BMW 735i

Dentro de 20 ó 30 años, cuando la automoción que hemos conocido sea sólo un recuerdo que ocupó el pasado, el nuevo Serie 7 todavía será un referente. Como las obras faraónicas o el arte más innovador, esta berlina de lujo ha nacido para trascender.

BMW 735i
BMW 735i

A bordo de este coche uno siente como si llevase en las manos el timón de alguna de esas astronaves que nos han prometido como vehículos personales del futuro. Hay coches de mucho lujo, máquinas pensadas para llevar a sus ocupantes de un lugar a otro como si viajaran en un salón rodante... Sin embargo, pocos coches en el mundo combinan tan bien estética rompedora , alto confort, tecnología de vanguardia y acabados de joyero con un motor, un cambio y un bastidor que nos permiten conducir a ritmos muy altos en cualquier terreno. El Serie 7 es una colosal berlina que viene a corregir y aumentar (y mucho) la versión anterior. Conserva el nombre, pero si se hubieran inventado un escalón más en la gama, nadie se hubiera quejado. No en vano, está rehecho por completo y es cuatro centímetros más largo y ancho y cinco más alto. La ganancia se nota sobre todo en el interior, ese puente de mando de un yate de recreo. Pero también hay un incremento de seis centímetros en la batalla, con el consiguiente aumento de la estabilidad y la comodidad. Con todo, y siendo un coche que merece la pena exprimir en cuanto a dinamismo, no me resisto a empezar a hablar de él por el interior.

No queda más remedio que describir este habitáculo porque, hay que confesarlo, al entrar uno siente que cambia de siglo y salta en el tiempo hacia delante. Una atmósfera de laboratorio espacial-hollywoodiense envuelve a los pasajeros y los rodea de la tecnología más puntera que hay en la industria automovilística, al menos, en su segmento . Al dibujar este coche, los ingenieros de BMW han abierto una nueva vía en el diseño automovilístico. La imagen del Serie 7 pasará a la posteridad por su excepcional conjugación de elegancia, seriedad, desenfado, deportividad y eficacia aerodinámica. De estampa imponente, el coche sorprende por la altura de su cintura y los hombros tan robustos que acentúan la fortaleza de los laterales. También es llamativa la trasera, con un regusto italiano marcado en la combinación de las líneas. Es también la zaga la parte más mejorable, pues hay cierta asonancia con los laterales producida por el portón del maletero. Por cierto, este portón se abre y se cierra solito simplemente apretando un botón. Una vez abierto, da acceso a un maletero de gran profundidad en el que caben cuatro bolsas de golf y que esconde una rueda de repuesto igual que las titulares. Otro detalle sorprendente se oculta en las puertas. Además de ser capaces de ajustarse ellas solas con sólo acercarlas a los marcos, no tienen ángulo de apertura estático. Es decir, se quedan abiertas en cualquier posición que queramos. Para ello, unos muelles de cálculo continuo trabajan sobre los goznes y retienen la puerta en el ángulo exacto que queramos. También tienen luces de cortesía automáticas y, pronto, unas cerraduras que se abrirán con sólo acercar la llave.

Para empezar, sorprende la ausencia de palanca de cambios convencional. En su lugar, un brazo acolchado sostiene una gran rueda que es el mando central del I-Drive , el sofisticado ordenador de a bordo. Con esa rueda se accede a un interminable menú de opciones: desde elegir la emisora de radio, hasta variar el comportamiento de la suspensión. Manejar el I-drive no es complicado, sin embargo, como casi todo en este vehículo, requiere un juicioso periodo de adaptación. Un consejo: no juegues con este mando mientras conduces, al menos, hasta que no lo domines perfectamente. Con la lección aprendida, presionamos el botón de start/stop, y el motor empieza a girar suavemente. No, claro, no hay llave de contacto. En su lugar, una tarjeta electrónica nos comunica con los controles y se encarga de memorizar todos los datos del coche. Más novedades: la palanca de cambio se integra en un cuarteto de palanquitas que salen de la parte trasera del volante. Su manejo es, quizá, lo peor del Serie 7. Para empezar, cualquier selección necesita de dos movimientos como mínimo: uno, hacia el conductor y otro, hacia arriba o hacia abajo, según queramos ir adelante o atrás. No es lo peor la necesidad de dar varios toques a la palanca. Lo peor es que se tarda un buen rato en acostumbrarse a ella en esa ubicación, pues es muy fácil confundirla con los mandos de los limpiaparabrisas. Al otro lado del volante, más conflictos. Se mezclan la palanca del eficaz control de crucero y la de las luces, que también lleva los botones de acceso rápido al ordenador de prestaciones y consumos. Si se nos olvida donde llevamos las manos, podemos accionar una cuando queremos accionar la otra. Es un engorro que se olvida con el tiempo, pero que podría estar mejor resuelto en una máquina tan perfecta.

