo deportivo como es la Cuesta de las Perdices, en plena A6, nos adentra en Madrid. Para entonces, el sol se va ocultando y la céntrica puerta de Toledo nos recibe con su habitual iluminación y bullicio. El Seat 124 ha sido un excelente compañero de viaje en carretera abierta, pero el extenuante tráfico de la capital ya no es su hábitat. Mejor no castigarle ahí.

La ruta

Ruta Seat 124

Al volante del SEAT 124 Sport

El Seat 124 Sport zarandeó el mercado español de cupés con ciertas pretensiones deportivas, justo antes de que el «crack» del 73 pusiese coto a los modelos de prestaciones y consumos altos. Hasta entonces, los gallos del corral nacional habían sido los Alpine A110 y poco más. Su hermano pequeño, el 850 Sport Coupé, era eso, el pequeño; y los deseados Alfa GTV, Ford Capri, Opel GT y Peugeot 504 todavía entraban por la aduana a cuentagotas y con elevados costes.

Así es que los 110 CV de potencia de su motor 1.600 biárbol se presentaban bastante apetecibles a los ojos de los conductores más briosos… y pudientes. No era barato. Este ejemplar apareció bajo una capa de polvo y ha sido restaurado de pe a pá. De ahí que tenga un aspecto mejor que nuevo, un tacto fino y un funcionamiento redondo. Un coche de estreno, en definitiva. El cuatro cilindros es bastante elástico y con un rango bastante amplio de utilización entre 3.000 y 6.500 vueltas. Aunque para que de verdad vaya alegre y los carburadores no se emborrachen, requiere ir en la zona alta. La caja de cinco relaciones es una delicia, rápida de manejo y de funcionamiento, y el bastidor puede de sobra con las prestaciones que es capaz de desarrollar. 

También te puede interesar:

Así era el Ford Sierra RS Cosworth

Así era el Fiat Uno Turbo

Así era el Renault 21 Turbo

A disfrutar con el Seat 124

Subimos ya al Seat 124, que arranca a la primera. Su motor biárbol 1.600 todavía está en temperatura después de los casi 50 km que ha rodado desde el centro de Madrid. Ponemos rumbo al puerto de Canencia, tramo célebre de los rallyes madrileños junto al de la Morcuera, que nace también de la plaza macureña. Aquí despuntaron y vencieron históricos pilotos como José Manuel Lencina, Emilio Zapico, Lucas Sainz y Jorge de Bagration durante los años 70 y 80.

La carretera da para gozar y divertirse al volante de un coche como éste, con casta. Asciende serpenteando hasta los 1.524 metros de altitud, así reza en un cartel. Antes de llegar el pueblo de Canencia se puede divisar a la derecha el pico Cabeza de la Braña (1.782 m). El motor hispano-italiano pide ir alto de vueltas. Los dos carburadores Weber le daban un carácter deportivo hasta entonces (1971-1972) desconocido en un Seat: 110 CV de potencia de puro nervio, digeridos por una caja de cinco relaciones, aunque aquí bastan la tercera y la cuarta. Sólo en alguna “paella” requiere hacer uso de la segunda.

Después de girar a la izquierda y tomar la carretera M604, la ruta se despeja y se ensancha unos kilómetros antes de llegar a Lozoya, cuyo trazado bordea la orilla norte del embalse de La Pinilla. El puerto de Navafría es otra zona pintoresca envuelta entre pinares, pretiles de piedra y riachuelos que se crecen durante la época del deshielo. Los últimos kilómetros antes de alcanzar los 1.773 m de altura, en el límite entre las provincias de Madrid y Segovia, son una sucesión de curvas y contracurvas de enorme belleza automovilística.

Seat 124 SportEl paisaje vuelve a limpiar antes de divisar, sobre un alcor, la monumental localidad de Pedraza. Sólidamente amurallado, el arco fortificado de la Puerta de la Villa da acceso a este pueblo medieval y señorial. Sus empedradas calles hacen rechinar las suspensiones del Seat 124 y en algunas intersecciones se estrechan tanto que hay que afinar el tiro. Entre semana se hallan casi desiertas, a diferencia de los días festivos y veraniegos, cuando hordas de turistas las transitan en un ir y venir entre su porticada plaza Mayor y el castillo. Levantada en el siglo XIII, esta fortaleza fue adquirida y restaurada por el pintor Ignacio Zuloaga en 1926.

