Chrysler Sebring 2.7 V6 Autostick LX

El sustituto del Stratus llega a España de momento con una sola versión de 2,7 litros y 200 CV. Ofrece una estética singular, un talante claramente norteamericano y la comodidad del cambio automático Autostick con selección secuencial.

Chrysler Sebring 2.7 V6 Autostick LX
Chrysler Sebring 2.7 V6 Autostick LX

El motor 2.7 y la caja de cambios automática con mecanismo de selección Autostick montados en el Sebring son los mismos que los de la opción básica de propulsión del 300 M, incluyendo los desarrollos de la transmisión. Las cifras de prestaciones no pueden ser mejores porque el cambio automático con control electrónico tiene sólo cuatro marchas y una configuración típicamente americana: desarrollos largos y tiempos de reacción bastante extendidos. Las cuatro marchas obligan a incrementar el salto entre las distintas relaciones y, tanto la tercera como la cuarta, pueden considerarse largas y consiguen moderar el consumo a ritmos tranquilos. Esta circunstancia y una configuración de la alimentación y de la electrónica bastante bien conseguida permiten que el Sebring consiga medias perfectamente comparables a las de los Peugeot 406 o Renault Laguna V6. En cuanto a la conducción, la posibilidad de seleccionar las marchas de manera secuencial con la palanca situada en la posición Autostick permite hacer reducciones cuando son necesarias, aunque en modo manual hay que esperar a que reaccione la electrónica. Este detalle no es importante en una berlina con este carácter, más bien orientada a la comodidad y a desplazamientos a velocidades moderadas, como las que se suelen utilizar en las bacheadas carreteras y ciudades de Estados Unidos. La suavidad de las suspensiones, ideal para un buen confort de marcha, se traduce en una amplia inclinación de la carrocería y una actitud subvirante —deslizamiento del tren delantero— muy acusada en las curvas. La comodidad de rodadura es buena, sin ser excepcional y donde más puede apreciarse es en autovías y curvas rápidas, donde muestra aplomo y bondad en la geometría de las suspensiones. Menos cómodo se siente en zonas viradas donde los muelles, amortiguadores y estabilizadoras blandas retardan algo la respuesta a los cambios de dirección. Es evidente que la agilidad no ha sido una de las prioridades en la configuración de estos apartados, aunque sí se han esmerado, con buenos resultados, los ingenieros de Chrysler en el tema de los frenos. Con un mordiente relativamente suave se consiguen, sin embargo, distancias de parada de alrededor de 75 metros a partir de 140 km/h. Está entre los mejores de su categoría. En síntesis, nos encontramos con un producto típicamente norteamericano y con un coche familiar bastante equilibrado, con buen nivel de acabado y excelente equipamiento, que estaría adaptado perfectamente a la orografía europea, si recibiera amortiguadores y muelles más firmes. Por lo demás, el precio de adquisición, alrededor de cinco millones de pesetas, está a la altura de lo que ofrecen otras marcas rivales, con el atractivo de montar de serie opcionales no tan comunes como el tapizado de piel, el asiento del conductor eléctrico y el control de la velocidad de crucero.