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El santuario de los coches olvidados (fotos y vídeo)

En un taller de Tamames (Salamanca), entre polvo y telarañas, hemos encontrado una colección de coches clásicos por los que el tiempo parece haberse detenido.
Texto: Francisco Carrión / Fotos: Mikael Helsing -
El santuario de los coches olvidados (fotos y vídeo)

Habíamos salido muy temprano de Madrid, así que a eso de las diez de la mañana ya estábamos llegando a la pequeña localidad salmantina de Tamames. Siguiendo las instrucciones del navegador dimos con nuestro destino, una «ventana al pasado», la puerta de un taller antiguo, abierta y esperándonos. Allí estaban Arquímedes García y Eliseo, su hermano, en el interior de lo que perfectamente podría ser un garaje donde el tiempo se hubiera parado en los años 60.

Iluminados tenuemente por la luz de la mañana que entraba a través del portón abierto y de la vidriera a base de pequeños ventanales verticales –tan común en los antiguos talleres y garajes- se vislumbraba una colección de coches clásicos de todo tipo, pero convenientemente cubiertos de polvo y con signos de no haberse movido desde hacía al menos cuarenta años. «Untouched», que dirían los ingleses. 

Vehículos clásicos olvidadosVehículos olvidados: no sólo coches...

Y no sólo había los coches, también camiones, motos y viejos tractores llamaron enseguida nuestra atención. El añejo local no tenía desperdicio, y escudriñando por sus rincones encontramos útiles y herramientas de hace décadas, piezas tan antiguas como los propios vehículos y cachivaches de muy diversa índole. En el estante de una rinconera había varios autorradios de los años 50; en otro cajón encontramos adornos para el capó de algún coche de los años 50, faros de los años 20, manillas de todo tipo o bonitas placas traseras redondeadas con la E de España. Algunas de esas piezas… ¡sin estrenar! Y además, un antiquísimo yunque, muebles viejos, aperos de labranza de otras épocas… Vamos, un auténtico cajón de sastre. 

Ford A de 1929, Austin A70 de 1948...

Dándonos la bienvenida y casi asomando por la puerta estaba el Ford A de 1929. Comenzamos a adentrarnos en esta interesantísima cueva y  detrás de aquél, en fila, nos topamos con un Austin A70 Hereford de los fabricados entre 1948 y 1954, y más atrás con una espectacular grúa de los años 20, concretamente un Renault Tipo MZ de 1925. A su lado y en contraste por su enorme tamaño –al menos si lo comparamos con el Renault- estaba el Barreiros Saeta 65 de los años 60, y delante de éste, sendos tractores de los años 40. El primero, un extraño y diminuto John Deere algo modificado, y a su lado un típico International Harvester modelo FC con su característico y muy estrecho eje delantero. Entre todos estos armatostes apareció también una pequeña moto ISO 125 Gran Turismo de principios de los años 60, fabricada en nuestro país por Borgward Iso Española S.A.

Aparte del aliciente que supone encontrarse con un grupo de vehículos en un estado tan auténtico como ese, estaba que la historia de casi todos ellos es conocida y digna de ser contada. Arquímedes, el descubridor, reside actualmente lejos de Tamames, pero su familia es de allí de toda la vida. Su afición por los vehículos clásicos viene de que hace no muchos años adquirió un Seat 850 Spider y lo sometió a una profunda restauración, que lo dejó como nuevo. Una vez con el “gusanillo” metido en el cuerpo, Arquímedes trató de hacerse con un coche antiguo que recordaba guardado desde siempre en su pueblo. Se trataba del Ford A, un automóvil que además es muy fácil de reparar porque es sencillo, robusto y se encuentran piezas de recambio nuevas con suma facilidad.