Publicidad

El mediodía nos pilla frente a otro fortín elevado, el castillo de Turégano, población de origen celtibérica. Hasta allí se llega por la C603, cuyo último tramo son largas rectas que permiten comprobar que el Seat 124 se encuentra en un estado de forma excepcional como para ir adelantando cómodamente a coches “jóvenes” de cuarenta años menos. Después de parada y fonda en uno de sus típicos restaurantes de la plaza principal y degustar indefectiblemente un asado de la zona, continuamos hacia Segovia.

Seat 124: interiorDeclarada Patrimonio de la Humanidad, la capital castellana tiene en su acueducto romano una visita obligada. Pero no la única. La catedral, el Alcázar, la plaza de Medina del Campo, la casa del conde de Alpuente, la Alhóndiga —antiguo almacén de cereales del siglo XV— y sus numerosas iglesias invitan al viajero a perderse por su maraña de calles, que cuando las fuerzas flaqueen no faltará dónde tomar un buen vino o degustar el tradicional tostón asado.

Apenas 12 km separan Segovia de otra villa y corte, el Real Sitio de San Ildefonso. Felipe V mandó construir su versallesco Palacio Real en 1731, y junto a él las no menos reales fábricas de cristales y tapices. La Granja y Valsaín quedan atrás mientras nos adentramos de nuevo en plena serranía de Guadarrama, en dirección a Navacerrada. Otra vez aparecen los bosques de pinos que envuelven la zigzagueante carretera, antes de llegar al alto donde madrileños y segovianos se juntan en invierno en torno a sus pistas de esquís.

El descenso rápido a Madrid invita a buscar la autopista A6, aunque todavía existe la opción de seguir disfrutando de la conducción buscando el desvío hacia Cercedilla, Guadarrama, la no menos monumental localidad de El Escorial y Galapagar. Al final, otro célebre punto del automovilismo deportivo como es la Cuesta de las Perdices, en plena A6, nos adentra en Madrid. Para entonces, el sol se va ocultando y la céntrica puerta de Toledo nos recibe con su habitual iluminación y bullicio. El Seat 124 ha sido un excelente compañero de viaje en carretera abierta, pero el extenuante tráfico de la capital ya no es su hábitat. Mejor no castigarle ahí.

Publicidad

La ruta

Ruta Seat 124

Al volante del SEAT 124 Sport

El Seat 124 Sport zarandeó el mercado español de cupés con ciertas pretensiones deportivas, justo antes de que el «crack» del 73 pusiese coto a los modelos de prestaciones y consumos altos. Hasta entonces, los gallos del corral nacional habían sido los Alpine A110 y poco más. Su hermano pequeño, el 850 Sport Coupé, era eso, el pequeño; y los deseados Alfa GTV, Ford Capri, Opel GT y Peugeot 504 todavía entraban por la aduana a cuentagotas y con elevados costes.

Así es que los 110 CV de potencia de su motor 1.600 biárbol se presentaban bastante apetecibles a los ojos de los conductores más briosos… y pudientes. No era barato. Este ejemplar apareció bajo una capa de polvo y ha sido restaurado de pe a pá. De ahí que tenga un aspecto mejor que nuevo, un tacto fino y un funcionamiento redondo. Un coche de estreno, en definitiva. El cuatro cilindros es bastante elástico y con un rango bastante amplio de utilización entre 3.000 y 6.500 vueltas. Aunque para que de verdad vaya alegre y los carburadores no se emborrachen, requiere ir en la zona alta. La caja de cinco relaciones es una delicia, rápida de manejo y de funcionamiento, y el bastidor puede de sobra con las prestaciones que es capaz de desarrollar. 

También te puede interesar:

Así era el Ford Sierra RS Cosworth

Así era el Fiat Uno Turbo

Así era el Renault 21 Turbo

Publicidad

Utilizamos cookies propias y de terceros para facilitar y mejorar la navegación, mostrarte contenido relacionado con tus preferencias y recopilar información estadística. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso. Más información.