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Ford B de 1932

El modelo que les presentamos sabe lo duro que es vivir rodeado de mitos. Precedido por los modelos de Ford T y A, su coexistencia con el Ford V8 le condenó a figurar siempre en un segundo plano, por mucho que fuese un coche muy bien adaptado a su momento.
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Ford B de 1932
El sistema de producción de cadena, ideado por Taylor a mediados del siglo XIX y puesto en práctica en 1913 por Henry Ford en el modelo T, hizo que se redujese el coste de fabricación de los automóviles. Así, la lujosa carroza motorizada al alcance exclusivo de los aristócratas y la gente acaudalada dio paso a un medio de locomoción de producción masiva.

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En primera instancia, la empresa creada por Henry Ford fue la principal beneficiaria de la innovadora forma de ensamblaje. Así las cosas, cuantos más Ford se construyesen más competitivo podía ser su precio, por lo que la firma del óvalo azul emprendió un ambicioso proceso de expansión mundial. Además del temprano ensamblaje de los Ford en Canadá a partir de 1905, desde 1911 se montaban automóviles de la marca norteamericana en Gran Bretaña, continuando con el inicio de la producción en Francia (1913), Argentina (1916), Dinamarca (1919), Brasil, Uruguay y España (1920), Bélgica e Italia (1922), Irlanda (1923), Chile y Sudáfrica (1924), Australia, Japón y México (1925) y Alemania, la India y Malasia en 1926. En el caso concreto de la fábrica española, en un principio se estableció en el Depósito Franco de Cádiz, donde entre 1920 y 1923 se montaron casi diez mil unidades, entre turismos Ford T y camioncitos Ford TT de una tonelada de carga, así como quinientos tractores Fordson.

Todo iba viento en popa para la factoría gaditana, con una plantilla satisfecha formada por trescientos obreros y un excelente balance de resultados, pero por presiones políticas Ford Motor Company Sociedad Anónima Española Cádiz tuvo que cerrar sus puertas y trasladar la planta de montaje a Barcelona. En la Ciudad Condal, la planta de montaje se instaló en Avenida Icaria nº 149, en plena zona portuaria, cambiándose la denominación de la empresa por la de Ford Motor Company Sociedad Anónima Española Barcelona. Allí siguió montándose el Ford T hasta mediados de 1928, para iniciarse desde ese momento la transformación de las instalaciones de cara al montaje del futuro Ford A. El nuevo modelo sería en 1930 el más vendido en España, con un total de 6.074 unidades, lo que venía a suponer que casi uno de cada cuatro automóviles vendidos era un Ford A. Sin embargo, quedaba para la historia la época en que la firma de Detroit mantenía sus buenos resultados comerciales con un único modelo, ya que la competencia se había adaptado a la producción en cadena y Chevrolet luchó con éxito para arrebatar a Ford su posición de liderazgo. Ante tal situación, Ford presentó a finales de 1931 y a precio muy competitivo un nuevo modelo, el Ford V8, provisto de un elástico y robusto motor de ocho cilindros en V. Incluso en Europa, el precio del Ford V8 resultaba especialmente interesante, pero en nuestro continente las distintas administraciones siempre se han distinguido por encarecer ficticiamente la gasolina, cargando en ella todo tipo de impuestos, al tiempo que desde épocas remotas se ha considerado a la mayor o menor cilindrada como elemento básico para determinar la fiscalidad de un vehículo. Al mismo tiempo, tanto en Estados Unidos como en las filiales europeas de Ford se ofrecía una alternativa económica al Ford V8, que era el Ford B objeto de este artículo. En él se utilizaron las ventajas de la multinacional de contar con varias fábricas en el Viejo Continente plasmándose en este Ford B, en el que su robusto bastidor de largueros y travesaños se construía en la factoría alemana de Colonia, mientras que su carrocería tipo Fordor Sedán con estructura de madera era obra del carrocero británico Briggs y otros componentes eran de fabricación española, al igual que su montaje en Barcelona.

Dentro de la gama que Ford ofrecía en España, el modelo básico era el Ford Y, dotado de un motor de 921 cc, que en los años previos a la Guerra Civil tuvo su difusión entre cierta clase media en ascenso. El Ford B ocupaba una posición superior, aunque por debajo del Ford V8, con el que compartía el bastidor y la mayoría de los componentes, y de la lujosa gama Lincoln. Dada la costumbre de los constructores norteamericanos de modificar sus modelos con periodicidad anual, es sencillo fijar en 1932 el año de fabricación de esta unidad, por mucho que su placa de Zaragoza sea de 1946 y hubiese una Guerra Civil por medio que determinó el cese de producción de automóviles Ford en nuestro país. De hecho, la empresa con sede en Barcelona cambió su nombre en 1955 por el de Motor Ibérica S.A. y se dedicó a la producción de los tractores y camiones Ebro.

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