Vehículos clásicos olvidados TamamesLargos años de intentos y negociaciones llegaban siempre al mismo fin, la negativa de su propietario a deshacerse del Ford. Finalmente la lógica se impuso, y el octogenario propietario accedió a vendérselo… con la condición de que también se llevara de allí el resto de vehículos que lo acompañaban, que son exactamente los protagonistas de este artículo. Arquímedes nunca había pensado, ni de lejos, hacerse con semejante colección, que además incluía armatostes como los tractores o el camión Barreiros, pero una vez llegado hasta aquel punto, no pudo decir que no.

Desde hacía muchos años –unos más más que otros- todos estos vehículos estaban guardados en una antigua nave cuyas paredes de adobe estaban ya perdiendo su recubrimiento, el cual, poco a poco, iba embadurnando a nuestros protagonistas con una capa de arena y polvo. En el suelo de la nave y entre los coches había fardos de paja casi deshechos, por lo que se podría decir que estaban, como solía ocurrir, en un auténtico pajar. 

Un camión de 1925

Pero, ¿cómo llegaron hasta allí?  Lucas, el antiguo propietario, era el camionero-mecánico del pueblo de toda la vida, y a lo largo de su extensa vida profesional fue atesorando cacharros con la ayuda de su tío Josele, que fue quien empezó con el negocio. El más antiguo es el camión Renault, que fue estrenado en julio de 1925 por la compañía Unión Eléctrica Madrileña, tal y como aún atestigua una chapita en su salpicadero. Podemos suponer, por tanto, que después de varios años electrificando las calles madrileñas, fue vendido en subasta y terminó sus días ejerciendo como grúa en Tamames.

Su estado de conservación es increíblemente bueno, pues debajo de la suciedad aún se puede ver una pintura en muy buen estado, o un motor cuyos componentes aún brillan, aparte de girar a manivela sin el más mínimo problema. Todo en él es original, con la única pega de que su cabina fue modificada. Según nos comentan, el Renault terminó siendo usado en los años 70 para arrastrar a los morlacos fuera de la plaza de toros una vez terminada la faena, y su propietario decidió hacerlo descapotable para esta función.

Vehículos clásicos olvidadosLa historia del Ford A de 1929 no es menos interesante. Tiene una carrocería “Town Sedán” de cuatro puertas, la más lujosa del catálogo de Ford en aquel año. Fue matriculado en Burgos en junio del año siguiente por el obispado de Burgos, y durante algunos años fue el coche oficial del prelado burgalés. A partir de los años 40 tuvo algunos propietarios más, hasta que recaló en Tamames, pero sin duda sus propietarios debieron ser muy cuidadosos.

A día de hoy este Ford A está en óptimas condiciones, y lo único no original son esos faros delanteros de marca JBH (José Biosca Hermanos) de fabricación española. Por lo demás todo está en su lugar, y en buen estado. La combinación de colores –aletas negras, carrocería azul oscura y llantas y fileteado en granate- está muy ajada…pero aún está, y seguro que es la de fábrica. E incluso sobre el aspecto mecánico hay señales positivas. Tanto la dirección como los frenos funcionaban a la perfección… incluso con menos holguras que otros Ford A ya restaurados que he tenido ocasión de conducir.

El Austin A70 Hereford se encuentra en un estado mucho peor. Llegó al taller en los años 60 para una reparación en sus frenos, pero parece ser que su propietario nunca volvió a recogerlo. Como ocupaba un espacio necesario fue sacado al exterior, y allí pasó largos años en los que algunos niños lo usaron como juguete improvisado rompiendo faros, pilotos y varios elementos del interior como el cuadro de relojes o partes del tapizado. Los bajos de la carrocería tampoco están en su mejor momento, y todo él está aún cubierto de una capa –literal- de arena.

Al fondo del garaje, medio oculto, estaba el Barreiros Saeta 65. Fue matriculado en Salamanca en agosto de 1964, y se pidió con cabina alargada y homologado para seis ocupantes, dado que aparte de transportar maderas también se utilizaba de cuando en cuando para realizar mudanzas. Su estado de conservación es tan bueno que con una limpieza y puesta a punto bastaría, y ha estado desde que era nuevo en esta misma localidad. 

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