Lancia Lybra 2.0 LX

Agradable, suave y con muchos detalles. Así es el Lancia Lybra con el motor de cinco cilindros y dos litros. No es una opción para cualquiera, sino para aquellos que aprecien una serie de pequeños lujos y trato exquisito, aunque salga algo más caro.

Lancia Lybra 2.0 LX
Lancia Lybra 2.0 LX

El comportamiento en vías rápidas es bastante preciso, absorbe bien los baches y resulta cómodo gracias a unas suspensiones que buscan el confort, un balanceo limitado y unos asientos de mullido suave. Sin embargo, la estabilidad tiene un límite muy alto y, sobre todo, un comportamiento al límite sano y fácil de corregir. Entre las suspensiones suaves, los neumáticos anchos, pero de perfil alto, y una ligera tendencia subviradora, se obtiene un resultado ideal para un coche enfocado a una conducción relajada y tranquila, pero con mucho margen de actuación. Hacer un coche más efectivo a costa de reducir la facilidad y tranquilidad de viaje sería totalmente erróneo en este caso. Los frenos, en cambio, no tienen ese equilibrio del bastidor. Por un lado, el pedal es demasiado sensible. Hay que tener mucho tacto para frenar suave y no agitar a los pasajeros, ya que basta una ligera insinuación sobre el pedal para que el coche frene más de lo que se desea. Además, la altura del pedal es un poco alta, con lo que todavía se acentúa más el problema. Tampoco son especialmente potentes, aunque no escasos, y el ABS resulta demasiado sensible. El embrague tiene un tacto extraño al cambiar a regímenes altos, como si le costase algo más volver a su posición original, pero es eso, una sensación, porque el funcionamiento no se resiente. Por otro lado, en esas circunstancias, la caja de cambios tiene un tacto algo duro e impreciso, que podría mejorar para encajar mejor con la suavidad del motor. En el espacio disponible se ha buscado más cuidar a los pasajeros y lucir una línea especial y elegante que aprovechar todos los centímetros al máximo. La habitabilidad interior no tiene pega y se encuentra dentro de lo aceptable para el segmento. Donde más se resiente es en el maletero, sobre todo porque el suelo está demasiado alto, robando espacio. Son los inconvenientes de la gran ventaja de disponer de una rueda en condiciones, del mismo tamaño que las otras cuatro y de aleación ligera. Aun así, debería aprovecharse mejor ese espacio, ya que parece que todo está demasiado holgado. La sensación general después de bajarse del Lybra es que se trata de un coche de lujo, agradable y acogedor, en especial en algunos detalles, pero al que le fallan otros más prácticos. Es un coche para disfrutar sentado al volante sin necesidad de disfrutar conduciendo. Y, en ese aspecto, se ha conseguido el objetivo, sobre todo en esa sensación subjetiva de solidez, lujo y buena calidad. Por el precio del Lybra se puede acceder a coches más potentes, pero también menos exclusivos y sin ese halo de exquisitez. Por ejemplo, entre ellos estaría un Renault Laguna V6, un Ford Mondeo V6 o un Opel Vectra V6. Y, si buscamos cierta exclusividad de marca, el Saab 9-3 2.0 turbo o el Volvo S40 2.0T. Pero eso sí, ninguno ofrece un interior como el del Lybra.

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