Otra novedad: no hay palanca de freno de mano. Para bloquear las ruedas hay un botón que va a la izquierda del volante. También en el volante hay un freno de mano automático que, si se activa, bloquea cada vez que el coche se pare y, con pisar el acelerador, libera los ejes.

Si el exterior del coche ya sorprende, el interior maravilla. Aparte del impacto visual que supone la presencia del I- Drive, del que hablaremos a parte, hay varios aspectos que hacen de este habitáculo una referencia innegable y, sobre todo, un espacio amplio, cálido, acogedor e hípersofisticado.

Los asientos son una de las partes más trabajadas. En la unidad probada llevábamos los tope de gama, asientos eléctricos que hasta dan masajes. En las paredes del reposabrazos central, soporte del I-Drive y guantera camuflada, hay una serie de botones que remedan la forma del asiento. Así, presionando sobre cada uno de ellos, activamos los motores de una zona en concreto: respaldo, apoyo lateral, banqueta y extensión de la banqueta. Una vez activa la zona, un pequeño joystick nos permite modificarla a nuestro antojo. La gama de posibilidades roza lo infinito. Los reposacabezas no llevan motores, pero sí una especie de orejeras que sujetan la cabeza cómodamente, ideales para dormir. Por último, otro botón pone en marcha un discreto masaje que mantiene "viva" la circulación de los miembros en reposo. Ah, se me olvidaba, desde las plazas traseras, además de tener casi tantas regulaciones como las delanteras, se pueden desplazar los asientos anteriores para ampliar el espacio de las piernas. No conviene olvidar que en este tipo de coches, el dueño suele ir detrás.

Acomodados en estas butacas, contemplamos el despliegue técnico, que, gracias al I-Drive, ha visto muy reducido el número de mandos y botones. El volante, con reglajes de profundidad y altura, incorpora los mandos del cambio, el programa deportivo, el equipo de sonido y el freno de mano automático. Erizado de palancas, permite controlar las principales funciones electrónicas del coche. Otros mandos "convencionales" nos dejan actuar sobre el volumen y la sintonización del equipo de sonido, la temperatura de cada zona del coche, los teléfonos (dos) y la baliza de emergencia, un dispositivo que, al accionarlo, nos comunica directamente con los servicios de emergencia de la zona. Llama la atención lo bien logrados que están los relojes e indicadores, que cambian de color según incida el sol sobre ellos. Así, nunca un deslumbramiento o un exceso de luz sobre las pantallas molestará la lectura de datos. En estos momentos, BMW termina de poner a punto un sofisticado control de voz que permitirá gestionar más de 250 funciones simplemente hablando. Otro detalles elegante es la cortinilla que, automáticamente, se abre para proteger del sol a los ocupantes de las plazas traseras... Entre el equipamiento extra que lleva el Serie 7 hay que hablar de elementos tan novedosos como el "push to talk", un botón que, insertado en el volante, activa inmediatamente el reconocimiento de voz,; el limpiaparabrisas reversible, que puede cambiar la dirección del barrido; el ISS, un dispositivo que, en caso de accidente, prioriza las tareas de rescate; los airbag de rodilla que se añaden a todos los demás; el Tele Service, que pronto realizará diagnósticos a distancia; bujías que aguantan 100.000 kilómetros; el sensor de aparcamiento con mapa en la pantalla y avisador acústico; los cristales antirotura, los asientos y el volante calefactables y el sistema Logic 7, que recibe señales de audio multicanal en estéreo, además de contenidos multimedia y multicanal.

Si has llegado a este desplegable es porque sabes manejar el ratón de un ordenador. Con esto queda claro que también sabrás manejar el I-Drive gracias al Controller, su mando giratoria que, a la manera de un "mouse" nos deja navegar por la infinidad de funciones que esconde el ordenador del coche. Así, con leves giros y pulsaciones del Controller, podemos entrar al navegador satélite y seleccionar rutas, mapas, etc. También podemos programar el equipo de sonido con seis discos en el cargador, los reglajes de la calefacción y el aire acondicionado, la dureza de la suspensión y la amortiguación, la presencia o no de los controles de estabilidad y tracción.... Otra serie de pantallas hacen un exhaustivo chequeo del coche y diagnostican averías. Pronto habrá, además, acceso a Internet y correo electrónico. Es, en definitiva, una completa estación de control. Como se puede entender, manejar este dispositivo lleva un buen rato de aprendizaje. Nuestro consejo es que no se trate de aprender en marcha, porque nos distraerá y podremos perder la trayectoria. Lo mejor es leer un poco el libro de instrucciones y, después, en parado, navegar. En seguida nos familiarizamos con su peculiar forma de navegar y lo utilizaremos con rápidos vistazos sobre la pantalla de alta definición. Su enorme capacidad de actuación rápida sobre los equipos del coche, su lograda ergonomía y su estilo de utilización nos hacen creer que empuñamos realmente los controles de una nave espacial.