Audi A2 1.4 TDI

Con sus formas distintas y originales y sus aires de “pero qué guapo soy", el A2 convierte a su dueño en centro de la atención popular allá por donde pasa. Para eso tiene 4 aros bien puestos en la parrilla, carrocería y chasis de aluminio y un precio exclusivo que lo coloca en lo que el Márketing llama “un nicho de mercado". La versión TDI añade a todo eso un consumo muy reducido y unas prestaciones nada desdeñables para sus 75 CV de potencia nominal.

¡Y que miren!
¡Y que miren!

En tráfico urbano, el A2 1.4 TDI se muestra ágil, responde bien a los cambios de trayectoria, a los movimientos rápidos y a las solicitudes repentinas que hacemos al acelerador. Eso sí, imposible olvidarse de que es un Diesel, porque el ruido del motor no deja lugar a dudas, lo que hay que interpretar claramente como un punto negativo: con todo el equipamiento de confort que tiene, ¿por qué no se han preocupado más de insonorizar el habitáculo? Aquí sí que el precio deja a Audi sin coartada. Al consultar con mis compañeros, me señalan su total acuerdo, aunque, a diferencia de lo que expresa alguno de ellos, a mí, ya en carretera, el ruido deja de molestarme, ya que, en el contexto de lo que podríamos llamar “ruido natural de marcha" ( motor más rozamiento aerodinámico más el de los neumáticos contra el asfalto) no resulta excesivo. Si descendemos a la “cualidad" de ese sonido, es preciso hacer notar su peculiaridad, debida a que se trata de un motor de 3 cilindros , el que ya VW estrenó en el Lupo 1.4 TDI. Por cierto, ya que estamos en ruta, hay que señalar la nobleza de todas las reacciones del A2, incluso cuando el conductor comete algún que otro error, como entrar algo “pasado" en una curva y/o levantar el pie del acelerador en medio del giro. Basta con dejarle hacer y él solito resuelve el problema; Audi ha acertado con la inclusión de un control de estabilidad en el equipamiento de serie. Cuando se requiere la presencia de potencia, el acelerador la sirve sin hacerse el remolón, aunque los ascensos largos precisan de control por parte del cambio. Una reducción a tiempo será imprescindible para mantener un buen crucero.

La estructura del A2 es toda de aluminio, y lo mismo ocurre con la mayor parte de su carrocería. Se trata de un material más ligero que el acero (sólo en la estructura, Audi, que ha sido pionero en este terreno, se ahorra un 40 por ciento del peso que tendría si el acero hubiera sido el elegido) y fácilmente reciclable, lo que aporta un contenido ecológico muy aprovechable en términos de imagen y argumentación de venta. La liviandad del aluminio conlleva múltiples ventajas, pero las más notables son dos: ahorro de consumo y emisiones y posibilidad de aumentar equipamiento sin penalizar el peso total (y, por tanto, las prestaciones). Las suspensiones, por otro lado, son duras en exceso hasta el punto de arrancar algún que otro quejido o protesta por parte de los ocupantes. ¿Tarado deportivo? Si se quiere llamar así… pero parece más bien un eufemismo. Un poco más de suavidad no les vendría nada mal, que tampoco hace falta sentir cada grieta del pavimento.

Las paradas de repostaje siempre serán una alegría, porque este modelo consume más bien poco, 5,4 litros de media según las mediciones de nuestro Centro Técnico, y tiene una autonomía de 630 km, toda una ventaja que puede llegar a equilibrar el ya citado hándicap del precio inicial.

¿Una conclusión? Una opción sensata de compra si el presupuesto no interviene en el juego, porque, por algo más de tres millones y medio de pesetas, se compra glamour, elitismo, diseño avanzado, alta tecnología y el prestigio de Audi. Tras la compra, el consumo es contenido y el A2 nos dará muchas satisfacciones por sus prestaciones y su equipamiento. Si en la decisión de compra el precio de partida es importante y la necesidad de marca y representación no lo es tanto…, ancho es el mercado.

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