BMW M3 SMG

Rapidísimo como pocos coches, con un endiablado paso por curva y estabilidad en carretera, muy atractivo, más efectivo que muchos deportivos… es imposible huir de enumerar las virtudes del M3 y dejarse atrapar por la dulce embriaguez que produce su conducción. Con el cambio SMG II es, además, fácil y divertido de conducir. ¿Y el precio? Si llega a importar, no somos merecedores de tanta tecnología.

BMW M3 SMG
BMW M3 SMG

Es difícil huir de adjetivos calificativos positivos al hablar del M3. Tanto que nosotros no hemos sido capaces de resistirnos a ellos, ni hemos querido tampoco, todo hay que decirlo. Pasa con algunos coches, pero en este caso más, porque todo lo que digamos se puede resumir muy brevemente en que el M3 va demasiado bien si de correr se trata y es un vicio engancharse al cambio secuencial con levas en el volante (SMG II). Hay quien, cuándo lo ha visto por dentro, ha exclamado que se parece demasiado a un Serie 3 convencional porque el salpicadero es igual. Y es cierto, porque hay pocas cosas que cambian con respecto a éste, aunque eso está lejos de ser un defecto. Y es que eso queda luego relegado a un plano meramente anecdótico porque, a pesar de hay que pagar mucho dinero (como suele pasar siempre cuando algo es muy bueno), tras conducirlo, muchos conceptos se modifican con respecto a lo que se piensa de cómo ir rápido y bien, especialmente si se experimenta la velocidad pura y dura con un absoluto domino que al principio, sólo de pensarlo, puede amedrentar. Y no estamos haciendo apología de la velocidad, sino que este M3 puede acelerar o rodar muy rápido, o ambas cosas, de forma asombrosa. Al M3 le sobran los motivos para valer lo que vale (60.100 euros: prácticamente 10 millones de las ya prácticamente desusadas pesetas). El precio sólo se discute con énfasis, casi siempre, si no se tiene, por lo que entonces es mejor no desearlo. Para comprar un M3, hay que saber lo que se quiere y, si es con este tipo de cambio, más aún. Hay otras opciones por estos precios. El más barato de los Porsche 911, con 320 CV, cuesta 82.444 euros (13.717.527 pesetas). Si nos pasamos al Turbo, con 420 CV, el precio se va hasta 139.148 euros (23.152.279 pesetas)… aunque este ya es otro cantar. Lo más parecido, aunque tiene cuatro puertas, es el C32 AMG, que, con 354 CV, cuesta 63.600 euros (10.582.150 pesetas). Este último, como el M3, está derivado de un coche de serie y preparado por una empresa de la marca. Es más caro –aunque hay que tener en cuenta que el cambio SMG tiene un sobreprecio de 3.500,00 euros sobre el M3 Manual-, tiene más caballos, resulta más familiar y no tiene un cambio secuencial tan efectivo como el del BMW. No lo hemos conducido, pero nos imaginamos que, si va tan bien como la versión anterior del C preparado por AMG, también debe ser sorprendente en muchos apartados. Pero incluso el M3 SMG es algo distinto, mucho más orientado a la deportividad.

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