Mercedes S 600 L

No debe ser fácil levantarse cada día pensando: "hoy debo trabajar para construir el mejor coche del mundo". Frase que seguramente no se quitaban de la cabeza los ingenieros de Mercedes encargados del proyecto de la Clase S.

Mercedes S 600 L
Mercedes S 600 L

Y la conducción de este coche merece desde luego dedicarle toda nuestra atención y disfrutar de él. De entrada, la postura al volante es magnífica. Podemos variar absolutamente todo lo imaginable en un asiento. Lo menos habitual es su completo reglaje del apoyo lumbar, de los reposacabezas y la propia climatización del asiento. Todo de forma eléctrica y memorizable. El volante podemos situarlo a la perfección para ver toda la instrumentación y cualquiera puede lograr una postura buena, desde los más bajitos a los más altos. Y vale la pena conseguirla porque la potencia del motor puede impulsarnos con fuerza si así lo queremos. Las suspensiones sostienen al poderoso Mercedes sobre el asfalto de forma levitante, como si las ruedas no tocasen el suelo, absorbiendo todo y logrando una estabilidad impropia de los 2.000 kg que pesa. El sistema de suspensión ABC, una opción para los Clase S que es de serie en el S 600, sustituye el sistema neumático por actuadores hidráulicos. Estos, complementan la acción de muelle y amortiguador, procurando una dureza y altura de caja siempre idóneas, de modo que el equilibrio entre confort y comportamiento, tan difícil de conseguir en las suspensiones de un vehículo, predomine siempre. Incluso permite elegir entre Sport o Normal, para que el coche "oriente" el ajuste de sus suspensiones hacia más duro o más blando, más bajo o más alto. Da lo mismo que circulemos por zonas rápidas o lentas, las sensaciones a veces son increíbles. Vira casi plano y no se perturba ni cuando atacamos de verdad a fondo. Es un virtuoso de la estabilidad. Incluso es capaz de comportarse como un deportivo a ultranza. Pero si no lo hacemos y realizamos una conducción rápida y decidida, él lo hará por nosotros. Da lo mismo que circulemos por zonas rápidas o lentas, las sensaciones a veces son increíbles. Vira casi plano y no se perturba ni cuando atacamos de verdad a fondo. Es un virtuoso de la estabilidad. Incluso es capaz de comportarse como un deportivo a ultranza. Si desconectamos el ESP y hacemos valer todo el nervio de su V12 en plena curva podemos arrancarle unos deslizamientos irreverentes para un coche de ministro. No hay autoblocante, pero con unas suspensiones tan elaboradas, que logran que las ruedas pisen el asfalto de forma tan contundente, apenas lo echamos de menos. Si decidimos faltar al respeto al gran rey de las superberlinas podemos hacerlo, e incluso podemos sentir que a este monarca "le va la marcha" con parte de la electrónica desactivada. Usado como gran rutero en vías despejadas el comportamiento es si cabe mejor. Los frenos sufren mucho a alta velocidad, porque hay muchos kilos que parar. Más despacio, los kilos parecen menos. Es un placer acariciar el acelerador para notar cómo el rumor de la mecánica nos impulsa hacia delante suavemente. La radio se oye con claridad y calidad. La instrumentación es grande y muy legible. Nuestros acompañantes disfrutan el espacio, el silencio y la sensación flotante que emana del S 600. Podemos circular en autopista a cualquier velocidad sin que nadie se entere. El control de crucero se maneja perfectamente y el ambiente invita a no bajarse nunca de este monumento rodante. Lujo, prestaciones y elegancia por doquier, eso es hoy día el Mercedes S 600.

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